CUBA: El Papa pone el dedo en la llaga de la emigración

La primera misa del papa Juan Pablo II en Cuba generó opiniones encontradas sobre el aborto y el divorcio pero, al mismo tiempo, tuvo la virtud de tocar una herida que permanece abierta: la desintegración familiar.

Este es "un problema que se arrastra en Cuba desde hace años, la separación forzosa de las familias, dentro del país y la emigración", dijo el pontífice ante unos 100.000 cubanos reunidos en Santa Clara, a 300 kilómetros de La Habana.

Las carencias materiales, las insatisfacciones por razones ideológicas, la atracción de la sociedad de consumo unidos "a ciertas medidas laborales o de otro género" desgarraron a familias enteras.

En la isla es común oir que "todo el mundo tiene un tío, un hermano o un sobrino" en Estados Unidos. Se estima que más de dos millones de cubanos han emigrado desde el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, en 1959.

El tema de la emigración fue politizado en exceso en Cuba y durante casi 20 años familias enteras se vieron separadas por sólo 90 millas, distancia que separa a la isla de Miami, pero un abismo de intolerancia impedía hasta la correspondencia.

Hace más de una década que el gobierno cubano promueve la normalización del fenómeno migratorio, pero los que emigran lo hacen para "toda la vida" y los que se quedan saben que los contactos familiares dependerán de los vaivenes del conflicto entre La Habana y Washington.

Un estudio de la psicóloga Patricia Arés, de la Universidad de La Habana, destacó a principios de esta década los efectos negativos que tuvo sobre la familia cubana la desintegración causada por el sometimiento de los afectos personales a las ideas políticas.

Además, varios cientistas sociales han investigado las consecuencias negativas que tiene la formación de los adolescentes en escuelas internas, lejos de sus hogares.

Pero aunque estos problemas son reconocidos por las autoridades, los cubanos no están acostumbrados a que se traten en público y menos aún con el enfoque crítico y abierto con que los presentó este jueves el papa Juan Pablo II.

"Los padres, al haber dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos", dijo el pontífice al defender el derecho paterno a escoger la forma de educar a sus hijos.

La demanda del reconocimiento del derecho de los padres generó los primeros aplausos durante la misa dedicada especialmente a la familia, mientras la multitud reunida escuchó con atención y respeto los conceptos emitidos por el Papa sobre el divorcio, el matrimonio y el aborto.

Juan Pablo II defendió el matrimonio "con su carácter de unión exclusiva y permanente", y aseguró que "el hombre y la mujer tienen la capacidad de darse para siempre el uno al otro, sin que la donación voluntaria y perenne anule la libertad".

Asimismo, criticó la presentación de la maternidad "como un retroceso o una limitación de la libertad de la mujer" y "la falsa apariencia de libertad y progreso" que lleva a algunos sistemas económicos o culturales a promover y defender "una mentalidad antinatalista".

Según el Anuario Estadístico de Cuba, un país con unos 11 millones de habitantes, el año pasado se celebraron 65.009 matrimonios, de los cuales 13.603 fueron reconocidos como "formalización" de una unión consensual anterior.

En tanto, se reportaron 41.227 divorcios en el mismo período, según informes de la Oficina Nacional de Estadísticas

La tasa de divorcios alcanzó su nivel más alto en 1993, cuando se registraron seis divorcios por cada 1.000 habitantes, mientras la nupcialidad tuvo su punto máximo en 1992, con 17,7 matrimonios por cada 1.000 personas.

La alta cifra de abortos inducidos, considerada un problema de salud por los expertos, tuvo su momento más crítico en 1985, cuando se practicaron 138.671 abortos en las instituciones de salud, para una relación de 83,6 abortos por cada 100 partos.

En 1996 se realizaron en Cuba 83.827 abortos, según datos del Ministerio de Salud Pública, 59,4 abortos inducidos por cada 100 partos, 37,3 por cada 100 mujeres embarazadas y 25,9 por cada 1.000 mujeres entre 12 y 19 años.

Pero mientras el Papa ve en esto los síntomas de una crisis de valores que es imperativo superar, muchos expertos lo consideran como un proceso de evolución de la familia cubana. (FIN/IPS/da/ag/ip-cr/98

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