AMBIENTE-CHIPRE: Rápida extinción de las tortugas

Científicos y residentes en la playa de Alagadi, en el norte de Chipre, unen esfuerzos para salvar a las dos especies de tortugas que anidan en costas del Mediterráneo, amenazadas por modernos métodos de pesca, el aumento del turismo y la contaminación del ambiente.

Se trata de las especies Caretta caretta, o tortuga boba, y Chelonia mydas, o tortuga verde.

En las costas de Chipre ponen huevos cerca de 30 por ciento de las tortugas verdes del Mediterráneo, y 10 por ciento de las bobas del mismo mar, según la Sociedad Protectora de Tortugas de Kyrenia, una ciudad chipriota litoraleña, cercana a Alagadi.

Sólo de 300 a 400 tortugas verdes y unas 2.000 tortugas bobas desovan en la actualidad en Kyrenia.

Las tortugas entierran huevos en playas mediterráneas desde hace unos 95 millones de años, pero en las últimas décadas se ha registrado un brusco descenso de su puesta.

Las crías que sobreviven al periodo de incubación en la arena, de 45 a 60 días, salen de los nidos y, con la mayor rapidez que les es posible, se dirigen hacia la orilla y nadan mar adentro.

La Sociedad Protectora puso en marcha un sistema de vigilancia nocturna para proteger los huevos y a las crías hasta su inmersión en el mar.

«Ahora el problema es más conocido que hace 10 años. Muchas personas de varios países muestran interés en sumarse a nuestra lucha por salvar las tortugas», dijo Kutlay Keco, turcochipriota residente en Kyrenia, quien observa y asiste a las tortugas desde hace 50 años.

Keco vincula entre sí a científicos británicos, expertos locales, estudiantes y residentes en la zona, chipriotas y extranjeros, que vigilan las playas por las noches para que perros, zorros y chacales no se coman los huevos.

Los voluntarios también instalan dispositivos electrónicos en las tortugas para supervisar sus desplazamientos, e informan a turistas y otras personas sobre la necesidad de proteger la reproducción de los quelonios.

Organizaciones ecologistas europeas lograron detener planes para construir hoteles en las playas de Dalyan, al sur de Turquía, y de la oriental isla griega de Cefalonia, donde se realizó el exitoso filme «La mandolina del capitán Corelli».

Los activistas temían que la popularidad de esa película conduzca a implementar planes de desarrollo turístico perjudiciales para las tortugas que anidan en esas playas.

En la mayoría de los países con costas mediterráneas hay grupos protectores de tortugas, y los gobiernos participan cada vez más en la tarea, apoyada por la Organización de las Naciones Unidas y por el no gubernamental World Wildlife Fund (Fondo Mundial de la Naturaleza).

Los ambientalistas sostienen que la tortuga boba, existente en aguas tropicales y subtropicales de los océanos Atlántico y Pacífico, está en la categoría de «especie amenazada mundialmente», y la tortuga verde del Mediterráneo en la de «especie críticamente amenazada».

Una convención internacional prohibió la venta de ambas especies, pero es un hecho que el comercio ilegal continúa.

Las tortugas se aparean después de los 25 años de edad, con intervalos de uno, dos o tres años, y cada hembra deja de 3 a 4 nidos en un desove, cada uno con unos 100 huevos, por lo general en la misma playa durante toda su vida.

Las amenazas humanas a los quelonios incluyen redes de pesca, en las cuales quedan atrapados, presencia de personas en la costa por las noches, que ahuyenta a hembras que llegan a desovar, y luces nocturnas en las playas, desorientadoras para éstas y para crías que intentan.

Accesorios de playa como reposeras y sombrillas, árboles plantados para que den sombra a los veraneantes e incluso castillos de arena son obstáculos para las crías en su ruta hacia el mar, y las tortugas ingieren bolsas de plástico abandonadas en las playas, que obstruyen sus intestinos.

Esos factores adversos se suman a los tradicionales peligros de la naturaleza: viento, lluvia, frío, aves u otros predadores marinos, y a veces mareas de inusual altitud.

La suma de amenazas determina que de cada 2.000 huevos resulte sólo una tortuga madura.

Los amantes de las tortugas dicen no tener nada contra el turismo, siempre y cuando sea controlado, y destacan que uno de los hoteles de la playa de Alagadi es un gran contribuyente a la causa de las tortugas.

Los turistas deben abstenerse de actividades nocturnas en las playas, y deberían disfrutar en cambio de paseos organizados en la región septentrional de Chipre, desde el año pasado, para observar el desove de los quelonios. (FIN/IPS/tra-en/ht/sm/lp-mp/en/02

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