El año empezó mal para la presidenta de Sri Lanka, Chandrika Kumaratunga, quien es objeto de airados ataques de la prensa independiente por su conducción de la economía y el proceso de paz.
Las acusaciones de corrupción y mala administración acosan al gobierno, que no ha sido capaz de superar el desacuerdo con la oposición sobre una propuesta de paz para el norte y el este del país, devastados por la guerra étnica.
Hace tres años, Kumaratunga asumió la presidencia tras prometer un fin para el conflicto de 14 años, pero una iniciativa de paz que presentó en su primer año de mandato a un comité parlamentario multipartidario todavía no fue aprobada.
El gobierno y el opositor Partido Nacional Unido (PNU) se enfrentaron públicamente la semana pasada a causa de los plazos establecidos por la administración para poner fin a la costosa guerra contra los rebeldes tamiles en el 50 aniversario de la independencia de la isla.
Gamini Lakshman Peiris, juez y ministro de Asuntos Constitucionales, anunció que el gobierno se verá obligado a celebrar un referendo si el PNU no presenta su propia propuesta de paz antes de la fecha límite del 31 de enero.
El gobierno parece confiado en que ganará el apoyo popular para su iniciativa de paz, pero no confía tanto en obtener la mayoría necesaria en el parlamento. Kumaratunga sólo tiene un escaño de ventaja en el órgano legislativo.
Por otra parte, el líder del PNU, Ranil Wickremasinghe, se negó a aceptar la fecha límite y convocó a una conferencia de prensa para hacerlo público.
Wickremasinghe señaló que el gobierno no tiene derecho a establecer plazos para el Comité Selecto del Parlamento y que su partido presentará una iniciativa de paz para mediados de febrero.
Así mismo, el líder opositor anunció que su partido planea una serie de actos públicos que denunciarán el fracaso del gobierno en reducir el costo de vida, la corrupción generalizada y otros asuntos polémicos.
Acusaciones de corrupción, licitaciones cuestionables y favoritismo político persiguen al gobierno, mientras se cuestiona también la integridad moral de la presidenta Kumaratunga y su equipo de gobierno.
Kumaratunga debió rechazar el mes pasado una controvertida oferta realizada por un consorcio chino-británico para construir un nuevo puerto en Galle, en el extremo sur de la isla. El gobierno dijo que los promotores no cumplieron ciertas condiciones en la oferta.
Sin embargo, la prensa antigubernamental señaló que la oposición ya había criticado la oferta hace dos años porque se habría realizado incorrectamente.
La falta de transparencia de Colombo y su obsesión con el esquivo proceso de paz llevó a muchos analistas políticos y a la mayoría de la población a predecir un empeoramiento de la situación económica en 1998. El costo de vida aumentó.
Mientras, la gobernante Alianza Popular completó la redacción de una nueva Constitución para resolver el problema étnico del país, y en el plano militar, empujó a los rebeldes tamiles hacia el interior de la selva y ganó control de más territorio.
No obstante, es cada vez más dudoso que el ejército pueda abrir la carretera Jaffna-Colombo antes del 4 de febrero, la fecha límite anunciada por el viceministro de Defensa, Anuruddha Ratwatte.
La capacidad del ejército para ofrecer seguridad a los civiles del norte y el este es un grave problema.
La península de Jaffna se dispone a celebrar elecciones locales el día 29. Excepto por el Frente Unido de Liberación Tamil, todos los partidos políticos tamiles anunciaron que participarían pese al temor a posibles ataques de los rebeldes contra candidatos y centros de votación.
Hasta el momento, los Tigres de Tamil no trastornaron gravemente la campaña, pero en afiches advirtieron al público que no vote.
Autoridades de Colombo informaron que miles de militares y policías serán movilizados el 4 de febrero, fecha en que se conmemorarán los 50 años del fin del dominio colonial británico. Los detalles de la celebración se mantienen en secreto por razones de seguridad.
El príncipe Carlos fue invitado especialmente para la conmemoración y ello generó protestas de un grupo nacionalista cingalés, el cual argumentó que los gobernantes coloniales británicos asesinaron a miles de campesinos cingaleses.
El grupo nacionalista exige que el príncipe Carlos se disculpe con el pueblo de Sri Lanka antes de pisar su suelo. (FIN/IPS/tra-en/fs/an/ml/ip/98


