La escritora Nadine Sarreal se convirtió con su obra en la voz de millones de filipinos que se ven obligados a trabajar en el extranjero en condiciones miserables.
Unos cinco millones de filipinos sobreviven en el exterior como pescadores, empleados de fábricas o domésticoa, o como enfermeros. El país natal de Sarreal es uno de los principales exportadores de mano de obra del mundo.
Se calcula que 150.000 filipinos se desempeñan como empleados domésticos en Hong Kong, 70.000 en Singapur y 30.000 en Malasia.
Este es el tema central de la obra de Sarreal, radicada en Singapur, que con estilo, talento e intensidad, revela la cruda realidad de los emigrantes filipinos en una serie de cuentos conmovedoros, incluidos en su mayoría en el libro «Exactamente aquí, exactamente ahora».
«Oh, tengo que trabajar. Tengo que resistir. Puedo llorar luego, quizás de noche. Pero mientras haya luz, debo seguir trabajando», dice una empleada doméstica filipina en Hong Kong, golpeada y violada por su jefe, en uno de los cuentos de Sarreal.
«Hay una mirada minuciosa en la ficción de Nadine Sarreal que nace de una fina sensibilidad, que la lleva a entender plenamente a los personajes», destacó Noelle de Jesús, un escritor filipino también radicado en Singapur.
Cuando Sarreal escribe sobre los filipinos y sus dolorosas experiencia muestra compasión, pero más aun, «lo hace con tal realismo que le da a sus historias un carácter tan patético que conmueve más que cualquier sensacionalismo», añadió De Jesús.
Sarreal, de 46 años, vivió y trabajó en varios países, y esa experiencia le ha servido para desarrollar su literatura.
De hecho, una de las historias más conmovedoras de Sarral, «Caso 2183.93, Angela Cabading, 26 años», fue inspirada en su trabajo de voluntaria para la Misión por los Trabajadores Inmigrantes Filipinos en Hong Kong, donde recoplió varios casos de abusos.
Esta historia particular cuenta la violación de una empleada doméstica en China, y su eficacia se debe a que en gran parte está narrada desde el punto de vista de la víctima. De esta forma, Sarreal deja que sus personajes tengan su propia voz.
«Trago maldiciones en el desayuno, respiro humillación todo el día. Antes del anochecer debo limpiar el piso y las ventanas, lustrar los muebles, bañar al perro, tender la ropa, bajar y subir las escaleras 12 veces…», escribe Sarreal.
Así comienza esta narración, que combina elementos de poesía con periodismo para dar su mensaje. Gran parte del cuento está conformada por las cartas a un imaginario editor enviadas por varios ciudadanos de Hong Kong ofendidos por el gran número de trabajadores filipinos radicados en esa ex colonia británica.
«El hecho de haber vivido en varios lugares me hace sentir más cerca de los filipinos en el extranjero que de quienes permanecieron en Filipinas. Cuando aquellos sangran, yo sangro también», explicó Sarreal.
La escritora, de voz pausada y suave, revela un gran caudal intelectual legado de sus padres, un profesor de biología y una profesora de inglés, ambos egresados de una universidad estadounidense.
De regreso en Filipinas, sus padres dieron clases en la Escuela Estadounidense de la septentrional ciudad de Baguío, y Sarreal vivió allí hasta terminar la escuela. La familia volvió a Estados Unidos por cuatro años más, mientras el padre de Sarreal preparaba su doctorado.
Al retornar nuevamente a Filipinas, Sarreal terminó la enseñanza secundaria y recibió una beca de la universidad estatal, donde se especializó en estadística.
«Mis padres nos estimularon, a mí y a mis hermanas, para que evitáramos la docencia, porque querían que viviéramos sin depender de otras personas», dijo Sarreal.
Finalmente, decidió dedicarse a la literatura, tras completar una maestría en escritura en el Colegio Vermont, de Estados Unidos.
Además de cuentos, Sarreal también ha escrito ensayos y poesía. En Singapur ganó un concurso de poesía con su obra «Trabajando en una tierra extraña» y algunos de sus poemas fueron incluidos en el libro titulado «El amor lo une todo», de varios autores.
Además, es la editora asociada de la revista literaria en Internet «Nuestra propia voz», que publica «literatura filipina de la diáspora». Este sitio disponía especialmente de obras de filipinos radicados en Estados Unidos, pero ahora ya recibe contribuciones de otros países y regiones, como Polonia y Medio Oriente.
Pero el sueño de Sarreal es terminar la novela en la que trabaja hace varios años. Se trata de la historia de una joven filipina residente en una pequeña localidad estadounidense y cuyo padre desaparece de pronto sin dejar rastros. Ella y su madre, en vez de resignarse, inician una desesperada búsqueda.
Sarreal dijo que se le ocurrió la historia hace muchos años, cuando solía anotar ideas mientras lavaba la ropa en su sótano.
Para ella, escribir una novela es una tarea mucho más difícil que la poesía y los cuentos, y parte de esa dificultad se debe a que se halla lejos de su tierra natal.
«A veces tengo una verdadera lucha para encontrar mi propia voz. En otras, me siento liberada. Pero ir de aquí para allá y estar en lugares diferentes me ayuda a concentrame en mis recuerdos más profundos. También me ayuda a saber que no estoy sola. Hay muchos filipinos en igual situación», observó. (FIN/IPS/tre-eng/lb/am/js/rp-ff/cr/02


