México conmemora 62 años de la estatización de su industria petrolera presionado por Estados Unidos para aumentar las cuotas de producción, de modo de empujar a la baja los precios mundiales del crudo.
Sin el oropel de las épocas de bonanza, el monopolio Pemex cumplirá este sábado un año más, mientras se escuchan llamados a no ceder a las pretensiones de Washington.
Después de que en 1998 el gobierno mexicano debió reducir sustancialmente sus gastos debido a la caída histórica de los precios internacionales del crudo, la recuperación de ese mercado puso ahora a México en una posición difícil ante su vecino y principal socio comercial.
Hace dos años, el precio del crudo de referencia tipo Brent se situaba por debajo de los 14 dólares por barril, 25 por ciento menos a los precios promedio de 1996 y 1997.
Mientras, la mezcla mexicana de exportación caía hasta 9,6 dólares por barril, nivel 6,7 dólares menor al correspondiente a 1997 y lejos de los 60 dólares de 1980.
En contraste, la acelerada alza del crudo empujó al precio a los niveles más altos en nueve años, incluso por arriba de los 30 dólares.
Esa recuperación significó que Pemex aportara casi 30 por ciento de los ingresos del gobierno el primer semestre de 1999.
Sin embargo, expertos alertan sobre la merma en las reservas petroleras del país, que ascienden a 34.179,5 millones de barriles, cifra que cubriría las necesidades para los próximos 23 años.
Hace 15 años, con 72.500 millones de barriles en sus yacimientos, México poseía reservas para 60 años, destacó el experto Rafael Decelis.
La balanza comercial de hidrocarburos pasó de un superávit de 9.966 millones de dólares en 1996, a 4.811 millones en 1998 y en 1999 saltó de nuevo a 7.248 millones, añadió el experto.
México es uno de los principales productores de crudo del mundo, pero es importador de derivados.
Este país produce en la actualidad 3,3 millones de barriles diarios de crudo, contra 2,6 en 1994, mientras las exportaciones del energético pasaron de 1,3 millones ese año a 1,5 en estos momentos.
Pero todas las señales apuntan a que México se dispone a incrementar el abastecimiento de crudo una vez que expiren las restricciones el 1 de abril.
México, que no integra la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), promovió desde 1998 junto con Arabia Saudita y Venezuela, sí integrados al cartel, acuerdos para reducir la producción diaria.
Los esfuerzos para limitar la oferta de crudo, lo cual rescató los precios, le valieron al secretario (ministro) mexicano de Energía, Luis Téllez, reconocimiento por sus cualidades de mediador.
La producción mundial de crudo es de 73 millones de barriles al día. La Administración Estadounidense de Información de Energía calcula que la demanda mundial del energético crecerá dos por ciento anual en los próximos 20 años.
México promueve ahora el aumento de la producción, repitiendo el argumento estadounidense de que los altos precios del petróleo amenazan con dañar la economía mundial.
Pero el académico José Luis Manzó advirtió que este país no debe promover una reducción de los precios, ya que ese es problema de Estados Unidos y, en una relación de mercado, es inconveniente que el vendedor resuelva el problema del comprador.
"Sería una aberración que ahora México procurara incrementar la oferta para reducir los precios, cuando trabajó durante dos años para incrementarlos", señaló Manzó.
Téllez no puede "destejer" todo lo que logró negociando, sino que debe esperar la baja natural de precios cuando concluya el invierno, agregó.
En su campaña para instar a la OPEP a reducir los precios del petróleo, el secretario (ministro) de Energía estadounidense, Bill Richardson, visitó el mes pasado México, país que, dijo, "nos ha ayudado bastante" admitiendo que incrementará la producción petrolera.
Pemex fue creada hace 62 años, cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas expropió las empresas del crudo en poder de capitales extranjeros. Desde entonces, su nombre ha estado vinculado a debates sobre la soberanía nacional.
Condenada a entregar 90 por ciento de sus utilidades a Hacienda, Pemex tiene las manos atadas para realizar nuevas inversiones, mientras el sector privado afirma que mantener estatizado el sector en nombre de la soberanía es un mito que tiende a desaparecer.
En plena efervescencia electoral, los aspirantes a ocupar la Presidencia a partir de diciembre rechazan la privatización de Pemex, aunque no han revelado, hasta ahora, planes de reforma estructural a fondo del estratégico sector. (FIN/IPS/pf/mj/if/00


