/BOLETIN-DD HH/ PALESTINA: Refugio para mujeres golpeadas a punto de cerrar

El único albergue para mujeres golpeadas en Cisjordania podría cerrar sus puertas debido a la falta de fondos de la comunidad internacional.

Rima, una joven soltera embarazada, sería asesinada por su familia si regresara a su hogar en Cisjordania. Su compañera de cuarto, Nadia, una tímida adolescente, fue maltratada por sus parientes y se dedicó a vagar por las calles.

Estas dos mujeres, que por temor no revelaron sus verdaderos nombres, han encontrado un santuario en el primer refugio para mujeres golpeadas en un territorio palestino.

Los intentos previos para establecer un refugio habían fracasado luego de que los habitantes los acusaran de ser burdeles.

Desde septiembre, cuando se inició el último levantamiento palestino contra la ocupación israelí, la tensión creció dentro de las familias palestinas y la violencia doméstica está en aumento.

«A medida que pasan los meses, las mujeres se sienten más desesperadas», dijo Basma Bustamy de la organización no gubernamental (ONG) Family Defense Society, que inauguró el refugio y desafía las viejas tradiciones que consideran que los problemas deben resolverse dentro de la familia.

Los toques de queda y bloqueos que impuso el ejército israelí en Cisjordania y la Franja de Gaza han impedido en los últimos meses que miles de hombres fueran a sus lugares de trabajo en Israel, por lo cual el desempleo se ha triplicado.

«En nuestra sociedad dominada por los hombres, estos terminan canalizando su estrés abusando física y sexualmente de las mujeres», explicó la criminóloga Nadera Shalhoub Kevorkian, quien colaboró con el entrenamiento de las trabajadoras sociales del refugio.

Muchas mujeres prefieren permanecer en silencio por la falta de apoyo. En los hogares tradicionales los padres y hermanos rara vez animan a la víctima de violencia doméstica a dejar a su esposo o su familia. Para peor, aquellas que dejan su hogar, rara vez pueden volver.

«Por eso cuando una mujer deja su hogar y busca un refugio, las cosas deben estar realmente mal», señaló Shalhoub Kevorkian.

El fortificado albergue se encuentra en una colina con vista a la ciudad cisjordana de Naplusa.

«Es un pueblo muy tradicional», explicó la directora del Ministerio de Asuntos Sociales de la Autoridad Nacional Palestina en la región, Fadia il Masri, e impulsora del proyecto.

«Por eso antes de inaugurar el refugio debimos usar la cautela para conseguir el respaldo del gobernador local, los líderes religiosos y la policía. De lo contrario no hubiéramos tenido la esperanza de sobrevivir», dijo.

Después de mucho trabajo, que también contó con el apoyo de la filial canadiense de la organización benéfica Oxfam, las puertas se abrieron finalmente hace diez meses.

Los años de abuso que sufrió a manos de su marido alcohólico forzaron a una joven de 24 años a convertirse en la primera huésped del refugio, junto con sus hijos, después de que el marido incendió la casa en la que vivían.

Actualmente, con la ayuda del servicio legal del albergue, la joven tramita su divorcio, la custodia de sus hijos, la pensión alimenticia y una demanda por abuso físico.

El entorno legal palestino no favorece a las mujeres, y ante la ausencia de un sistema de leyes civiles, las normas religiosas suelen regir en las cuestiones relativas a la condición personal.

Según las leyes islámicas, por ejemplo, un hombre puede divorciarse de su esposa con sólo pronunciar tres oraciones, pero una mujer no tiene ese poder. Para divorciarse debe embarcarse en un largo proceso legal.

El sistema judicial es una conspiración de silencio, de acuerdo con Shalhoub Kevorkian. «Logra silenciar las voces de los que sufren», sostuvo.

La policía prefiere ignorar abusos como las «muertes por honor», la expresión árabe dada al asesinato de mujeres jóvenes sospechosas de conducta inmoral.

Entre 80 y 90 por ciento de quienes cometen tales «crímenes pasionales», como suele llamárselos, son parientes masculinos muy cercanos a la víctima. En los archivos policiales tales muertes son registradas como suicidios o envenenamientos.

En tales condiciones el papel de la ONG Family Defense Society se vuelve aún más importante. Esta organización paga publicidad en la televisión local promocionando el albergue para las mujeres golpeadas, algo impensable un año atrás.

Además la ONG ofrece servicios de asesoría para las víctimas de violencia familiar a través de una línea telefónica, que también es publicitada en los medios de prensa locales.

«Basta de silencio», dice el aviso. «Hay alguien que la escuchará… y ayudará a las víctimas de la violencia psicológica, sexual y física en la familia. Nuestros oídos están dispuestos a escucharla».

Paradójicamente, mientras crece el número de mujeres que buscan refugio, la sobrevivencia del albergue, que también recibía fondos de Oxfam Irlanda, está en duda.

El aporte económico de Oxfam terminó, mientras otros donantes importantes en la región brindan asistencia financiera a proyectos con objetivos más inmediatos, como la ayuda alimentaria de emergencia.

Desde que abrió en junio, el refugio ha recibido un flujo constante de mujeres en busca de ayuda. Pero actualmente hay sólo dos. Al menos diez más que deberían encontrarse en él no han podido llegar a raíz del cierre de sus aldeas por parte del ejército israelí.

Ocho más esperan la aprobación para ingresar, tres de las cuales prefirieron refugiarse en una cárcel local, antes de seguir soportando el abuso de sus familias. (FIN/IPS/tra-en/vq/mn/dc/aq/hd/01

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