Altos oficiales de la marina de guerra de Australia respaldaron la acusación al gobierno de fraguar una historia para desacreditar a solicitantes de asilo y lograr beneficios electorales.
El 7 de octubre, el entonces ministro de Inmigración, Phillip Ruddock, afirmó que iraquíes llegados a las costas de Australia habían arrojado a niños por la borda de un bote de pesca indonesio, para obligar al cercano buque de guerra «Adelaide» a rescatarlos.
Esas declaraciones fueron realizadas dos días después de que el primer ministro John Howard convocara a elecciones parlamentarias para el 6 de noviembre, y luego respaldadas con fotografías del incidente.
El resultado fue una ola de indignación popular contra los peticionantes de asilo que benefició a Howard en la campaña electoral, concentrada en gran medida en la severa política gubernamental contra el ingreso masivo de inmigrantes y refugiados.
El comandante naval Norman Banks, capitán del «Adelaide», dijo el lunes a una comisión investigadora del Senado que las autoridades mantuvieron su versión muchos días después de que la marina de guerra informara al Ministerio de Defensa y a las oficinas del propio Howard que era una información falsa.
El oficial señaló que se sintió muy decepcionado después del 11 de octubre, cuando ya estaba por claro que no existía evidencia para respaldar las afirmaciones de las autoridades, pero ningún integrante del gabinete de Howard rectificó las falsedades difundidas.
«Sentí que todo había sido un truco publicitario con fines políticos», afirmó.
Ruddock había asegurado en conferencia de prensa que «varios niños fueron tirados por la borda», y Howard fue más allá en un programa de televisión, al expresar «ira contra el comportamiento de esa gente» y alegar que no entendedía «cómo auténticos buscadores de asilo podrían tirar al mar a sus hijos». «No quiero gente así en Australia», dijo.
Tres días después de la conferencia de prensa de Ruddock, el entonces ministro de Defensa, Peter Reith, respondió a pedidos periodísticos de evidencia con la divulgación de fotografías en las cuales se veía a niños en el mar con chalecos salvavidas de la marina de guerra, auxiliados por integrantes de esa fuerza.
Medios de comunicación anunciaron la publicación de las fotografías con grandes titulares, en los cuales afirmaron que eran pruebas de la versión gubernamental.
«El hecho es que los niños fueron arrojados al mar. Recibimos el informe correspondiente pocas horas después del incidente, y hemos mostrado las fotografías», había enfatizado Reith en declaraciones por radio.
Después de los comicios, se supo que esas fotografías correspondían a un rescate realizado un día después del presunto incidente denunciado por el gobierno, y fuentes militares aseguraron que Reith fue informado sobre la procedencia de lo que presentó como pruebas, antes y después de divulgarlas.
El 8 de noviembre, dos días después de las elecciones, Reith dio a conocer un vídeo registrado por la marina de guerra, en el cual aparecía un hombre junto a la borda de una embarcación, con un niño en sus manos, y alegó que eso probaba sus dichos anteriores.
El brigadier de marina Michael Silverstone indicó luego, en un informe interno gubernamental, que había dicho a Reith el 31 de octubre que ese vídeo no probaba que algún niño hubiera sido tirado por la borda, y que el entonces ministro le respondió que en ese caso no le interesaba verlo.
Los iraquíes arrestados el 7 de octubre enviados a una isla de Papúa-Nueva Guinea, donde no se permitió a periodistas entrevistarlos.
El episodio causó profundo resentimiento contra el gobierno entre militares, escribió el brigadier Adrian D'Hage, retirado tras 37 años de servicio, en el diario Sydney Morning Herald.
«Hay (entre los militares) quienes se encogen de hombros y dicen que 'así es la política'. Muchos más sienten frustración e ira, y es inquietante que algunos considerem ahora a los gobernantes de este país con algo que se parece al desdén», alegó.
La directora ejecutiva del Consejo de Refugiados de Australia, Margaret Piper, señaló que le preocupa el modo en que las autoridades desinforman sobre los buscadores de asilo.
«Parecen regocijarse cuando tergiversan hechos para convencer al público de que (los buscadores de asilo) no merecen apoyo alguno, y justificar así su campaña contra ellos», comentó.
El Consejo piensa que el presunto incidente de octubre hizo aumentar la hostilidad y el hostigamiento contra refugiados, y aun contra inmigrantes que son ciudadanos del país.
«Integrantes de nuestra comunidad ya no se sienten seguros en el país. Eso tiene mucho que ver con la forma en que el gobierno ha manipulado imágenes, al parecer sin darse cuenta de que eso lleva a muchas personas al rechazo de todos los que son diferentes a ellas», señaló Piper.
«El viernes por la noche viajé en un taxi conducido por un palestino, con quien me puse a conversar, y él me dijo: 'Usted es la primera persona que me trata con respeto en muchos meses», añadió. (FIN/IPS/tra-eng/bb/js/mp/pr ip/02


