El triunfo del centroderecha en las elecciones españolas del domingo marcó el fin de un período de transición tras la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), y también de la era de Felipe González en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
El Partido Popular, del presidente del gobierno José María Aznar, logró la mayoría absoluta en el Congreso de Diputados, con 183 bancas en 350, e inflingió una aplastante derrota a la coalición del PSOE y la coalición Izquierda Unida (IU, basada en el Partido Comunista), que obtuvo 125 bancas.
El análisis de los resultados, que todavía sigue produciendo pronunciamientos, señala en primer lugar que el comportamiento de la sociedad española ya no se explica por la división entre los nostálgicos del franquismo y quienes sufrieron sus consecuencias.
La mayor prueba de ello fue la falta de resultados de la campaña electoral del PSOE e IU, que se centró en advertir del peligro que existiría si triunfaba "la derechona", apelando a fantasmas del pasado.
Los máximos dirigentes del PP, Aznar, Javier Arenas, Pío Escudero y Mariano Rajoy, son menores de 50 años, y todos ellos comenzaron su actividad política después de la muerte de Franco.
La acusación del PSOE al PP de ser "una derechona pura y dura" no se ajustó a la experiencia del primer gobierno de Aznar (1996-2000).
Durante ese período, las dos mayores centrales sindicales, Unión General de Trabajadores (UGT, pro socialista) y Comisiones Obreras (CO, pro comunista), firmaron un pacto social con el gobierno y mantuvieron muy buenas relaciones con el Ministerio de Trabajo.
Todo lo contrario de lo ocurrido en los períodos de gobierno de Felipe González (1982-1996), contra los cuales la UGT y CO organizaron dos huelgas generales que tuvieron un cumplimiento masivo.
El PP enterró a los fantasmas del pasado y los electores lo aprobaron en las urnas, dándole una mayoría absoluta en el Congreso que asegura la reelección de Aznar como jefe de gobierno.
En el otro campo, la derrota invita a la izquierda a enterrar a sus propios fantasmas y mirar hacia el futuro.
El secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, sucesor de González e impuesto por él en el cargo, renunció en la misma noche del domingo, al conocer los resultados electorales y su contundente derrota.
Desde entonces no dejaron de oírse voces socialistas que piden profundos cambios. Una muy clara fue la del ex ministro y diputado electo José Borrell, desde Santiago de Chile, a donde había viajado para asistir el sábado a la toma del mando presidencial por parte de Ricardo Lagos.
"La época de Felipe y de su gente ha terminado", sentenció Borrell, quien dos años atrás logró vencer a Almunia en las internas del PSOE para designar candidato a la presidencia.
Fue un triunfo inesperado para los seguidores de González, y a los pocos meses las continuas trabas impuestas por "Felipe y su gente" obligaron a Borrell a renunciar a la candidatura.
González fue elegido secretario general del PSOE en 1974, un año antes de la muerte de Franco, y manejó al partido con mano de hierro, a tal extremo que en sus círculos dirigentes era conocido como "Dios" o "Number One" ("Número Uno"), porque no permitía que sus opiniones y órdenes se discutieran.
Esa "mano de hierro" y ese personalismo se reflejaron en su manera de gobernar.
Todavía se están instruyendo sumarios judiciales por la "guerra sucia" contra la organización ilegal Euskadi Ta Askatasuna (ETA), entre 1983 y 1986, que implicó más de 40 atentados y 28 muertos.
También está próximo el juicio oral por la apropiación indebida de fondos reservados del Ministerio del Interior durante el gobierno del PSOE, y se esperan sumarios por el cobro ilegal de comisiones multimillonarias, a cambio de la adjudicación de obras públicas como el tren de alta velocidad.
El presidente de la Comunidad Autónoma de la región occidental de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, uno de los dirigentes socialistas con mayor apoyo en la base y enfrentado al grupo que concentra el poder interno, llamó a una renovación total de su partido.
"Desde que estamos aceptando consejos (de supuestos teóricos) no damos ni una. Aquí ha habido un grupo de dirigentes que se han creído todos los cuentos de un grupo de teóricos y hemos hecho toda clase de experimentos: cuotas, primarias o PSOE con apellidos, y esto nos ha llevado al desastre", afirmó.
Se refería a las cuotas de poder en los órganos directivos, por encima de la voluntad de los afiliados, a unas primarias (elecciones internas) que no se cumplieron y a la endeble alianza con IU, que no logró entusiasmar al electorado progresista.
El PSOE designará una Junta Gestora para que lo dirija hasta su congreso, previsto para junio o julio. Para integrar esa Junta suenan los nombres de dirigentes regionales que demostraron que cuentan con apoyo de su electorado.
Esos dirigentes son, además de Rodríguez Ibarra, el alcalde de la ciudad noroccidental de La Coruña, Francisco Vázquez, y los presidentes de Asturias (noroccidental), Castilla-La Mancha (central) y Andalucía (meridional), Vicente Alvarez, José Bono y Manuel Chávez, respectivamente.
El tono y el alcance de la renovación socialista serán marcados por asambleas de cada circunscripción electoral, previas a la elección de delegados a un Congreso General que a su vez aprobará el programa y designará una nueva Comisión Ejecutiva Federal.
Con esa renovación habrá culminado una transición de un cuarto de siglo, iniciada tras la muerte de Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975. (FIN/IPS/td/mp/ip/00)


