Denuncias de una conspiración separatista rusa en Kazajstán reflotaron ocultas tensiones étnicas en el país de Asia central, luego de que un tribunal fallara en contra de supuestos conjurados.
El día 8, el tribunal de la nororiental ciudad industrial de Ut- Kamenogorsk condenó a largas penas de cárcel a 13 personas, incluyendo al supuesto líder, Vladimir Kazimirchuk, acusadas de conspirar contra el gobierno local y de posesión ilegal de armas.
Kazimirchuk fue sentenciado a 18 años, mientras los restantes sospechosos -10 rusos y dos kazajos- también recibieron largos períodos de reclusión.
En noviembre, funcionarios kazajos anunciaron que 22 personas, incluyendo 12 ciudadanos rusos, fueron arrestados en Ut- Kamenogorsk por conspirar contra el gobierno.
Las detenciones estuvieron a cargo de agentes de la Comisión Nacional de Seguridad de Kazajstán (KNB), sucesora de la ex KGB soviética. Las fuerzas de seguridad kazajas buscaron al grupo tras leer una noticia en un diario de una región rusa vecina.
La KNB adujo que el jefe del grupo arrestado, Kazimirchuk, habia planeado una campaña terrorista con el propósito de crear un enclave predominantemente ruso e independiente en Kazajstán oriental.
Como prueba, la KNB exhibió cartuchos de escopeta y bombas incendiarias de fabricación casera que determinaron la sentencia del tribunal de instrucción de Ut-Kamenogorsk.
"Los supuestos conspiradores no fueron sentenciados por alguna acción concreta, su culpa sólo fue intencional", arguyó Alexander Shushannikov, miembro del consejo municipal de Ut-Kamenogorsk y activista de la comunidad rusa.
"Fue un 'proceso espectáculo' para enviar un mensaje a todos aquellos que hablan ruso y buscan estrechar vínculos con Moscú", declaró al canal de televisión NTV.
El presidente kazajo Nursultan Nazarbayev dijo que el asunto tuvo las características de un hecho delictuoso y no de una conspiración política. Tambien prometió que no iba a afectar las relaciones con Rusia.
El presidente ruso Vladimir Putin también restó importancia al incidente cuando se enteró, diciendo que no se trataba de algo serio. Cuando se anunció la sentencia, diplomáticos rusos en Kazajstán dijeron que apelarían para poder deportar a los ciudadanos rusos.
Rusia no ha formulado reclamos territoriales sobre Kazajstán, una gran extensión de estepas vacías entre el Mar Caspio y China, desde el colapso de la Unión Soviética en 1991. Sin embargo, sus funcionarios tratan de proteger los derechos de todos aquellos que tienen orígen ruso y viven en ese país.
A pesar de los pronunciamientos oficiales, el futuro de la población eslava en Kazajstán sigue siendo un tema de discordia entre ambas naciones.
Kazajstán aún cuenta con una numerosa minoría étnica rusa a lo largo de sus 7.000 kilómetros de frontera con Rusia meridional. Los rusos, que fueron mayoritarios, ahora son un tercio del total de 17 millones de habitantes en Kazajstán.
En los años que siguieron a la independencia kazaja, los rusos se fueron del país por falta de oportunidades económicas y perspectivas de educación para los jóvenes.
Pese a la presencia de algunos eslavos entre los funcionarios kazajos de alto rango, los rusos étnicos se sienten menos representados y creen que los kazajos están favorecidos de hecho para progresar en cualquier carrera.
También fueron factores de tensión diversas medidas adoptadas contra activistas eslavos. Varios dirigentes comunitarios, en particular cosacos de Semirechensk, en Kazajstán oriental, fueron demandados judicialmente en los últimos años por cargos como difamación, que los eslavos consideran injustos.
Pese a que las tensiones étnicas rara vez se pusieron en el tapete, algunos nacionalistas rusos en Moscú culpan a Nazarbayev de discriminar contra la población eslava y, por lo tanto, de obligarla a emigrar.
Los nacionalistas rusos afirman que Kazajstán jamás existió con sus fronteras actuales, y que las regiones kazajas nororientales son históricamente parte de Rusia.
Hasta ahora, Nazarbayev guardó cautela y prefirió no jugar la carta del nacionalismo. El mandatario hizo hincapié en la estabilidad que goza el país bajo su mandato, en comparación con los choques étnicos que se vienen produciendo en algunos estados independientes tras la caída del imperio soviético.
En enero de 1999, Nazarbayev ganó otro período presidencial de siete años pese a que la mayoría de la población está impaciente por los salarios y pensiones atrasadas, y se ha visto desplazada por las reformas de mercado.
No obstante, muchos críticos sostienen que Nazarbayev está a punto de ceder a la tentación de realizar gestos con alto contenido nacionalista.
En un aparente intento de consolidar la identidad nacionalista kazaja, Nazarbayev trasladó la capital del país a Astana, una ciudad de la estepa situada a 1.000 kilometros al noroeste de la antigua capital, Almaty.
El costo de la mudanza fue calculado en 400 millones de dólares, equivalente al déficit del presupuesto estatal kazajo en 1999.
Hubo diversas explicaciones por el traslado: reinstalar la capital lejos de la frontera china, problemas surgidos por la contaminación en Almaty y el hecho de que la ciudad de 1,5 millones de habitantes corre constante peligro de terremotos.
Otras razones citadas fueron asegurar la región septentrional del país, habitada mayoritariamente por eslavos que preferirían lazos más estrechos con Rusia. No obstante, los críticos dijeron que un país con un producto interno bruto de 22.000 millones de dólares no puede darse el lujo de cambiar de capital.
Rusia ha permanecido como una especie de hermano mayor para muchas de las 15 ex repúblicas soviéticas, especialmente en Asia Central, donde Moscú controla los oleoductos de construcción rusa para exportar petróleo y gas.
Rusia sigue siendo el socio comercial más importante de Kazajstán. Sin embargo, los ingresos comerciales entre los dos países bajaron de 3.200 millones de dólares en 1998 a 2.500 millones el año pasado, reflejando de alguna manera las incómodas relaciones bilaterales.
Moscú tambien queja de que su "transparente" frontera con Kazajstán está virtualmente abierta a contrabandistas y narcotraficantes.
Algunas regiones rusas enviaron milicias de cosacos para vigilar la frontera. Sin embargo, el despliegue de cosacos, descendientes de una clase guerrera eslava, a lo largo de la frontera común, tocó un nervio al descubierto en Kazajstán.
Recuerdos de la colonización cosaca de las estepas kazajas, que extendió violentamente las fronteras del imperio zarista hacia el este, siguen arraigadó en la memoria de los habitantes del país, que una vez fueron nómadas. (FIN/IPS/tra-en/sb/js/ego/aq/ip/00


