AMBIENTE: Estadounidenses pagarían por detener cambio climático

La mayoría de los estadounidenses están dispuestos a pagar más caros los productos derivados del petróleo para reducir el recalentamiento planetario, según un estudio publicado en vísperas de la tercera conferencia mundial sobre cambio climático.

Sin embargo, la población aún no es plenamente consciente de los riesgos potenciales del recalentamiento de la Tierra, causado por la acumulación de gases derivados del carbono en la atmósfera terrestre, según el informe del Centro de Investigación Pew para la Gente y la Prensa.

Sólo nueve por ciento de la población dice prestar mucha atención al debate sobre el cambio climático, mientras 24 por ciento se describe como "medianamente atenta" a la cuestión.

El informe, basado en una encuesta telefónica a 1.200 estadounidenses de distintos puntos del país, confirma que el interés público por los problemas ambientales disminuyó desde 1990. En ese año, 30 por ciento de los encuestados por la empresa Gallup expresaron preocupación por el recalentamiento planetario.

Apenas 24 por ciento del público admite que el cambio climático les causa gran preocupación, reveló Pew.

No obstante, 73 por ciento de los encuestados estarían dispuestos a pagar unos cinco centavos más por galón de gasolina, y 60 por ciento pagarían hasta 25 centavos más. El galón de gasolina (3,8 litros) cuesta actualmente 1,4 dólares en el surtidor.

La tercera conferencia de partes de la Convención sobre Cambio Climático, que se realizará en Kyoto, Japón, del 1 al 10 de diciembre, tendrá por fin acordar un plan internacional para reducir las emisiones de gases invernadero (producidos por la quema de carbón, petróleo y gas) en los próximos 10 a 20 años.

Tales gases, que atrapan el calor, son considerados responsables del aumento del promedio de la temperatura mundial, y si la tendencia no se detiene, podría desencadenar cambios en la atmósfera, un aumento significativo del nivel del mar y violentos fenómenos climáticos, según la mayoría de los expertos.

En la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, la mayoría de los países industrializados acordaron intentar reducir sus emisiones de gases invernadero a los niveles de 1990 para el año 2000, pero casi ninguno cumplió sus promesas.

En realidad, se cree que las emisiones aumentaron siete por ciento en Estados Unidos, el mayor productor mundial de dióxido de carbono, desde 1990. Al ritmo actual, el país lanzará a la atmósfera 13 por ciento más de gases invernadero que en 1990 para el año 2000.

La Unión Europea (UE) presentó este año un ambicioso plan para reducir las emisiones de gases invernadero de los países industrializados en 15 por ciento con respecto a los niveles de 1990 antes del año 2010.

El anfitrión de la conferencia de Kyoto, Japón, propuso una reducción promedio de cinco por ciento por debajo del nivel de 1990 entre los años 2008 y 2012.

Mientras, el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, anunció una propuesta sobre cambio climático que incluye la estabilización de las emisiones a los niveles de 1990 entre los años 2008 y 2012.

La propuesta también incluye el "intercambio" internacional de reducciones, la implementación conjunta e incentivos fiscales para aquellas empresas que reduzcan su emisión de gases invernadero antes del plazo estipulado.

Los ambientalistas estadounidenses esperaban una meta mucho más ambiciosa. Washington también accedió a la demanda del Congreso dominado por los republicanos -que debe ratificar cualquier tratado internacional- de que los países pobres también se comprometan con un régimen de reducción de las emisiones.

Las actuales proyecciones indican que grandes países en desarrollo como India y China excederán las emisiones totales de Estados Unidos a comienzos del próximo siglo.

Muchas compañías de energía que se oponen casi a cualquier plan de reducción de las emisiones realizaron anuncios publicitarios en los principales medios de Estados Unidos advirtiendo contra cualquier tratado que no obligue a los países pobres.

La encuesta publicada el jueves sugiere que las grandes empresas estarían ganando la batalla. Setenta por ciento de los encuestados creen que todos los países, ricos y pobres, deberían esforzarse por reducir el recalentamiento planetario.

Sólo 19 por ciento respondió que se debería permitir a los países pobres una reducción menor.

Cuando los encuestadores informaban a la gente de que Estados Unidos ya produce más dióxido de carbono por habitante que cualquier otro país, los encuestados expresaban que no por esa razón el país debe llevar el mayor peso de la reducción.

De todos modos, el combate al cambio climático no parece ser una prioridad ambiental para los estadounidenses. Los problemas más urgentes parecen ser la contaminación de los cursos de agua (a 61 por ciento les preocupa "mucho") y la polución del suelo y el agua por desechos tóxicos (59 por ciento).

Los estadounidenses también están preocupados por la contaminación ambiental (47 por ciento), la pérdida de biodiversidad (46 por ciento), la deforestación de los bosques tropicales (44 por ciento) y el daño a la capa de ozono (40 por ciento).

El recalentamiento del planeta quedó atrás, ya que sólo genera gran preocupación en 24 por ciento de los encuestados. (FIN/IPS/tra-en/jl/mk/ml/en/97

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