Tres satélites comerciales de México funcionan a la perfección y se consolidan como un negocio redondo, mientras el único satélite científico que el país logró colocar en el espacio vaga sin rumbo y el proyecto se declara un fracaso.
Portavoces de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución dueña del proyecto, indicaron este miércoles que el satélite, puesto en órbita en septiembre de 1996, está "muerto", pues registra serios problemas en sus sistemas de comunicación y energía.
El aparato, que pretendía detectar la velocidad y origen de los meteoritos, intercomunicar instrumentos geofísicos y medir mareas, es el segundo que construyó la UNAM. El primero se destruyó eN marzo de 1995, cuando el cohete que lo llevaba al espacio explotó luego del despegue.
Los mentores del proyecto científico, que tuvo un costo de 120.000 dólares, indicaron que será muy difícil construir un tercer satélite, pues no cuentan con recursos.
La situación contrasta con la de la secretaría de Comunicaciones y Transporte, que tras concesionar 70 por ciento de su red de satélites a un consorcio privado mexicano-estadounidense por 554 millones de dólares, anuncia la construcción de un nuevo aparato.
Siguiendo sus planes privatizadores, en octubre pasado el gobierno del presidente Ernesto Zedillo cedió por 20 años renovables el derecho para operar sus tres satélites, todos de construcción foránea, al consorcio formado por Telefónica Austrey de México y Loral Space & Comunications de Estados Unidos.
Con la concesión, la empresa, que debe financiar la construcción de un nuevo satélite mexicano destinado a reemplazar a uno que está a punto de terminar su vida útil, adquirió importantes márgenes de ganancia y quedó en posibilidad de realizar transmisiones a toda el continente americano.
Según el gobierno del presidente Ernesto Zedillo, que guardó para sí el derecho de usar tiempos satélitales en materias de seguridad nacional y algunos proyectos educativos, la concesión del manejo satelital resultó un negocio conveniente, pues obtuvo una cifra 43 por ciento superior a la prevista.
Alrededor de 400 empresas privadas y públicas usan actualmente los satélites mexicanos para transmitir datos e imágenes, relacionadas con asuntos comerciales. Sólo uno, el de la UNAM, estuvo destinado completamente a investigaciones científicas.
La estadounidense Loral Space calcula que, gracias a los negocios que hizo en México y en otros países, para fines de 1999 tendrá participacíon importante en el manejo de 58 satélites, hecho que le asegura una cobertura mundial.
Mientras la empresa extranjera adquiere un poder comercial mayúsculo debido a sus millonarios recursos, en México los directivos de la UNAM piden apoyo para relanzar su modesto proyecto espacial, del que sólo se aspira obtener algunos datos para la ciencia.
El escaso presupuesto que destina México a tareas científicas impide colocar al país en la primera línea de los mercados internacionales y de los avances tecnológicos, sostiene Miguel Yacamán, ex director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
Un estudio de la Organización para la Cooperación y en Desarrollo Económico (OCDE) indica que en México sólo nueve de cada 100.000 integrantes de la población económicamente activa se dedican a la investigación y el desarrollo experimental.
Entre los miembros de la OCDE la proporción promomedio es en cambio de 100 cada 100.000.
Dentro de la OCDE México comparte con Turquía el último sitio en desarrollo de ciencia y tecnología.
Cifras oficiales revelan que el gobierno mexicano destina alrededor de 0,3 por ciento del producto interno bruto del país a las tareas de investigación científica. Entre los miembros de la OCDE el promedio es de 2,5 por ciento.
Sin el apoyo necesario, la UNAM deberá archivar su proyecto espacial y México renunciará una vez más a los avances científicos necesarios, dijo Saúl de la Rosa, investigador del proyecto satelital. (FIN/IPS/dc/dg/tr-dv-st/97)


