La industria petrolera de Venezuela fue turbada hoy por una huelga de trabajadores de pocas horas que generó inquietud en torno a la producción de uno de los principales proveedores del mundo, y puso en evidencia el agudo conflicto entre los sindicatos y el gobierno de Hugo Chávez.
Los alcances del paro fueron difíciles de medir, en medio de versiones contradictorias de sindicalistas y representantes de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) sobre la cantidad de trabajadores que adhirieron a la protesta convocada para defender su situación laboral.
Dirigentes sindicales afirmaron este viernes que más de 80 por ciento de los empleados petroleros acataron la paralización de tareas, pero directivos de la firma dijeron que 90 por ciento había acudido a sus puestos de trabajo.
El consorcio PDVSA activó un "plan de contingencia" para hacer frente a eventuales problemas en la producción de combustibles de este país, que es uno de los tres principales proveedores de Estados Unidos, principal consumidor del mundo.
La huelga fue convocada para este viernes, inicialmente por tiempo indeterminado, pero los dirigentes decidieron suspenderla pocas horas después arguyendo que deseaban preservar la estabilidad laboral, tras un decreto gubernamental suspendiendo las negociaciones de contratos colectivos por seis meses.
La escasa duración de la paralización fue considerada como la derrota de un paro que había sido convocado en forma indefinida, pero dejó pendiente la solución del conflicto.
Entre tanto, el gobierno calificó de "ilegal" a la huelga. "Las presiones siempre son malas", dijo el vicepresidente Isaías Rodríguez, quien destacó que los dirigentes gremiales incumplieron con el requisito de introducir un pliego conflictivo antes de iniciar su protesta.
La huelga buscaba presionar a las autoridades para comenzar las conversaciones con el fin de acordar un nuevo contrato colectivo, en el cual se reflejen aumentos importantes en los ingresos de unos 40.000 trabajadores de la industria petrolera estatal.
Pero esas negociaciones sólo serán posibles si el gobierno cede en su negativa a aceptar como interlocutores a los dirigentes sindicales actuales.
El presidente Chávez encabeza el llamado a una renovación de la dirigencia sindical, por considerar que está copada por representantes de la vieja forma de hacer política y no reflejan las verdaderas preferencias de los trabajadores.
Chávez, quien llegó al gobierno en febrero de 1999, desplazando a los partidos tradicionales que habían dominado la democracia venezolana durante 40 años, descalifica en forma constante la política ejercida durante esas cuatro décadas.
Considera a los partidos socialdemócrata Acción Democrática y socialcristiano Copei responsables de la crisis generalizada en este país.
El presidente de PDVSA, Héctor Ciavaldini, considerado un funcionario muy cercano a Chávez, contribuyó a detonar el llamado a la huelga cuando dijo que no reconocía a los sindicalistas petroleros y que no negociaría con ellos, desactivando así las conversaciones entre los trabajadores y el gobierno.
Ciavaldini fue objeto de fuertes críticas por parte de los sindicalistas, quienes este viernes lo acusaron de decir "mentiras", mientras lo responsabilizaban por el llamado a huelga.
En una videoconferencia transmitida el jueves a todos los trabajadores petroleros, Ciavaldini insinuó que el objetivo del paro era "tumbar al gobierno", advirtió que "ésta es una guerra política" y llamó a los trabajadores a deslindarse del llamado a paralización de sus dirigentes.
"Este es el inicio de una guerra, de una persecución", coincidió este viernes el principal sindicalista petrolero, Carlos Ortega.
Pero más allá de una huelga petrolera que duró unas pocas horas, el gobierno de Venezuela enfrenta ahora la posibilidad de conflictos laborales en varios frentes, que podrían colocarlo de nuevo en antagonismo con una dirigencia sindical a la cual cuestiona.
Según ha trascendido, otros sectores laborales estudian la posibilidad de paralizar sus actividades por demandas salariales, mientras la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) admitió que no descarta la convocatoria a una huelga general.
Por su parte, Chávez anunció que no cederá. "Vamos a derrotar esos llamados a la huelga", comentó el jueves a la radio "El Espectador" de Montevideo, poco antes de concluir una visita oficial con motivo de la asunción presidencial de Jorge Batlle como nuevo presidente de Uruguay. (FIN/IPS/lc/dm/if en/00


