El 40 aniversario de la independencia de Argelia dio lugar esta semana en Francia a manifestaciones de protesta y testimonios de las atrocidades perpetradas por uno y otro bando en la guerra de liberación, aunque el gobierno negó una disculpa pública a la antigua colonia.
Las fuerzas francesas recurrieron sistemáticamente a la tortura, las violaciones y las ejecuciones sumarias, incluso de niños, como método de represión de los partidarios de la independencia argelina, alcanzada oficialmente el 19 de marzo de 1962.
Por otra parte, entre 50.000 y 150.000 «harkies», combatientes argelinos en las fuerzas francesas, fueron ejecutados por el ejército de liberación después del Acuerdo de Evian, en el que ambas partes se comprometieron al cese al fuego y los franceses aceptaron la independencia de Argelia.
Cincuenta y seis por ciento de las personas encuestadas por el diario Libération se pronunciaron por llevar ante la justicia a los ex funcionarios responsables de tortura y ejecuciones en Argelia.
Un porcentaje similar dijo que respaldaría una disculpa de Francia ante Argelia.
El primer ministro socialista, Lionel Jospin, rechazó la solicitud de una investigación parlamentaria sobre las acusaciones de tortura y ejecuciones sumarias en la guerra de Argelia. «El análisis de la historia es materia de los historidadores, y no de los políticos», dijo.
Las celebraciones oficiales subrayaron «la necesidad de que Francia y Argelia fortalezcan sus relaciones naturalmente amistosas». Así se expresó el presidente Jaques Chirac, quien en un discurso conmemorativo en la iglesia de los Inválidos honró a «todas las víctimas de la guerra» argelina.
El jefe de Estado subrayó que los harkies merecen un respeto especial, debido a «la forma inhumana, cruel e inaceptable en la que fueron tratados».
De modo menos diplomático, veteranos y víctimas de guerra realizaron demostraciones de protesta por la ejecución de los harkies y la situación de los colonos que fueron obligados a retornar a Francia después de la independencia.
En la meridional ciudad de Marsella, sobre la costa del Mediterráneo, los manifestantes se refirieron a la matanza de harkies perpetrada por el Ejército de Liberación Nacional de Argelia.
Por su parte, Francia empieza a enfrentarse a sus propios actos de violencia, como la violación de niñas y mujeres jóvenes y las torturas y ejecuciones.
«En los últimos dos años, los franceses hemos recuperado nuestra memoria de la guerra de Argelia. Durante 10 años simulamos haberlo olvidado todo», dijo Benajamin Stora, profesor de Historia del Magreb en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales, de París, y autor de un libro aquellos acontecimientos, titulado «La Gangrena y el Olvido».
El historiador Pierre Vidal-Naquet fue de los primeros en hablar sobre los crímenes cometidos por los militares franceses en Argelia.
«Inmediatamente después de la segunda guerra mundial, con las primeras manifestaciones de los argelinos contra el régimen colonial, el ejército y los servicios secretos franceses comenzaron a torturar personas. Los historiadores del momento se preguntaron si una nueva Gestapo estaba actuando en Argelia. La respuesta es sí», afirmó Vidal-Naquet.
Los testimonios de las víctimas agregaron la dimensión personal y trágica del pasado. En junio de 2000, Louisette Ighilahriz, participante en la lucha por la independencia, envió a un médico francés una carta, publicada tiempo después, para relatar cómo fue violada y torturada por soldados franceses durante tres meses en 1957, cuando tenía 17 años.
Ighilahriz sobrevivió para celebrar la independencia en 1962, pero la mayoría de sus familiares no tuvieron la misma suerte. «Mi madre fue torturada durante tres semanas y, como no dijo nada, los soldados franceses secuestraron a su hijo menor, que tenía nueve años, y lo colgaron ante su presencia», escribió.
Estos testimonios fueron confirmados por algunos militares en funciones en aquel momento. El general retirado Paul Aussaresses, actualmente de 84 años, reconoció en sus memorias, publicadas en 2001, haber torturado y ejecutado personalmente a varios sospechosos argelinos.
Aussaresses dijo no tener remordimientos. «Lo que hice lo hice cumpliendo con mi deber, y lo cumplí por mi tierra», afirmó.
Otros ex funcionarios han admitido que la tortura y las ejecuciones sumarias fueron una norma en Argelia entre 1955 y 1962.
Aussaresses debió pagar una multa por «crímenes contra la humanidad». Pero los jueces rechazaron el caso, alegando que Francia otorgó una amnistía extensiva a todas las acciones cometidas en Argelia.
Todos los partidos políticos han rechazado los pedidos de disculpas públicas y compensaciones. «Francia no tiene de qué disculparse, ni ante el pueblo argelino, ni ante nadie», advirtió Jean-Louis Debré, del gobernante partido Unión por la República y ex ministro del Interior.
El pasado de Francia es «glorioso», aseguró Debré. (FIN/IPS/tra- en/jg/ss/lp/ip hd/02


