CHILE: Lagos debe impulsar nueva estrategia de inserción mundial

El gobierno de Ricardo Lagos debería impulsar una nueva estrategia de inserción de Chile en la economía mundial, ya que el exitoso modelo de crecimiento adoptado durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) se está agotando, advierte un estudio publicado por Cepal.

La economista Graciela Moguillansky, de la División de Desarrollo Económico de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), señaló que ese modelo es hoy vulnerable precisamente por su frágil inserción en el mundo y la fuerte concentración de las inversiones en pocos productos.

Moguillansky es autora del libro "La inversión en Chile: ¿el fin de un ciclo en expansión?", editado conjuntamente por Cepal y el Fondo de Cultura Económica y cuya presentación tuvo lugar el lunes en la sede central, en Santiago, de la agencia regional de la Organización de las Naciones Unidas.

La experta cuestiona una de las premisas más difundidas sobre la implantación del neoliberalismo en Chile, como una tarea entregada a los particulares y a las leyes del mercado, y dice que, al contrario, el Estado tuvo un papel activo como dinamizador de la inversión productiva desde mediados de los años 80.

La dictadura de Pinochet puso fin a la fuerte presencia estatal en el aparato productivo y de servicios, para dar paso a un modelo de economía de mercado que se sustentó en la apertura al exterior y en asignarle al Estado un papel subsidiario, de apoyo a la actividad privada.

Esta caracterización fue válida para la primera etapa del modelo económico, entre 1972 y 1982, en que efectivamente se redujo el papel del Estado como agente productivo, financiero y regulador, y por "las entonces novedosas y polémicas políticas de liberalización de los mercados", señaló Moguillansky.

Pero a partir de la crisis de la deuda externa, que irrumpió en 1982, cambió la estrategia y el Estado chileno "no fue neutral ni pasivo", sino que asumió "un peculiar dirigismo" para facilitar la continuidad del modelo, estimulando la inversión extranjera a través de un proceso de reprivatización de la economía.

La economista de Cepal recuerda que las medidas adoptadas desde 1986 implicaron correcciones de los precios relativos y fueron acompañadas de profundas transformaciones institucionales y regulatorias, sobre todo en el sector financiero, para dar múltiples incentivos a los inversionistas.

Esos incentivos, fundamentalmente tributarios y crediticios, fueron acompañados de enormes transferencias de activos, desde el Estado al sector privado, con los nuevos procesos de privatización. Se crearon, además, estímulos especiales a la inversión extranjera e incentivos para las exportaciones.

En los últimos años de la dictadura se llevó cabo una tercera oleada de privatizaciones en que fueron enajenadas compañías de telecomunicaciones, energía, seguros y transporte aéreo, que en la primera década de gobierno de Pinochet habían sido catalogadas como empresas estratégicas para el Estado.

"La estrategia posterior a la crisis de la deuda inauguró un ciclo de negocios que maduró a lo largo de la década de 1990 (una vez restablecida la democracia) y que se benefició del positivo desempeño de la macroeconomía en la coyuntura, del favorable contexto internacional y de la profundización del mercado de capitales", explicó Moguillansky.

La economía chilena fue considerada en los años 90 como la más exitosa de América Latina, con promedios anuales de crecimiento del producto interno bruto (PIB) por encima de siete por ciento, reducción constante de la inflación y un producto por habitante al final de la década superior a los 12.000 dólares.

Este dinamismo se debió también a grandes flujos de inversiones externas, canalizadas a los sectores minero, pesquero, forestal y agroindustrial, en los cuales se sustentó en los últimos 15 años el aumento de las exportaciones.

Moguillansky analiza en su libro el comportamiento de esos sectores en los últimos años y concluye que el ciclo de expansión de las inversiones canalizadas hacia ellos concluyó aún antes del impacto de la crisis asiática, que en 1999 hizo que el PIB chileno cayera 1,3 por ciento respecto del año anterior.

Esta declinación se debió a que las inversiones se concentraron en pocos rubros, con rendimientos decrecientes de capital, a la depreciación del dólar, el descenso en los precios internacionales de las materias primas y la competencia de países vecinos que crearon también estímulos para atraer inversiones, dijo.

El primer factor de debilitamiento del modelo en Chile "tiene que ver con la escasa diversificación de bienes orientados al mercado externo, concentrados en recursos naturales, con bajo dinamismo en la demanda mundial, tendencia descendente en los precios en el largo plazo y alta volatilidad", puntualizó.

"Pero la vulnerabilidad también radica en la alta concentración de la inversión productiva en pocos sectores y en las grandes empresas. La participación de las pequeñas industrias en la inversión se redujo en los últimos 10 años desde 13 por ciento del total a casi la mitad", agregó la experta.

La falta de financiamiento y el alto costo del crédito hacen que las pequeñas empresas sean "las más afectadas frente a las crisis económicas y las políticas de ajuste. Su sostenida marginación juega en contra de las políticas de equidad", subrayó Moguillansky.

Lagos, quien fue investido presidente de Chile hace 10 días, levantó en su campaña electoral el lema de "crecer con igualdad", prometiendo mayor equidad en la distribución del ingreso y mejores condiciones para el desarrollo de las pequeñas y mediadas empresas.

Los grupos económicos locales y el capital extranjero no invirtieron en Chile en sectores donde el valor agregado y la tecnología juegan un papel preponderante y "tampoco hay señales de que lo harán en el futuro", entiende Moguillansky.

"Frente a esa realidad, el Estado tiene un papel fundamental", en términos de "impulsar una nueva estrategia de inserción (de Chile) en la economía mundial", señaló.

Según Moguillansky, esta nueva inserción debe basarse en políticas que madurarán en el mediano y largo plazo, creando incentivos para invertir en ciencia y tecnología, en actividades que permitan diversificar exportaciones y promoviendo el comercio exterior de servicios.

"Mi estudio muestra que a mediados de los años 80 se aplicaron políticas no neutrales e incentivos bien dirigidos a impulsar un tipo de inserción en la economía mundial. Hoy es preciso cambiar de rumbo", concluyó la economista. (FIN/IPS/ggr/dm/if/00

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