El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Robert Rubin, defendió el respaldo de Washington al FMI y sus paquetes de emergencia para las economías en crisis de Asia, mientras advirtió que los estadounidenses ya sufren los efectos de la hecatombe asiática.
"En simples palabras, no podemos permitirnos un descanso y apostar a que la crisis se resuelva por sí misma, dijo el miércoles Rubin en su primer discurso de importancia sobre el tema, y en un intento de lograr nuevos fondos para el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El impacto de la crisis financiera asiática sobre la economía de Estados Unidos hasta ahora ha sido "relativamente moderado, y el escenario más propicio para el año próximo es el continuo crecimento sólido y la baja inflación", dijo Rubin en un discurso en la Universidad de Georgetown.
No obstante, advirtió que "si la crisis se expande más ampliamente a otros mercados emergentes, entonces el impacto sobre los trabajadores y los empresarios estadounidenses podría ser mucho mayor".
Las declaraciones de Rubin se produjeron mientras la Reserva Federal de Estados Unidos anunció que el torbellino financiero asiático comenzó a tener un impacto el mes pasado sobre la actividad manufacturera en Estados Unidos.
"Manufactureros y firmas agrícolas informan sobre exportaciones más débiles a Asia, y hay evidencias de una mayor competencia de productos asiáticos en los mercados de Estados Unidos", sostuvo la Reserva en su último estudio sobre la economía doméstica.
Las exportaciones de Estados Unidos, que varían de componentes de aviones y semiconductores a alimentos procesados, enfrentan una posible caída prolongada, y los efectos podrían ser sentidos en todo el país por empresarios y trabajadores, dijo el banco central estadounidense.
Su informe, basado en información recogida por 12 bancos regionales de la Reserva Federal hasta el 11 de enero, sugirió un impacto más amplio que el estudio anterior, presentado el 3 de diciembre.
La falta de respaldo al FMI "podría retirar la confianza de la dirigencia estadouniense en la economía mundial" y dañar los intereses económicos y de seguridad nacional de Estados Unidos, dijo Rubin.
Estados Unidos es el mayor accionista del FMI y las autoridades del Tesoro del país cruzaron el globo en los últimos meses para llevar apoyo por unos 90.000 millones de dólares en paquetes de rescate del FMI a Tailandia, Indonesia y Corea del Sur, también para persuadir a los asiáticos a firmar e implementar los programas del Fondo.
El gobierno de Estados Unidos busca 18.000 millones de dólares en nuevos fondos para el FMI, y su pedido será uno de los primeros puntos en la agenda de la sesión del Congreso.
En la lista de solicitudes figuran unos 3.500 millones de dólares para "Nuevos Acuerdos de Préstaomo", una línea de crédito par ayudar al FMI a hacer frente con las crisis financieras, y 14.500 millones de dólares para cubrir la parte de Estados Unidos en un aumento del capital del base del FMI, o las cuotas de los miembros.
Rubin reconoció críticas de que los paquetes de rescate "no requieren que las naciones tomen medidas específicas para promover al medio ambiente, proteger normas laborales mínimas y asegurar los derechos humanos".
Pero "agregar esos tres objetivos, tan importantes como creemos que son, podría complicar ampliamente este esfuerzo y reducir sus posibilidades de éxito", alegó.
La afirmación es cuestionada por una amplia y creciente gama de analistas y activistas de las alas izquierda y derecha de la política estadounidense, los empresarios y la academia.
Estos críticos alegan que la insistencia del FMI en que sus clientes en apuros reduzcan los gastos del gobierno y soluciones la crisis exportando, lejos de proteger el medio ambiente, los trabajadores y la democracia, sirve para agotar la base de recursos de los países, reducir los salarios y profundizar las tensiones sociales.
En varios países en que el FMI ha hecho demandas similares, las autoridades ambientales fueron las primeras en ser recortadas del presupuesto del gobierno, incluso mientras aumentaban exportaciones dañinas del medio ambiente como la madera y otras, dijo Marijke Torfs, de la organización ambientalista Amigos de la Tierra.
Autoridades de Estados Unidos y el FMI se negaron a insistir sobre protecciones laborales bajo el paquete de rescate a Indonesia, donde los sindicatos independientes son ilegales.
No obstante, hicieron del debilitamiento de las leyes laborales una demanda central en el caso de Corea del Sur, que tiene fuertes sindicatos, destacó Terry Collingsworth, asesor en el Fondo Internacional de Derechos Laborales.
Rubin se refirió a preocupaciones según las cuales las medidas de austeridad podrían poner en marcha una espiral deflacionaria de decrecientes salarios, consumo y producción, tendiente a la depresión. "Mi instinto es que es un hecho de muy, muy bajas probabilidades", aseguró.
Sólo alrededor de 150 de los 431 miembros de la Cámara de Representantes respaldó la nueva financiación del FMI, según fuentes del Congreso.
Clinton había buscado el dinero bajo los Nuevos Acuerdos de Préstamo como partes de la legislación de operaciones extranjeras para el año fiscal 1998, pero el Congreso lo rechazó en un debate no relacionado sobre fondos para planificación familiar internacional.
Lograr el dinero será ahora más difícil, porque este es un año electoral en el Congreso, y las propuestas para gastar dólares de impuestos en paquetes de rescate que benefician a compañías y grandes bancos extranjeros será muy poco atractivo para los votantes, dijeron analistas y fuentes del Congreso.
A la vez, activistas que incluyen a vehementes defensores del libre mercado e indignados socialistas, esperan volver a encender la desaprobación popular que el año pasado derrotó el intento de Clinton de la autoridad de la "vía rápida" para negociar acuerdos de comercio internacionales.
Al igual que con la campaña internacional, los sindicatos pareceren dispuestos a jugar un papel central en el nuevo esfuerzo, aunque el bloque líder de las agrupaciones de trabajadores estadounidenses entró al ruedo recién la semana pasada.
El presidente de la Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), John Sweeny, acusó al FMI el viernes en una conferencia en Wall Street por imponer "la austeridad económica en el este de Asia, forzándola a 'exportar o morir' y reducir aún más las compras de bienes estadounidenses".
Autoridades de los sindicatos plantearon temores de que hasta un millón de empleos desaparecerían en Estados Unidos en los próximos 18 meses por los dos filos de las exportaciones más baratas hacia Estados Unidos y de menores importaciones asiáticas hacia ese país.
Además, protestaron por la insistencia del FMI para abrir aún más los mercados de capital asiáticos, alegando que esto es lo que ayudó a causar las crisis en primer lugar.
Los inversores deberán comprometerse a permanecer en el mercado por al menos 12 meses, para evitar influjos imprevistos de fondos volátiles, indicaron dirigentes sindicales.
Además, podría imponerse un impuesto a las transacciones en moneda extranjera y las ganancias utilizadas para crear reservas con las cuales hacer frente a crisis futuras, razonaron. (FIN/IPS/tra-en/aa/mk/lp/if/98


