Fifí-Dalla Kouyaté es una estrella del cine, el teatro y la música de Malí, pero por sobre todo eso es una "jali", como se llama en Africa a los artistas que tienen la misión de preservar la historia y la tradición oral del pueblo a través de la canción.
Kouyaté construyó con tenacidad una carrera internacional como actriz, escritora, reina de belleza y activista humanitaria, sin olvidar su función como "jali" o portavoz de la verdad.
"Un jali es mucho más que un comediante", explicó Kouyaté en Nueva York, donde vive hace dos años. Los jali suman a su misión artística la de aconsejar a reyes y gobernantes africanos. También son "educadores, asesores, periodistas, consejeros y abogados".
Como jali del siglo XXI, Kouyaté, de 47 años, es tanto artista como activista contra la despiadada sumisión de las mujeres de Africa y de otras parte del mundo. Con un grupo en París, trabaja estrechamente con Antiesclavitud Internacional, una organizacion con sede en Londres.
El grupo parisino se bate contra la práctica de llevar jóvenes mujeres de Africa occidental a Europa para trabajar en tareas domésticas mal pagadas, que son sometidas a una amplia variedad de abusos.
En Nueva York, Kouyaté divide su tiempo entre promover a artistas africanos en Estados Unidos, incluyéndose a ella misma, y ofreciendo guía espiritual y práctica a la comunidad de nacionales de Malí.
"Como soy jali, me tienen confianza. Pero sigue siendo difícil. Algunas de esas mujeres llegan de aldeas pequeñas a la gran ciudad, y están demasiado asustadas para hablar. Se muestran reticentes al cambio", dijo.
Kouyaté, cuyo nombre la señala como integrante de la casta de la cual proceden los jalis, es una amalgama de dos mundos diferentes, pues incorpora modernos valores y un profundo respeto por las tradiciones africanas.
Su padre, Racine Kouyaté, fue un médico liberal educado en París que dirigió un hospital rural en Malí. Insistió en que su hija recibiera una buena educación y se rehusó a someterla al rito de la mutilación genital femenina.
Su madre, Fatoumetou Cisse, integra el pueblo nómada tuareg de Malí y es una fiel observante del Islam más tradicional. Toda su familia fue masacrada durante la guerra entre los tuareg y el gobierno militar de Malí.
"Fue muy duro crecer en dos culturas diferentes. Mi educación me hizo muy distinta a los otros niños de Malí", dijo Kouyaté, quien repartió su niñez entre su país natal y Francia y vivió dos años en Moscú por un intercambio estudiantil.
De adolescente, Kouyaté se fascinó por los relatos sobre jalis.
"Mi abuela me hacía sentar a su lado y me narraba cuentos. Me enseñó a amar la tradición y la historia. Finalmente, elegí enseñar a la gente cuál es el verdadero arte del jali, no solo para bailar y cantar, sino como consejera y portadora de la tradición histórica", recordó.
La vida de Kouyaté no fue fácil. Fue obligada a contraer matrimonio a los 16 años, y tratada como paria cuando se marchó de su hogar y pidió el divorcio cuatro años más tarde. Su matrimonio siguiente, tambien arreglado, sufrió igual suerte.
Tres decenios más tarde, Kouyaté mostró las cicatrices de las heridas que le infligió su segundo marido, casi 20 años mayor y que tenía otras dos esposas. Sin embargo, manifestó su rabia y frustración pues mujeres africanas siguen siendo tratadas de esa manera. "¡Eso debe terminar!", dijo con firmeza.
Como jali, también es su responsabilidad preservar leyendas, héroes, canciones y relatos dramatizados como la clásica Epopeya Mandinga o Sundiata, que narra el ascenso del emperador de Malí al poder en el siglo XIII.
Sundiata comenzó como una tradición oral y fue escrita por primera vez por el historiador guineano Djibril Tamsir Niane.
Sundiata Keita, el príncipe legendario que debió recobrar su trono y unificar el reino, su abuela, protectora Sassouna Berete, la némesis del héroe, Sumanguru Kante, y la hechicera Soumousso Konkoba, que lo ayudó, figuran, entre otros personajes, en el relato.
Kouyaté desarrolló esta pieza teatral en francés y en su idioma natal, bambara, y la interpretó en París, Bruselas, Nueva York y Londres, con su compañía teatral Racine Mandingua. Luego, la tradujo en inglés para llegar a una audiencia más amplia tanto en Africa como el exterior.
"Es Shakespeare estilo africano", explicó Kouyaté. Ahora, en Estados Unidos, confía en recorrer el país para difundir su producción de cultura mandinga, con canciones, relatos, danzas, moda y arte. La música de su pieza teatral fue creada con ayuda de Touré Kunda, de Senegal.
"Estoy tratando de mostrar este rico legado a los negros de Estados Unidos. Quiero abrir una gran ventana a nuestra cultura. ¡Vengan y hablemos!", dijo. (FIN/IPS/tra-eng/ks/cr/ego/mj/cr hd/00


