Combatir la pobreza exige afrontar su dimensión de género, según mujeres participantes en la Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo, descontentas con el enfoque de la cuestión en ese encuentro.
«No se puede hablar de reducir la pobreza mundial a la mitad sin considerar la feminización de la pobreza», alegó la directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, Noeleen Heyzer, durante la reunión que se realiza desde el lunes en la nororiental ciudad mexicana de Monterrey.
Delegadas de gobiernos, agencias multilaterales y grupos de la sociedad civil plantearon la misma tesis y protestaron contra el enfoque del desarrollo que determina la agenda de la conferencia, por considerarlo insensible a las diferencias basadas en el género.
El miércoles, mujeres participantes se reunieron para identificar las deficiencias en relación con cuestiones de género del Consenso de Monterrey, la declaración final que ya se acordó aprobar este viernes, último día de la conferencia.
Heyzer criticó en esa reunión el uso de estadísticas sobre pobreza que no reflejan procesos dinámicos. «Los números no son estáticos. Hay nuevos pobres al igual que nuevos ricos», apuntó, en referencia a la creciente brecha de ingresos asociada con la globalización de la economía desde los años 90.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), convocante de la conferencia, trabaja con datos sobre la pobreza de 1.200 millones de personas que viven con ingresos diarios de menos de un dólar.
Otras participantes en la reunión del miércoles opinaron que la agenda del encuentro no aborda causas estructurales de la pobreza en los países, entre ellas el impacto de la apertura comercial, del endeudamiento externo y de reformas económicas implementadas para atraer inversiones extranjeras.
Una de esas reformas es la creación de zonas francas industriales, donde el atractivo para los inversores no reside sólo en exenciones de impuestos, sino también la mano de obra barata, la tolerancia oficial a pésimas condiciones de trabajo y la frecuente prohibición de actividades sindicales, afirmaron.
«Nuevos modelos de acumulación han conducido a nuevas formas de marginación», opinó María Floro, de UNIFEM.
Cualquier esfuerzo por hallar nuevas formas de financiación del desarrollo debe incluir la protección de industrias locales y la preparación de las mujeres para aprovechar nuevas oportunidades, señaló Heyzer.
La conferencia debió incluir en su agenda barreras institucionales y legales al avance de la mujer, como la negativa de ciertos bancos a prestar dinero a mujeres, o las normas de países que no permiten a las mujeres poseer tierras, destacó.
También demandó establecer códigos de conducta para las corporaciones transnacionales en materia ambiental y de derechos laborales, incluyendo normas que no permitan sobreexplotar a mujeres.
«No podemos permitir que la financiación del desarrollo se mantenga un territorio sagrado de los muchachos», dijo la guyanesa Jocelyn Dow, presidenta de la no gubernamental Organización de Mujeres por el Ambiente y el Desarrollo (WEDO, por sus siglas en inglés).
Dow instó a las mujeres a ocupar espacios en el gobierno y el sector privado, donde sus voces e intereses están a menudo ausentes.
No hay nada demasiado difícil para las mujeres en la financiación, ya que cualquier mujer actúa «como un Banco Central» cuando tiene niños a su cargo y debe decidir a cuál es prioritario beneficiar con la compra de vestimenta, arguyó.
Las participantes en la conferencia «deben preguntarse si su presencia en ella ha legitimado un sistema a cuya esencia se oponen», dijo en alusión al libre mercado, por el cual aboga el Consenso de Monterrey.
El director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Mark Malloch-Brown, pidió a las mujeres que no se desanimen y destacó los avances en la financiación del desarrollo asociados con la conferencia.
«Se ha producido un extraordinario cambio de la situación, en términos económicos y políticos», debido a compromisos asumidos por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, que aumentarán de 20 a 25 por ciento la asistencia al desarrollo brindada por los países más ricos, enfatizó.
En la actualidad, la asistencia de las naciones industrializadas al mundo al desarrollo es unos 53.000 millones de dólares anuales, la mitad de lo necesario para alcanzar las metas de desarrollo de la ONU, según conservadores cálculos del Banco Mundial.
La UE prometió que la asistencia anual de sus 15 Estados miembros será en promedio 0,39 por ciento de cada producto interno bruto, y Estados Unidos anunció que su aporte habrá aumentado 5.000 millones de dólares en 2006, indicó Malloch-Brown. (FIN/IPS/tra-eng/fh/mn/mp/dv hd/02


