El gobernante militar de Pakistán, Pervez Musharraf, cosechó en Japón recompensas diplomáticas y económicas por apoyar la guerra contra el terrorismo lanzada en Afganistán por Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.
La visita del presidente pakistaní, que comenzó el miércoles y terminó este viernes, permitió expresar «en forma masiva la gratitud japonesa hacia Islamabad y en especial hacia Musharraf», sostuvo el experto japonés en asuntos pakistaníes Hisaya Oda, del Instituto de Economías en Desarrollo de Tokio.
El visitante «desempeñó un papel crucial en la derrota del movimiento Talibán», que gobernaba la mayor parte del territorio afgano antes del comienzo de la ofensiva de Washington y sus aliados, afirmó.
En los últimos meses, el alineamiento de Musharraf con Estados Unidos y su ofensiva contra grupos religiosos extremistas de Pakistán le han ganado aplausos de Tokio, que adoptó la inusual medida de reestructurar la deuda pakistaní con Japón y levantó en octubre sanciones contra Islamabad impuestas en 1998.
Esas sanciones, adoptadas también contra India, se debieron a la realización en el mismo año de ensayos de armas nucleares por parte de ambos países, vecinos y rivales desde su creación hace medio siglo.
«Japón colaborará en forma estrecha con Pakistán en la asistencia a la reconstrucción de Afganistán», anunció el jueves el primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, en una conferencia de prensa conjunta con el visitante.
Otros altos funcionarios del gobernante Partido Liberal Democrático aseguraron a Musharraf que Tokio «no vacilará en cooperar» en todo lo que contribuya a la estabilidad y el desarrollo de Pakistán.
Koizumi y Musharraf se reunieron en privado en la tarde del jueves, para discutir la marcha de la campaña antiterrorista encabezada por Estados Unidos y los actuales esfuerzos para reconstruir Afganistán.
El visitante abogó por más inversiones japonesas en su país, y en especial en un proyectado gasoducto que tendrá su origen en Turkmenistán.
Musharraf, quien tomó el poder mediante un golpe de Estado en octubre de 1999, hizo escala en Beijing antes de iniciar su primera visita a Japón, que coincidió con el 50 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Tokio e Islamabad.
En 1996 había visitado el país la entonces primera ministra pakistaní Benazir Bhutto. El anterior primer ministro japonés, Yoshiro Mori, visitó Islamabad en agosto de 2000 y se reunió allí con Musharraf, en la primera cumbre bilateral desde las sanciones de 1998.
La generosidad japonesa en el caso pakistaní se debe más a motivos políticos que al interés humanitario en reducir la pobreza, señalaron activistas por el desarrollo que han presionado a Tokio durante años por el alivio de deudas de las cuales es acreedor.
«Fue uno de los habituales gestos de solidaridad de Japón con Estados Unidos. La reestructuración de la deuda de Pakistán debió vincularse con la implementación de proyectos específicos para el alivio de la pobreza en ese país», opinó Reiko Inoue, del no gubernamental Centro de Recursos de Asia-Pacífico.
«Las relaciones bilaterales no podrían ser mejores. La audaz decisión de Musharraf de alinearse con la campaña internacional atiterrorista lo ha hecho muy popular entre los gobernantes japoneses», comentó Oda.
Japón es el mayor donante mundial de asistencia al desarrollo, era el mayor donante a Pakistán antes de las sanciones de 1998, y aprobó a fines del año pasado préstamos a Islamabad por valor de 340 millones de dólares.
El miércoles, durante una reunión con el ministro de Economía, Comercio e Industria japonés, Takeo Hiranuma, el visitante pidió ayuda de Tokio para desarrollar industrias en Pakistán, en especial mediante la donación de computadoras y la formación de expertos en tecnología de la información.
La deuda externa pakistaní es en la actualidad 38.000 millones de dólares, e Islamabad procura reducirla en 2004 a 33.000 millones, entre otras cosas mediante asistencia de sus nuevos aliados en la campaña antiterrorista.
Musharraf anunció que sólo pagará 700 millones de dólares a los acreedores de su país en el actual año fiscal pakistaní, que terminará en junio, y la deuda de Islamabad con Tokio es 40 por ciento del total.
Durante su visita al país, pidió a Koizumi que Japón disminuya el interés que cobra sobre su parte de la deuda pakistaní de 12.500 millones de dólares con los gobiernos acreedores que integran el Club de París.
Japón es también el segundo socio comercial de Pakistán después de Estados Unidos, y el intercambio bilateral anual es unos 1.500 millones de dólares.
La inestabilidad creada en Asia Meridional por el crónico conflicto entre India y Pakistán preocupa a Tokio, en especial tras el atentado del 13 de diciembre contra el parlamento indio, que Nueva Delhi atribuyó a grupos con bases en territorio pakistaní.
Periodistas japoneses realizaron numerosas preguntas al visitante sobre la situación en el territorio de Cachemira, que Pakistán e India se disputan desde hace más de medio siglo, y sobre la violación de derechos humanos en la región, durante una conferencia de prensa realizada el miércoles.
Por otra parte, Tokio expresó su descontento ante el hecho de que Musharraf se rehúse a firmar el tratado internacional que prohíbe por completo los ensayos de armas nucleares.
Ese tratado es «polémico para el pueblo pakistaní, que no quiere reducir la capacidad de disuasión del país. Queremos discutir la cuestión con seriedad y lo haremos, pero necesitamos un poco más de tiempo», arguyó el visitante, quien insistió en que el programa nuclear de Pakistán sólo tiene objetivos de «autodefensa». (FIN/IPS/tra-eng/sk-js/js/mp/ip/02


