CHINA: Primer ministro a la defensiva

El primer ministro de China Zhu Rongji intentó defenderse este viernes de quienes lo responsabilizan del marcado aumento del déficit presupuestario y de ignorar la suerte de 900 millones de empobrecidos campesinos.

Al ingresar en el último año de su mandato, Zhu, de 73 años, mantuvo un encuentro con los periodistas muy distinto a la memorable conferencia de prensa que ofreció en 1998, cuando expuso su ambiciosa reforma administrativa y atacó duramente la burocracia y corrupción del Estado.

Aunque el gobernante permanecerá en su cargo hasta marzo de 2003, cuando vuelva a reunirse la Asamblea Nacional Popular —el máximo órgano legislativo que concluyó este viernes 11 días de sesiones anuales—, el nombre de su sucesor se decidirá en seis meses, cuando se celebre el 16 Congreso del gobernante Partido Comunista.

Aunque la Asamblea aprobó el informe de Zhu sobre la labor del gobierno, las críticas son inocultables, sobre todo porque se inicia una cuenta regresiva de seis meses, en los cuales emergerá la nueva generación que reemplazará a la «vieja guardia» en el partido y el gobierno.

En los cuatro años de gestión de Zhu el país superó la tormenta de la crisis financiera asiática de 1997, e ingresó como miembro pleno a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero junto a esos logros está el fracaso de Zhu en instaurar el libre mercado en la agricultura y superar las penurias de la población campesina, que con 900 millones de personas es el sector social más numeroso de este país de 1.300 millones de habitantes.

En 1998, Zhu efectuó elocuentes promesas de combatir la enorme burocracia, abatir la corrupción y liberalizar las industrias estatales y el control monopólico del mercado de cereales.

«Aunque ante mí se presente un abismo o un campo minado, persistiré con coraje, sin dudas ni claudicaciones», había dicho entonces el primer ministro. Semejante desafío al sistema por parte de una sola persona parecía inconcebible en un país que arrastra una cultura burocrática de 4.000 años.

Pero cuatro años después, si no derrotado, Zhu se mostró claramente consciente de sus limitaciones.

El gobernante se salteó el tradicional discurso ante los medios de prensa y se ahorró el léxico agresivo de sus anteriores presentaciones ante los periodistas, contestando preguntas durante una hora.

Zhu evlauó los alcances de su gobierno en tono imperturbable y amargo, sólo interrumpido por un par de chispazos de su conocido sentido del humor.

«He recibido el honorable título de 'primer ministro del déficit' de China por ciertos medios de prensa de Hong Kong. Pero permítanme decir que si no hubiera adoptado una política fiscal de promoción en medio de la crisis financiera asiática, la economía china habría colapsado», sostuvo.

En los últimos cuatro años, el déficit presupuestal alcanzó un pico histórico de 37.000 millones de dólares, a raíz de la financiación estatal de proyectos de infraestructura y desarrollo en las empobrecidas provincias occidentales.

Durante la sesión anual del parlamento, varios legisladores expresaron su rechazo a que continúe la expansión del gasto público, y alegaron que la intervención del Estado no ha logrado frenar la tendencia al enlentecimiento de la actividad económica.

El producto interno bruto (PIB) del país creció 7,3 por ciento en 2001, tras aumentar ocho por ciento en 2000.

«Un enorme déficit presupuestario y una pesada deuda externa causarán una crisis financiera con incontenible inflación, como la que sufrió Rusia en los años 90», escribió en el periódico China Economic Times Yu Zuyao, integrante de la Comisión de Finanzas del parlamento.

«La actual política monetaria ataca los síntomas pero no la enfermedad, y equivale a mantener moribundo a un paciente», afirmó.

Sin embargo, Zhu aseguró que el PIB registrará un incremento de 7,5 por ciento en el primer trimestre de este año.

La amortiguación en el país del impacto de la crisis financiera asiática de los años 90 mostró que «la intensidad de la política fiscal del gobierno fue adecuada», alegó.

«Lo siento, pero tendré que devolver ese honorable título de primer ministro del déficit», comentó con ironía.

Sin embargo, Zhu expresó pesar al admitir que el gobierno no ha logrado mejorar la situación de los campesinos, que es uno de los peores problemas sociales del país.

«Lo que me causa más dolores de cabeza es cómo aumentar los ingresos de los campesinos», afirmó.

El primer ministro había destacado la gravedad de la crisis rural en el informe leído al comienzo de la sesión parlamentaria, en el cual señaló que el promedio del ingreso de los campesinos ha disminuido cada año desde 1997.

En la actualidad, la desigualdad de ingresos en China entre la población rural y la urbana es la más alta del mundo.

En promedio, el ingreso de los residentes en ciudades es casi el triple que el de quienes habitan en áreas rurales, y la relación promedio en el mundo es 1,6 a uno.

Zhu prometió ampliar el alcance de un programa experimental para reducir costos económicos de la producción granjera, y aumentar el aporte estatal a programas para aliviar la pobreza y crear infraestructura en pequeña escala en regiones rurales, que buscan aumentar la competitividad de la agricultura del país.

El compromiso de fortalecer iniciativas en curso no se acompañó de anuncios de nuevas políticas contra la pobreza rural, y el primer ministro no dijo cuándo espera que los ingresos de los campesinos aumenten.

Zhu citó, en cambio, una popular máxima del ex líder comunista Deng Xiaoping, quien puso en marcha las reformas económicas en curso en el país: «la desigualdad de la riqueza es inevitable». (FIN/IPS/tra-eng/ab/js/dc-mp/ip if/02

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe

Lo más leído

[wpp heading='Popular Posts' limit=6 range='last24hours' post_type='post' stats_views=0 ]