/REPETICION/ MEXICO: Secuestradores mantienen de rehén al país

La guerra contra los secuestradores en México comienza a tener relativo éxito, si se atiende a los resultados de la acción policial, aunque organizaciones no gubernamentales (ONG) aseguran que ese delito va en aumento.

Las autoridades mexicanas lograron desarticular en los últimos dos años dos de las más activas organizaciones criminales y están tras la pista de uno de los más temidos jefes de secuestradores del país, sin embargo aún falta mucho por hacer en ese campo.

Aunque la policía y la justicia no divulgan la cantidad de secuestros que se cometen en México, algunas ONG sostienen que estos delitos crecieron de 150 en 1993 a 580 en 1997.

Esas cifras sólo son superadas en América Latina por Colombia, donde entre 1994 y 1998 fueron denunciados más de 7.300 secuestros, según datos oficiales.

El auge de esta modalidad delictiva en México, país acuciado también por el narcotráfico y los asaltos con exceso de violencia, parece alcanzar niveles insospechados si se considera que sólo en la capital se registraron 63 secuestros en enero.

Estadísticas de la procuraduría de justicia de la ciudad de México indican que las denuncias por privación ilegal de la libertad crecieron casi 100 por ciento en enero, respecto del mismo mes de 1999.

En México opera una extensa red de secuestradores que cuenta con una aceitada estructura organizativa, que ataca tanto a personas acaudaladas como a modestos comerciantes, admiten las autoridades.

Una llamada telefónica en una madrugada de septiembre de 1998 dio inició a la pesadilla del arquitecto Gerardo Valdespín y su familia, residentes en la ciudad de Cuautla, 100 kilómetros al sur de la capital mexicana, en el estado de Morelos.

El secuestro de Valdespín significó también "el de toda la familia, que vivió atrapada por el miedo durante cuatro meses", hasta el desenlace fatal de un episodio que "perdurará por siempre", confió a IPS María Antonieta Pérez, madre de la víctima.

Pérez, quien negoció con los secuestradores y pidió por la vida de su hijo en más de 10 ocasiones, narró lo vivido durante los "interminables días esperando un regreso que nunca ocurrió".

Las llamadas se sucedieron desde distintos sitios de Morelos o del vecino y oriental estado de Puebla, informó en su momento la policía, que mantiene abierto un caso que consternó a la sociedad morelense.

En medio de "la angustia por saber si mi hijo tendría frío, hambre o estaría siendo torturado, toda la familia se reunió cada noche a rezar por la vuelta a casa de Gerardo buscando además un poco de consuelo", recordó Pérez.

El secuestrador, cuya voz "no olvidaré nunca", exigió en un principio 200.000 dólares por entregar sano y salvo al arquitecto de 40 años, cosa que no ocurrió pese a pagar dos veces rescates por un monto total de 37.000 dólares.

Una dura discusión inicial derivó luego, paradójicamente, en "un trato cordial con el secuestrador en un intento por hacerle ver que Gerardo era bueno", contó Pérez.

Quizás como resultado de estas conversaciones fue que en enero de 1999 la llamó para decirle: "no espere más. Tuvimos que matar a Gerardo, pues ya nos conocía".

"Pienso que el secuestrador, quien pudo simplemente no comunicarse jamás, optó por sacarnos una duda que nos hubiera perseguido toda la vida", añadió Pérez.

En marzo del año pasado, "el secuestrador volvió a llamar para pedir 5.000 dólares a cambio de revelar el lugar donde están los restos de Gerardo". Pero la familia Valdespín rechazó la oferta, teniendo en cuenta la experiencia de haber sido engañada.

En todo caso, "nada devolvería la vida a nuestro hijo", concluyó Pérez, quien junto con su esposo, Everardo, ambos ya retirados del comercio, y sus siete hijos, manejaron negocios de papelería, librería y del sector turístico en Morelos.

Otras historias semejantes roban la tranquilidad de los mexicanos en todo el país, mientras en Morelos las autoridades aseguran haber desarticulado importantes organizaciones criminales. Los datos divulgados señalan que en 1996 hubo 71 secuestros frente a 22 en 1999.

El grupo policial de reacción rápida denominado Yaqui, creado en 1997, junto con otros cuerpos de seguridad, está empeñado en apresar al llamado "El Coronel", señalado como el jefe de la banda de secuestradores más peligrosa del país.

El sobrenombre de quien sólo se sabe que fue integrante de la policía de Morelos salió a la luz pública tras la detención de Nicolás Caletri, el 22 de febrero.

Autor de sonados secuestros a industriales, Caletri impuso además el estilo de "comprar" a secuestrados, para continuar el proceso de negociación y cobro de los rescates.

En mayo de 1998, la policía detuvo a Daniel Arizmendi, conocido como el "Mochaorejas" por su hábito de arrancar esa parte del cuerpo a sus víctimas, en un método casi infalible para conseguir el pago de los rescates.

Las fuerzas de seguridad siguen tras los grupos que operan a gran escala en el país, mientras anuncian la captura de secuestradores menores. En estos días, al menos nueve fueron detenidos en los estados de Morelos, Veracruz, en oriente del país, y Sinaloa y Coahuila, al norte. (FIN/IPS/pf/dm/ip/00

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