El primer ministro de Egipto, Atef Ebeid, afronta crecientes presiones por la grave crisis económica del país y muchos lo consideran responsable por negligencia del incendio de un tren que causó la muerte de 373 personas hace un mes.
El tren, del servicio de tercera clase, se dirigía desde El Cairo a la meridional ciudad de Aswan, y recorrió varios kilómetros después de que comenzó el fuego, por lo cual el viento avivó las llamas. La mayoría de las víctimas murieron quemadas, y otras tras saltar por las ventanas para huir.
El ministro de Transporte y Aviación Civil, Ibrahim el-Demiri, y el presidente de la Autoridad de Trenes, Ahmed el-Sherif, renunciaron después de esa tragedia, y muchos egipcios opinan ahora que el primer ministro debe hacer lo mismo.
Ebeid debe renunciar, porque «seguramente tiene gran parte de la culpa por negligencia» en la administración del sistema nacional de trenes, dijo el parlamentario Fayeka el-Rifai a una comisión investigadora del accidente, cuyas conclusiones eximieron de culpa al gobierno.
Otros legisladores independientes y opositores pidieron la renuncia de todo el gabinete de Ebeid.
Pero Mohammed Aboul-Enein, parlamentario del gobernante Partido Democrático Nacional, acusó a la oposición de usar la tragedia nacional para sus propios fines.
Recesión desde hace tres años, crónica escasez de dinero circulante y frecuentes informes de corrupción dan numerosos argumentos a los críticos del gobierno, pero muchas personas piensan que el desastre del tren ha sido la consecuencia más clara y contundente de la mala administración.
«El gobierno no se preocupa por nosotros. Lo único que le importa es llenar sus propios bolsillos. No le interesa que mueran inocentes en el proceso», dijo a IPS el técnico en electrónica Mohammed Abdel Aziz.
El resultado de años de mala gestión de la red ferroviaria se nota en especial en los trenes de tercera clase, utilizados por 80 por ciento de los pasajeros del país.
Los vagones de esos trenes tienen vidrios rotos, y suelen carecer de luz eléctrica, frenos de emergencia, extinguidores de incendios y botiquines de primeros auxilios. Están diseñados para transportar a 100 personas, pero más de 300 viajaban en cada uno de los del tren incendiado.
El hacinamiento es rutinario en los servicios ferroviarios, en especial cuando la mayor parte de la gente va a trabajar o regresa a sus hogares del trabajo, y en días feriados. Las autoridades sostienen que no pueden hacer nada para evitarlo.
«Ninguna ley permite impedir a personas que aborden un tren. Todas tienen derecho de hacerlo», dijo un funcionario ferroviario al diario oficialista Al-Akhbar.
Horas después del accidente, el primer ministro negó que el desastre se hubiera debido a ausencia de medidas de seguridad. «Todos los vehículos fueron examinados por las autoridades ferroviarias antes de la partida», afirmó.
Muchos pasajeros llevan consigo botellas de gas, que emplean para cocinar y preparar té durante el largo viaje, en violación de normas de seguridad. Ebeid sugirió que el fuego comenzó con la explosión de una de esas botellas.
El primer ministro fue «irresponsable al alegar que el tren estaba en buen estado y que el fuego fue causado por una botella de butano», dijo el parlamentario independiente Mohammed Ouda, quien no ofreció una explicación alternativa.
La prensa local divulgó rumores de que el gobierno encubre el origen del desastre en un cortocircuito.
La comisión investigadora, integrada por 70 investigadores y jueces de primera instancia, compartió la versión de Ebeid y acusó a la «mafia» de vendedores de alimentos en los trenes que utilizan cocinillas portátiles de gas butano.
Pero gran parte del público piensa que las verdaderas amenazas para los pasajeros son la mala administración y la falta de controles técnicos.
Esa opinión se fortaleció el 8 de este mes, cuando un tren con rumbo a El Cairo descarriló y murieron 13 pasajeros.
Según las autoridades, fue un accidente debido a que el conductor iba a velocidad excesiva, pero algunos medios de prensa señalaron que el tren no estaba equipado con sistemas de seguridad básica que podrían haber impedido el hecho.
El primer ministro prometió destinar 5,5 millones de dólares para mejorar el transporte y los sistemas de seguridad ferroviarios.
El nuevo presidente de la Autoridad Ferroviaria, Eid Abdel Qader, se propone emplear ese dinero para dotar a todos los trenes con equipos de seguridad antes de fin de año.
Hace dos años, el gobierno anunció un programa similar para todos los trenes del país, pero Ebeid admitió ante el parlamento que sólo 10 por ciento del proyecto se llevó a cabo, debido a restricciones presupuestarias y al peso de la deuda externa, de unos 3.800 millones de dólares. (FIN/IPS/tra-en/cm/sm/lp-mp/tr ip/02


