La multiplicación de presuntos frentes de batalla en la guerra contra el terrorismo del gobierno de Estados Unidos comienza a preocupar incluso a los periódicos especializados en economía.
El presidente George W. Bush «combate en la actualidad al terrorismo en Asia, Africa y Europa. Incluso la única superpotencia del planeta debe cuidarse de no ir demasiado lejos», advirtió la revista Business Week.
En ese artículo, titulado «¿Lucha Washington contra el terrorismo en demasiados frentes?», no se mencionaron los planes del gobierno para aumentar su involucramiento en el conflicto en Colombia.
Aún no es completa la victoria militar en Afganistán, donde comenzó la campaña antiterrorista lanzada por Bush tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, señaló el martes el diario Financial Times, en un editorial titulado «El claro y actual peligro».
Washington debería concentrar sus esfuerzos en territorio afgano, «en vez de dispersarlos en demasiados escenarios bélicos», añadió.
En los últimos días, mientras el vicepresidente Dick Cheney realizaba una gira por 11 países de Medio Oriente en busca de respaldo para una nueva campaña militar contra Iraq, Washington continuó su despliegue de tropas y asesores militares en otras partes del mundo, con propósitos declarados antiterroristas.
«He definido una clara política para la segunda fase de la guerra contra el terror. Estados Unidos espera que gobiernos en todas partes ayuden a remover a los parásitos terroristas que amenazan a sus países y a la paz del mundo», dijo Bush la semana pasada, seis meses después de los atentados de septiembre.
«Estados Unidos ayudará a esos gobiernos, si necesitan entrenamiento o recursos para afrontar la tarea», añadió.
Después del 11 de septiembre, Washington ha brindado o prometido nueva asistencia militar, mediante entrenamiento o equipo, a docenas de países, de los cuales sólo unos pocos pueden considerarse amenazados por fuerzas externas.
Los beneficiados por esa asistencia incluyen a Afganistán, al cual Estados Unidos ayuda a formar un ejército, Armenia, Azerbaiján, Colombia, Djibouti, Egipto, Etiopía, Filipinas Georgia, India, Indonesia, Jordania, Kazajstán, Kirguistán, Nepal, Omán, Pakistán, Tajikistán, Uzbekistán y Yemen.
La promesa de ayudar a «gobiernos en todas partes» a combatir el terrorismo hace recordar la advertencia realizada en los años 80 por el historiador Paul Kennedy, cuando señaló que la «sobreextensión imperial» había causado la decadencia y el ocaso de anteriores potencias mundiales.
El comandante estadounidense Tommy Franks afirmó que la Operación Anaconda en la región sudoriental de Afganistán, iniciada el 2 de este mes contra miembros de las organizaciones Al Qaeda y Talibán, presuntamente atrapados en áreas montañosas, fue un «total y absoluto éxito» tras dos semanas de combate.
Al Qaeda es dirigida por el saudita Osama bin Laden, a quien Washington considera responsable de los atentados del 11 de septiembre, y el Talibán, atacado por Estados Unidos cuando se negó a entregar a Bin Laden, controlaba la mayor parte del territorio afgano hasta fines de 2001.
Sin embargo, poco después se produjo el urgente envío a territorio afgano de unos 1.700 soldados británicos, con la intención declarada de eliminar a terroristas que sobrevivieron a los ataques estadounidenses, y eso aumentó las dudas sobre el proclamado carácter decisivo de la Operación Anaconda.
Por otra parte, comandantes afganos insistieron en que la mayoría de los integrantes de Al Qaeda lograron escapar, y eso permite suponer que volverán a luchar.
Miembros de las estadounindeses Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por sus siglas en inglés) fueron enviados a la isla Basilan, en el sur de Filipinas, para asesorar al ejército de ese país en la lucha contra el grupo guerrillero Abu Sayyaf, pero participaron en combates según informes de prensa.
Eso destacó ante la opinión pública estadounidense que hay riesgos incluso al involucrarse en el conflicto entre Manila y Abu Sayyaf, una organización que no tiene más de 100 integrantes según la mayoría de los observadores.
Mientras tanto, conversaciones de paz entre Manila y el insurgente Frente Moro Islámico de Liberación, que tiene unos 15.000 combatientes y opera en la misma región que Abu Sayyaf, fueron suspendidas por el gobierno, que acusó al Frente de ser un grupo terrorista vinculado en forma estrecha con Al Qaeda.
Unos 200 miembros de las SOF fueron enviados a Georgia para entrenar a cuatro batallones antiterroristas que Tbilisi planea enviar a la región de Pankisi, presunto refugio de integrantes de Al Qaeda y el Talibán que habrían huido de Afganistán, y de insurgentes de la cercana provincia rusa de Chechenia.
Analistas estadounidenses piensan que esos asesores pueden terminar involucrados en el conflicto checheno, en los combates de fuerzas de Tbilisi contra dos grandes grupos insurgentes georgianos, o en enfrentamientos en el vecino Azerbaiján, al cual Washington también prometió asistencia antiterrorista.
En la actualidad, Azerbaiján mantiene un conflicto con Armenia y crecen sus tensiones con Irán, relacionadas con la disputa por yacimientos petroleros en el Mar Caspio.
Washington brinda entrenamiento y equipo militares a Kirguistán, y construye en ese país una gran base militar para la Fuerza Aérea estadounidense, contra la cual se han producido violentas protestas.
En Yemen, donde la Casa Blanca planea enviar un centenar de asesores militares para ayudar al ejército a controlar áreas dominadas por tribus con fuerte armamento, un avión de la Fuerza Aérea estadounidense que transportaba a Cheney debió realizar maniobras evasivas antes de aterrizar.
«Enviar soldados estadounidenses a un lugar como Yemen, donde la gran mayoría de la población parece oponerse a su presencia, es un ejemplo del exceso de despliegue que Bush criticó durante su campaña electoral», escribió en el diario The New York Times el columnista Nicholas Kristof.
El domingo, un ataque contra una iglesia protestante en el barrio de Islamabad en el cual se concentran las embajadas causó la muerte de la esposa y la hija de un diplomático estadounidense.
Ese incidente planteó nuevas y perturbadoras preguntas sobre el control que ejerce sobre Pakistán su gobernante militar, Pervez Musharraf, quizás el principal gobernante aliado de Washington en la campaña antiterrorista, y sobre cuál será el próximo escenario de esa campaña.
Analistas de Estados Unidos y Pakistán coincidieron en que ese atentado se dirigió a la vez contra Washington y Musharraf, poco después del asesinato en Pakistán del periodista estadounidense Daniel Pearl, atribuido a miembros de Al Qaeda.
Pakistaníes que se habían trasladado a Afganistán para apoyar a Al Qaeda contra el ataque estadounidense han vuelto a su país y se reagrupan en la actualidad, añadieron. (FIN/IPS/tra- eng/jl/aa/mp/ip/02


