La crisis de Timor Oriental amenaza desestabilizar al gobierno de Indonesia, al punto que el jefe de las Fuerzas Armadas, general Wiranto, se vio obligado a desmentir rumores de golpe de Estado.
La comunidad internacional critica al presidente Bacharuddin Jusuf Habibie porque no logra restablecer el orden en Timor Oriental, una antigua colonia de Portugal que Indonesia ocupa desde 1975.
Así mismo, sectores de opinión pública lo censuran por haber "perdido" a Timor Oriental al ceder a las presiones externas y aceptar un referéndum de autodeterminación, que se realizó el 30 de agosto, con un amplio triunfo de la propuesta de independencia que obtuvo 78,5 por ciento de los votos.
Las críticas a Habibie proceden incluso del Frente Nacional, la coalición de gobierno. "La comunidad internacional puede declararlo (a Habibie) un pionero de los derechos humanos. Pero yo diría que es un alborotador", declaró Rachmat Witoelar, secretario general del Frente Nacional.
Otros lo culpan por lo contrario, porque no logró imponer el orden en Timor Oriental, donde bandas armadas proindonesias apoyadas por los militares asesinan a los independentistas y saquean e incendian sus viviendas.
Abundan los rumores de golpe de Estado, aunque fueron desmentidos por el jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa, general Wiranto. También se especula sobre la inminente renuncia del presidente, lo cual fue rechazado.
"Hay tantos rumores, sobre (la renuncia de Habibie), sobre un golpe de Estado. No tienen ningún fundamento", declaró Wiranto. Según una declaración del gobierno este jueves, Habibie tiene "pleno control" de la situación.
Una brecha separa a quienes elogian la decisión de Habibie de permitir la independencia de Timor Oriental y de aquellos que creen que cometió un error.
Quienes apoyan la decisión sostienen, por ejemplo, que Habibie merece el premio Nobel de la Paz por permitir que los timorenses decidieran su futuro.
"Se hizo famoso en la comunidad internacional, por ser un gobernante que tiene un gran respeto por los derechos humanos", declaró Theo Syafi'ie, del opositor Partido de Lucha por la Democracia de Indonesia.
Pero sus detractores acusan a Habibie de haber vendido a Timor Oriental para conseguir fondos extranjeros. Habibie llegó al poder en mayo de 1998, tras la renuncia del general Alí Suharto después de 32 años de dictadura.
"La unidad y la dignidad nacional es demasiado para ser canjeada por dinero del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. El (Habibie) debería cargar con la culpa de esta desintegración", sostuvo el general retirado Kemal Idris, presidente del Frente Nacional.
El referéndum de Timor Oriental puede haber mejorado la reputación internacional de Habibie, pero perjudicó a su carrera política en Indonesia.
Habibie es el candidato presidenciable del Partido Golkar, que lidera la coalición de gobierno, pero la crisis de Timor Oriental anuló la posibilidad de que sea nombrado presidente en noviembre.
Desde que se anunció el resultado del referéndum de Timor Oriental el sábado, proliferan en Yakarta las manifestaciones a favor y en contra de la decisión de los timorenses. Estos hechos coinciden con el desarrollo de la campaña presidencial.
Los partidarios de Timor Oriental realizan manifestaciones a su favor, mientras el bando contrario exige la renuncia de Habibie y acusa a Australia de intervencionismo por pretender liderar una fuerza internacional de mantenimiento de la paz en el territorio.
Por ley, Habibie deberá informar de su gestión cuando la Asamblea sesione el 10 de noviembre, y en ese informe deberá incluir el resultado del referéndum de Timor Oriental.
La Asamblea debe aceptar el resultado para que Yakarta pueda revocar formalmente la ley que anexó a Timor Oriental en 1976, pero ahora muchos temen que el órgano legislativo rechace el referéndum.
Habibie pasa por un momento de gran vulnerabilidad, asediado por el escándalo provocado en el Banco de Bali, por el cual una firma financiera asociada al Golkar recibió un pago de 68,6 millones de dólares de un banco nacionalizado en circunstancias irregulares.
Muchos critican a Habibie desde que Suharto le entregó la presidencia con el apoyo de las fuerzas armadas. Pero otros afirman que no le ha ido tan mal, sobre todo porque organizó las primeras elecciones democráticas del país en junio.
El gobierno también es criticado porque sus investigaciones sobre la riqueza presuntamente malhabida de Suharto no dieron resultados, y por la inquietud racial en Ambon y otras zonas.
Pero Timor Oriental se convirtió en otra fuente de ataques a Habibie. El presidente no consultó con la Cámara de Representantes ni con los militares cuando ofreció la posibilidad de la independencia al territorio en enero.
"Como líder del gobierno de transición, debería saber sus límites. No debería haber tomado una decisión crucial como esa", dijo Dimyati Hartono, presidente del Partido de Lucha por la Democracia en Indonesia y asesor político de la dirigente opositora Megawati Sukarnoputri.
"Lo de Timor Oriental se relaciona con el territorio del estado. Incluso un presidente legítimo no puede decidirlo por su cuenta antes de escuchar a lo que aspira la gente", comentó Dimyati.
El martes Habibie decretó la ley marcial y el toque de queda en Timor Oriental, a pesar de la oposición de su gabinete y de la Cámara de Representantes, lo cual también se considera una señal de que no tiene el control absoluto en su gobierno.
Wiranto pretendía imponer la declaración de ley marcial, pero esta fue rechazada por el gabinete en una sesión previa en que los ministros señalaron que violaría el acuerdo firmado en mayo con Portugal (la antigua potencia colonial de Timor Oriental) y la ONU que autorizó a la policía a encargarse de la seguridad del territorio.
Entonces Wiranto recurrió directamente a Habibie y lo persuadió de que decretara la ley marcial.
Como Habibie "apuró" el referéndum en Timor Oriental y cedió a la presión internacional, según sus críticos, ahora los militares y la policía no pueden controlar la situación en el territorio. "Es evidente que los militares fueron sorprendidos. Incluso Portugal se sorprendió", argumentó Syafi'ie.
"La policía y los militares tienen dificultades para manejar la situación porque no están capacitados. Habibie los puso en un aprieto", dijo A.S.Hikam, un experto político del Instituto Indonesio de la Ciencia.
Los rumores de golpe de Estado siguen sucediéndose, incluso mientras Habibie se reunía con el equipo de cinco embajadores enviado por el Consejo de Seguridad de la ONU para discutir la forma de imponer la calma en Timor Oriental, donde se calcula que más de 250.000 personas abandonaron sus hogares huyendo de la violencia.
Indonesia rechazó tajantemente una fuerza de mantenimiento de paz de la ONU en Timor Oriental. Muchos creen que la intervención extranjera sería una vergüenza para el país y que fomentaría el resentimiento contra los países occidentales, sobre todo contra la vecina Australia.
En dos actos de protesta el miércoles, los manifestantes treparon la reja de la embajada australiana, bajaron la bandera de ese país y la quemaron. Lo mismo ocurrió con la bandera de la ONU frente a la sede de la organización, contra la cual también se arrojaron huevos podridos. (FIN/IPS/tra-en/ky/js/ceb-aq/ip/99


