El presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, debe gran parte de su victoria electoral del 26 de septiembre al voto de las mujeres. Ahora, esas electoras esperan que les devuelva el favor.
Las mujeres de Serbia, que junto con la pequeña Montenegro conforman la Federación Yugoslava, no están conformes con su posición actual en la sociedad y confían que el nuevo clima democrático traiga importantes cambios en sus vidas.
Organizaciones feministas apuntaron que las mujeres ocupan menos de cinco por ciento de los cargos políticos.
"No hay fundamentos legales que impidan a las mujeres tomar parte en actividades políticas", dijo Lijljana Jovanovic, del grupo Mujeres en los Medios, una organización no gubernamental (ONG) que procura que los problemas de la mujer tengan más cobertura periodística.
"Sin embargo, en los últimos 10 años, debido a hechos específicos ocurridos a nuestro alrededor, vimos la introducción de una sociedad patriarcal y las mujeres fueron marginadas", agregó.
Las mujeres serbias gozaron virtualmente de los mismos derechos que los hombres después de la segunda guerra mundial (1939-1945). Recibieron los mismos salarios y tuvieron la misma educación y oportunidades laborales.
Además de ser amas de casa o campesinas, también trabajaron en fábricas y fueron ingenieras, médicas y profesoras universitarias.
Pero el país se empobreció debido a las guerras de secesión de la antigua Yugoslavia en los años 90 y el colapso económico de Serbia por dos rondas de estrictas sanciones internacionales desde 1992.
Las primeras que pagaron las consecuencias por el colapso económico fueron las mujeres, que apelaron a la economía informal para ganarse la vida.
"Las mujeres se dieron cuenta inmediatamente que todas sus energías y conocimientos debían ser puestas al servicio de la supervivencia de sus familias", apuntó Rebeka Srbinovic, miembro fundadora de la Red Política Femenina, que busca involucrar a más mujeres en la vida pública.
"Con su imaginación, miles de mujeres llevaron a cabo pequeños proyectos y mantuvieron a sus familias a flote", añadió.
Muchas tomaron parte en tareas rurales, fueron modistas o tejedoras para parientes y amigos, o domésticas de "los nuevos ricos" que rodearon al gobierno anterior de Slobodan Milosevic.
"Los pasteles nos salvaron", apuntó Milena Jovic, de 39 años, una refugiada serbia procedente de Croacia que se dedicó a vender productos de repostería caseros para mantener a su familia. "Dejamos todo lo que teníamos en 1991, una casa nueva, un taller de reparación de autos".
"Mi marido se quedó sin trabajo y en la miseria. Yo era solo una ama de casa. Junté fuerzas y comencé con los pastelitos. Mi hijo quiere abrir ahora una confitería. Se dice que las mujeres serbias ejercen poder sobre sus maridos e hijos, y a menudo son apodadas 'eminencias grises', pero nosotras queremos lo opuesto. ¡Pretendemos el poder público!", afirmó Srbinovic.
"Ha llegado el momento para ejercer una vida política que no sea retrógrada ni beligerante, completamente distinta de los últimos 10 años de guerras y pobreza", agregó.
"La energía constructiva de las mujeres puede ayudar al proceso de democratización concentrándose sobre la existencia común, familias estables, tantas cosas que deben volver ahora a la normalidad", dijo.
Una de las reivindicaciones de las organizacione femeninas es que las mujeres recuperen sus empleos una vez que la situación económica se estabilice. Actualmente, la mitad del 50 por ciento de la población desempleada son mujeres, apuntó Srbinovic.
En las elecciones parlamentarias que tendrán lugar en diciembre, las mujeres pedirán que haya un mínimo de 30 por ciento de candidatas.
Las mujeres son escasas en la vida política serbia y aún más raras como jefas de partidos. Una de las excepciones fue Mira Markovic, esposa de Milosevic, quien encabezó el neomarxista Partido Yugoslavo de Izquierda (JUL).
"Markovic fue una imagen negativa para las mujeres en política. Llevará algún tiempo para que la gente común se dé cuenta que una mujer en política no debe ser necesariamente como ella", dijo Aleksandra Joksimovic, de Red Política Femenina.
Markovic, cuya agrupación se unió al Partido Socialista de Milosevic para formar el gobierno anterior, fue uno de los miembros más odiados de la administración de su marido.
Bajo su mando, el JUL se apoderó de los recursos económicos del país y creó un círculo reducido de serbios enormemente ricos que apoyaban al gobierno.
Además, Markovic y un círculo cerrado de sus colaboradores iniciaron una ola de represión contra disidentes y simpatizantes de la oposición. La campaña de Markovic se dirigió contra el movimiento popular Otpor (Resistencia), al cual ella calificó de "grupo terrorista", generando malestar.
Otpor atrajo sobre todo a jóvenes y la edad promedio de sus 30.000 afiliados era de 23 años.
"Los golpeó (al JUL y los socialistas de Milosevic) como un bumerang", dijo Janja Milenkovic, una socióloga de Belgrado. "Fue demasiado cuando les dijeron a las mujeres que sus hijos y nietos eran 'terroristas' porque aspiraban a una vida mejor".
"Gran parte de la población femenina volvió definitivamente la espalda a todos aquellos que la redujeron a la miseria y mancharon a sus seres queridos. Junto con los jóvenes, votaron por la oposición y eso fue todo. Milosevic y su régimen perdieron", agregó. (FIN/IPS/tra-en/vpz/da/ego/aq/pr-ip/00


