Casi la mitad de los frágiles arrecifes de coral de Indonesia ya desaparecieron, pero su destrucción continúa en forma constante, advirtieron grupos ambientalistas.
Los problemas económicos y la reducción de los bancos de pesca empujaron a las comunidades pesqueras, que constituyen 22 por ciento de los 210 millones de habitantes de este archipiélago asiático, al tráfico de corales y peces ornamentales, principalmente de especies raras.
Como resultado, en la actualidad apenas seis por ciento de los 60.000 kilómetros cuadrados de arrecifes está en buenas condiciones, informó el ministro de Explotación Marítima, Sarwono Kusumaatmadja.
Mientras, la revista regional Asiaweek sostuvo en su edición del día 10 que 40 por ciento de los arrecifes de Indonesia están "arruinados".
"Si no comenzamos a protegerlos, no tendremos más arrecifes de coral", advirtió Kasim Moosa, subdirector del Programa de Rehabilitación y Administración de Arrecifes de Coral (Coremap).
Coremap es un proyecto de 15 años iniciado en 1995 por el estatal Instituto Indonesio de Ciencias. En febrero, el Instituto y el Ministerio de Explotación Marítima lanzaron una campaña oficial para salvar los arrecifes.
Grupos ambientalistas aplaudieron la medida y señalaron que ya era hora de que el gobierno hiciera algo. La creciente demanda de peces ornamentales hace que los pescadores destruyan corales y otras especies en el proceso de captura, pues arrojan cianuro para atontar a los peces.
Además, los propios corales tienen una gran demanda en el extranjero, en general de los mismos clientes que adquieren los peces ornamentales. Estos son en su mayoría empresarios de Hong Kong que dirigen el negocio, según el Foro Indonesio para el Ambiente (WALHI).
Barcos de Hong Kong detienen su marcha en medio del mar y recogen de manos de residentes locales toneladas de corales y peces ornamentales cada dos semanas, denunciaron activistas de las provincias de Maluku, Sulawesi Central y Papúa Occidental (ex Irian Jaya).
Los grandes empresarios suministran a los pescadores bombas, dinamita y cianuro (todos prohibidos por el gobierno) para facilitar la captura de peces y corales, además de botes.
Residentes preocupados denunciaron estas actividades a autoridades gubernamentales, pero la pasividad de éstas despertó sospechas de soborno.
Por otra parte, funcionarios locales arguyen que no pueden detener el comercio de alta mar porque es sistemático, y también que sus barcos son muy lentos para perseguir a los buques de los empresarios de Hong Kong.
Pero Raja Siregar, activista de WHALI, afirmó que "simplemente, la ley no se aplica. Por esta razón, los denunciantes se frustran, dejan de proteger los arrecifes e incluso se involucran en el tráfico".
Algunos guardias de Pulau Seribu, un parque nacional marino en Yakarta del Norte, reciben sobornos de pescadores con embarcaciones, y por eso la gente ya no les plantea denuncias, de acuerdo con ambientalistas.
Indonesia es el exportador número uno de coral, superando a la vecina Filipinas, que prohibió su recolección y exportación, informó el Centro de Control para la Conservación Mundial en su último estudio.
Además de Hong Kong, Indonesia exporta corales y peces ornamentales a Estados Unidos, Japón, Europa, Singapur, China y Taiwan.
Los productores realizados con coral tienen un alto valor económico, pero Indonesia carece de la tecnología necesaria para el procesamiento y por lo tanto es un mero exportador de materia prima, debiendo pagar un alto precio para reimportar los productos secundarios.
La destrucción de los arrecifes se produce a un ritmo de tres a seis por ciento al año, según Coremap.
Además de la captura de peces ornamentales y corales para su venta a empresarios extranjeros, la contaminación y la extracción de corales para obtener piedra caliza para la industria de la construcción también contribuyen a la destrucción de los corales.
La condición de los arrecifes en la parte occidental de Indonesia es peor que en la parte oriental, considerada "el mejor lugar para obtener corales" debido a su salinidad, condición hidrológica, temperatura y cristalinidad.
La regeneración de los arrecifes destruidos puede llevar entre tres y más de 20 años, explicó Moosa. En términos financieros, las pérdidas superan 12 millones de dólares al año.
Grupos de activistas elogiaron la presencia del presidente Abdurrahman Wahid y la vicepresidenta Megawati Sukarnoputri en el lanzamiento de la campaña "¡Salvemos a los arrecifes de coral ya!", lanzada por el Instituto Indonesio de Ciencias y el Ministerio de Explotación Marítima.
Durante el régimen del dictador Alí Suharto y su sucesor Habibie, el Ministerio de Agricultura y Forestación estaba a cargo de la protección de los arrecifes, pero no contaba con funcionarios capacitados.
"Por más de 32 años, el gobierno ignoró los recursos marinos y costeros y sólo se preocupó por obtener dinero de la explotación forestal y minera. La protección de los arrecifes estaba en manos de organizaciones no gubernamentales e institutos de investigación", señaló Siregar.
WALHI y el Instituto Indonesio de Ciencias enseñan separadamente a las comunidades costeras actividades alternativas para la generación de ingresos, como la confección de artesanías, para evitar la destrucción de los corales.
"No es suficiente concienciar a la gente sobre la importancia de los arrecifes de coral. Hay que llenar sus estómagos", observó Moosa. (FIN/IPS/tra-en/rd/ccb/mlm/en/00


