SALUD: Ya hay tantos obesos como personas subalimentadas

Por primera vez en la historia de la humanidad, las personas con sobrepeso son tantas en el mundo como las subalimentadas, advirtió hoy el no gubernamental Worldwatch Institute, de la capital estadounidense.

La cantidad de personas subalimentadas disminuyó desde 1980 a 1.200 millones, y la población con sobrepeso aumentó a igual cantidad, señaló el Worldwatch Institute en su informe.

La concentración de la población en ciudades, el incremento de la prosperidad y otros factores han multiplicado el número de obesos y el sobreconsumo, incluso en varios países en desarrollo.

Las riquezas eluden a cientos de millones de habitantes de la Tierra, pero también conducen a una cantidad creciente a alimentarse en abundancia, aunque no siempre con dietas nutritivas.

"Algunos países han cambiado hambre por obesidad y enfermedades de la pobreza por enfermedades del exceso", destacó Brian Halweil, coautor del informe.

En China, la proporción de adultos con sobrepeso aumentó de nueve a 15 por ciento de 1989 a 1992. En Brasil y Colombia, el sobrepeso afecta a 36 y 41 por ciento de la población, respectivamente, al igual que en varios países de Europa.

"Las dietas tradicionales de granos y vegetales fueron reemplazadas en los centros urbanos por alimentos ricos en grasa y azúcar, aunque las tareas sedentarias y el aumento del tiempo libre aconsejan consumir menos calorías", indicó Worldwatch.

No son escasas en el mundo en desarrollo las sociedades en que el sobrepeso prevalece ante la desnutrición.

"Los sistemas de salud de varias naciones en desarrollo que aún luchan por erradicar enfermedades infecciosas pueden ser desbordados por las enfermedades cardiacas, diabetes, cáncer y otros males crónicos" asociados con la sobrealimentación, se advirtió en el informe.

Las victorias logradas en el combate contra el hambre en el mundo tienen de contrapartida el creciente sobreconsumo. Las consecuencias en la salud del hambre y de la sobrealimentación son muy diferentes, pero son dos formas de mala nutrición.

En efecto, tanto el déficit como el exceso de nutrientes en la dieta son incompatibles con una vida saludable.

"El hambre y el sobrepeso son determinantes de enfermedades e incapacidad y reducen la expectativa de vida y la productividad", imponiendo obstáculos al desarrollo económico y social, señaló Gary Gardner, que también intervino en la redacción del informe.

Más de la mitad de los "años perdidos de vida saludable" en el mundo se puede atribuir al hambre, a la obesidad y al insuficiente consumo de vitaminas y minerales.

El Norte industrial y el Sur en desarrollo "pagan un alto precio por la mala nutrición" causada tanto por el hambre como por el excesivo consumo, se consignó en el informe.

El Banco Mundial calcuó que el hambre costó a India en 1996 entre tres y nueve por ciento de su producto interno bruto.

Mientras, en Estados Unidos, donde los criterios internacionales de medición señalan que 55 por ciento de la población adulta presenta sobrepeso, la obesidad devoró 12 por ciento del presupuesto nacional de salud en los años 90.

El costo de la obesidad duplica en Estados Unidos los 47.000 millones de dólares que se gastan allí en el tratamiento de enfermedades causadas por el hábito de fumar.

El hambre ha disminuido en las últimas dos décadas en el Sur en desarrollo, si se utiliza como patrón de medida la cantidad de niños con peso insuficiente, que se redujo 26 millones desde 1980 hasta este año, observó Worldwatch.

Asía logró un notable progreso de la lucha contra el hambre, y América Latina presenta la mayor disminución proporcional de ese azote.

La cantidad de niños latinoamericanos con peso insuficiente se redujo a la mitad en los últimos 20 años, según el informe. En cambio, ha aumentado casi al doble en Africa subsahariana.

La mayor concentración de población desnutrida se verifica en Africa subsaharian y en Asia meridional. Cerca de 44 por ciento de los niños de Asia meridional presentan peso insuficiente, y la proporción aumenta en India, Bangladesh y Afganistán, tres países de esa región.

En Africa subsahariana, la proporción es de 36 por ciento, aunque en Somalía, Etiopía y Níger se aproxima a 50 por ciento.

El hambre tiene una presencia relativamente reducida en América Latina, con la excepción de Hatí y de la mayoría de los países de América Central, puntualizó Worldwatch.

La desnutrición aumenta la vulnerabilidad de la población infantil ante las enfermedades infecciosas y crea condiciones para la diarrea, que puede causar daños físicos y mentales permanentes y aún la muerte.

"Mientras persiste el mito de que la escasez de alimentos es la principal causa del hambre, la injusta distribución de recursos y la discriminación de género impiden a grandes masas de población conseguir lo suficiente para comer", señaló Halweil.

Al respecto, advirtió que cerca de 80 por ciento de los niños subalimentados viven en países con excedentes de alimentos.

"El enemigo común de los hambrientos, tanto en naciones ricas como pobres, es la pobreza", de acuerdo con el informe. Varios países intentan mejorar la situación de las mujeres como medio de reducir el hambre.

El Instituto Internacional de Investigación en Política Alimentaria, de Washington, comprobó en 1999 que el mejoramiento de la educación, del modo de vida y del acceso de las mujeres a servicios de salud determinó una reducción de 75 por ciento de la proporción de niños con peso insuficiente.

Cuba y el estado indio de Kerala disminuyeron la desnutrición con programas de alimentación y salud para mujeres y niños, indicó Worldwatch.

La superación de la deficiencia en la dieta de micronutrientes como la vitamina A y el yodo produce rápido resultado a bajo costo, se indicó en el informe.

El programa de la Organización Mundial de la Salud para la yodización de la sal, aplicado en 47 países entre 1994 y 1997, redujo de 29 a 13 por ciento la incidencia de enfermedades causadas por la insuficiencia de ese mineral.

Pero en los países en que la obesidad se ha convertido en importante problema de salud pública, la mala nutrición exige otro enfoque, dijo Worldwatch.

Muchos gobernantes promueven la instrucción en las escuelas en materia de dieta y estilos de vida saludables. Ese tipo de programas han disminuido la obesidad infantil en Singapur entre 33 y 50 por ciento, según el grupo de edad.

Worldwatch recomienda imponer regulaciones a la publicidad de alimentos grasos, de excesivas calorías y bajo valor nutritivo orientada a la infancia. En Noruega y Suecia está prohibida la publicidad dirigida a niñas y niños de menos de 12 años. (FIN/IPS/tra-en/dk/da/ff/he/00

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