ARGENTINA: Mujeres se arman de escobas, plumeros y cacerolas

Un nuevo protagonismo tienen en Argentina numerosas mujeres que, a golpes de cacerola y ahora también con plumeros y escobas para barrer la corrupción, proclaman en las calles su voluntad de resistir la crisis y poner freno a medidas gubernamentales que las empobrecen.

La protesta callejera que siguió al colapso social y económico de Argentina ha otorgado a muchas mujeres visibilidad pública y mayor conciencia sobre sus derechos, mientras aumenta su capacidad de organizarse para la construcción de un proyecto colectivo.

Gladys Quinteros es maestra, tiene 38 años y tres hijos. En diciembre, cuando el colapso económico y los disturbios y saqueos causaron la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, comenzó a concurrir a la plaza de su barrio, en la localidad bonaerense de Merlo, para participar de protestas populares.

En principio lo hacía sola, «con la tapa de una cacerola, una cuchara y una bandera», dijo a IPS.

Poco después, Quinteros convocó a otras personas, que la seguían a prudente distancia y rodeaban la plaza con ella. A las tres semanas ya eran 300, entre mujeres y hombres, y un grupo de desconocidos los atacó sorpresivamente con piedras y palos. En repudio a ese intento de intimidación, a la semana siguiente se reunieron 1.000 personas.

«Vinieron de las asambleas de los barrios de Buenos Aires, de las organizaciones de derechos humanos, del barrio de Merlo, que lucha contra el agua contaminada, los trabajadores del tren que van a cerrar, y entonces hicimos un acto que yo coordiné», informó Quinteros. Pero hubo un nuevo episodio de intimidación.

Dos días después de la concentración de repudio de la represión, que ella presidió desde el escenario, una habitación de su vivienda frente a la calle tomó fuego sin motivo aparente y todo se quemó en su interior. Quinteros no sabe quién lo hizo, pero sospecha que la municipalidad de Merlo está molesta con su liderazgo en el barrio.

«El gobierno no es nuestro enemigo, nosotros queremos más comedores, porque los chicos se desmayan de hambre en la escuela y los padres lloran porque no tienen trabajo», explicó Quinteros, que nunca tuvo militancia política. «El hambre no la veo por la tele, la veo en directo», aclaró.

Como otros maestros, Gladys participó en el censo de población de octubre. «En una manzana encontré sólo a dos personas empleadas. El resto eran subempleados, gente que sobrevive vendiendo latas. Muchos hombres deprimidos, en la cama, sin trabajo», aseguró.

«Esto lo ponés en escala y salta a la vista que los políticos están perdiendo sensibilidad. Yo no entiendo por qué el intendente (jefe municipal) se molesta con nosotros, quizás porque no le gusta que le mostremos la verdad de lo que pasa y le exijamos soluciones concretas para los problemas», reflexionó.

La actitud de Quinteros -que si bien siempre le gustaron «las ciencias sociales» nunca había tenido participación pública- no es una excepción en estos meses de crisis en los que surgieron nuevas formas de protesta callejera y de organización como los «caceroleos», las protestas espontáneos contra políticos y las asambleas populares.

Las manifestaciones se realizan como reacción ante una depresión económica que ya lleva casi cuatro años, con su secuela de alto desempleo -23 por ciento de la población económicamente activa-, creciente pobreza -afecta ya a mas de 40 por ciento de los argentinos-, y también contra la corrupción política y sindical.

Las mujeres son mayoría en asambleas de barrio, donde aportan propuestas concretas para superar deficiencias de hospitales y escuelas, temas de la agenda pública que tienen impacto directo en las familias. Pero también se las encuentra masivamente en las protestas frente a bancos o en los cortes de rutas de los desempleados.

Muchas de ellas se presentan con sus hijos en los llamados «piquetes» en las rutas, y se instalan en tiendas de campaña. Reclaman como jefas de hogar o madres solas, y también como compañeras de sus maridos. Ana Elizalde es una de ellas, participa del Movimiento de Trabajadores Desocupados aún cuando ya tiene empleo.

«Antes me deprimía cuando estaba sin trabajo, pero ahora no, si lo tengo, mejor, y si no, peleo con mis compañeras del movimiento y entonces mis hijos ven a una mamá de pie, feliz, aunque el día sea largo y difícil», declaró Elizalde.

Las protestas están mostrando, más que nunca, de qué manera la crisis económica impacta en el ámbito doméstico, y cómo lo doméstico, llevado a las calles, puede tener un impacto político, observó a IPS la filósofa Diana Maffía, Defensora adjunta del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires.

«Las mujeres están tomando conciencia de que el ámbito que las coerciona está mas allá de la puerta de su casa y que es necesario salir. Por eso se ve que vuelve a tener actualidad una consigna feminista de los años 70, que decía 'lo personal es político», dijo Maffía.

Para la experta, la diferencia entre lo público y lo privado que acompañó la consolidación del neoliberalismo en Argentina se apoya en la necesidad de que las mujeres estén sometidas, dentro de su casa, cuidando a sus hijos y limpiando la casa gratis. Ahoras, ese esquema estaría siendo denunciado también en las protestas.

Las mujeres reclaman con unos códigos que descolocan a los políticos tradicionales y también a la policía, señaló Maffía. Caminan en torno de monumentos, organizan marchas de silencio, golpean cacerolas, y ahora también convocan a un «escobazo» este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

El Sindicato de Amas de Casa, que opera en coordinación con la Campaña Internacional por un Salario para el Trabajo de Cuidar, organizó en Buenos Aires una marcha a Plaza de Mayo, el paseo ubicado frente a la sede del gobierno nacional, para «barrer» la corrupción y la miseria.

Las mujeres que quieran participar podrán llevar escobas, plumeros, y pancartas para identificar las cosas que desean «barrer». «Como en estos últimos dos meses, seguimos construyendo en la calle, en asambleas vecinales, y en cada uno de los espacios adonde estemos, para tener más poder y vencer la miseria», dijern las organizadoras de la marcha.

Maffía consideró «valiosísimo» que lo doméstico adquiera un aspecto político tan revulsivo, como ocurrió con el movimiento de Madres y de Abuelas de Plaza de Mayo, las asociaciones de mujeres que surgieron para luchar contra la dictadura militar (1976-1983) y en reclamo por los desaparecidos y otras víctimas.

«La política no es algo ajeno a nosotras las mujeres, la cacerola pone de manifiesto que la política es lo que hacemos», subrayó. Además, la participación contribuye a la construcción de una ciudadanía plena, en la medida en que las mujeres comienzan a tener conciencia de sus derechos y su protagonismo, agregó.

Como dice Quinteros, «no tengo por qué callarme, porque ni yo ni mi familia merecemos lo que está pasando en Argentina». (FIN/IPS/mv/ff/dv ip/02

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