Los plantadores de té de Kenia buscan promover en el mercado internacional la alta calidad de su producto, el principal rubro de exportación, para resistir la caída de los precios.
Los plantadores de las laderas orientales del Monte Kenia, en la región central de Kenia, cultivan «el mejor té del mundo», pero los comerciantes son los que hacen dinero y no los agricultores, dijo Kiraitu Murungi, legislador del opositor Partido Democrático por el distrito de Imenti Sur, en Meru.
El precio del kilo de té cayó de dos dólares el año pasado a 1,5 en el mercado de Mombasa, lo cual impide a los agricultores cubrir los costos de la cosecha.
«Qusiéramos revertir esta situación», afirmó Murungi, integrante de la Asociación Parlamentaria del Café y el Té.
«Queremos iniciar un proceso hacia la obtención del valor agregado, y no depender de ciertos compradores, como Egipto, que adquieren variedades de baja calidad. Necesitamos una estrategia comercial y de mercado que coloque el té en los estantes de los supermercados», afirmó el parlamentario.
«Nuestro té es de primera calidad y debería venderse empaquetado, no para ser mezclado. Queremos empaquetar nuestro producto como producto de origen, de igual forma que Sri Lanka», agregó.
«Aunque planten más y más, obtienen menos. Los precios están más bajos y el costo de producción es alto, así que sus ingresos caen», dijo Hilda Mugure, de la firma intermediaria Combrok.
«Los últimos precios apenas cubren los costos de las empresas comerciales, así que la industria no está muy bien», coincidió el director de la compañía plantadora Williamson Tea Kenya, Nigel Sands-Lumsdaine.
La competencia internacional está en alza, pues la superficie plantada crece más que el consumo. «Las estadísticas muestran que el consumo crece uno por ciento anual, mientras la producción lo hace dos por ciento anual», dijo Sands-Lumsdaine.
«No creo que el precio se recupere, mientras Vietnam planta más y más y hay una cantidad desconocida de té de China. Tememos que habrá cada vez más oferta», estimó.
Kenia exporta 450 millones de dólares anuales de té, lo cual convierte al cultivo en su principal rubro exportador. Pakistán, el principal comprador, adquiere 70 millones de kilos al año, por valor de 95 millones de dólares. Le siguen Gran Bretaña, Egipto y Afganistán.
En esta coyuntura, Kenia ha logrado mantener ventaja sobre otros productores mundiales, debido a la calidad de sus cultivos. Pero la calidad se pierde fácilmente.
«La singularidad se está perdiendo. Hay cantidades de variedades comunes de té en el mercado, y por supuesto hay competidores. Entonces encontramos que otros países producen variedades similares», dijo Mugure.
«En la temporada baja, las fábricas locales tienen capacidad para procesar un muy buen té. Pero en la temporada alta, la calidad cae», pues las industrias no son suficientes para procesar la creciente producción», explicó Mugure.
«Las fábricas están saturadas y la calidad está cayendo», afirmó la comerciante.
En 1998, toneladas de té se desperdiciaron por la falta de fábricas. El cultivo debe procesarse el mismo día en que es cosechado, pues de lo contrario se seca y pierde sabor y aroma.
«Familias enteras dormían a la intemperie cuidando su cosechas en los centros de recolección, esperando su turno para ingresar al proceso industrial», dijo el legislador Muringi.
Se produjeron entonces disturbios y protestas. Los agricultores incendiaron viviendas, y se negaron a continuar con la cosecha.
Finalmente el gobierno tranquilizó a los campesinos abriendo dos nuevas fábricas, que comenzarán a trabajar en abril. «La situación aún es tensa, pero hay esperanzas de que mejore», dijo Murungi.
Otro grave problema que afronta los plantadores es el lamentable estado de los caminos y carreteras, por donde deben trasladar sus cosechas.
«Cuando llueve, la cosecha del día se pierde, pues es imposible utilizar los caminos. El gobierno ha dado la espalda a los agricultores, pues no hay un centavo de inversión para mejorar las carreteras», afirmó el legislador Murungi. (FIN/IPS/tra- eng/ks/mn/dc/dv/if/02


