
Maldivas, un paraíso que avanza hacia su perdición
El cierre de una cadena de televisión es sintomático de la inestabilidad y precariedad institucionalidad que sacude a Maldivas desde hace unos meses.

El cierre de una cadena de televisión es sintomático de la inestabilidad y precariedad institucionalidad que sacude a Maldivas desde hace unos meses.

Investigadores de la no gubernamental Freedom House analizaron la situación de Internet en 65 países, que concentran a 87 por ciento de los internautas del mundo, y concluyeron que la evolución más notable se dio en Asia sudoriental.

De pequeño pueblo de pescadores, Karachi pasó a ser el mayor centro comercial e industrial de Pakistán, generando alrededor de la mitad de los ingresos fiscales de este país asiático, por lo que el impacto del cambio climático en esta

Justo antes del atardecer, una indígena de 14 años permanece indiferente y sin prisa por regresar a su casa, en contraste con el grupo de jornaleras de la comunidad shantal que se apresuran a terminar la recolección de papas en

Los pueblos indígenas y las comunidades locales son algunos de los mejores administradores ambientales. Sus medios de sustento y sus culturas dependen de los bosques, el agua limpia y otros recursos naturales, por lo que tienen fuertes incentivos para manejar

Rekha Rajagopalan, maestra de escuela de 26 años, vivió toda su vida en la sureña ciudad india de Chennai. Pero en 2015, cuando se casó, migró hacia la capital porque su esposo y la familia de éste estaban radicados allí.

Aunque 2017 fue un año signado por las crónicas sobre desastres humanitarios en todo el mundo, muchas crisis continúan desarrollándose y persistiendo en sus efectos devastadores sobre las poblaciones, plantea un informe presentado esta semana por la organización CARE.

Poco después de medianoche, un avión procedente de Arabia Saudita aterriza en Adis Abeba. De él descienden trabajadores que fueron expulsados, y que antes se habían ido de Etiopía para buscar empleo en un reino rebosante de riqueza petrolera.

El bangladesí Wahid Haider no ve a su hijo Nayeem, de 30 años, desde hace casi siete, cuando emigró a Italia, pero no lamenta en absoluto que haya dejado atrás su aldea natal en busca de mejores perspectivas económicas.

Tres amigos descansan tranquilos en un patio, conversan sobre sus complicados barrios en inglés y con fuerte acento estadounidense. Sus tatuajes reflejan la dura vida de la calle. Uno de ellos siente que Massachusetts es su hogar, y los otros

Todavía es incierta la repatriación de rohinyás, quienes buscaron refugio en Bangladesh tras ser expulsados de Myanmar (Birmania) por la violencia contra su pueblo, pues el acuerdo para legalizar el proceso es controvertido y poco práctico.

En Filipinas, no solo los presuntos consumidores y distribuidores de drogas corren riesgo de ser asesinados. La Federación Internacional de Periodistas (FIP) informó que este país es el más peligroso de Asia sudoriental y ocupa el sexto lugar en el

El año pasado fue «annus horribilis» para Newton Gunathileka, de 52 años. El pequeño productor de arroz del noroccidental distrito de Puttalam, en Sri Lanka, tuvo que abandonar en 2017 su terreno de casi una hectárea por primera vez en

Cientos de miles de rohinyás refugiadas de Myanmar (Birmania) viven en campamentos hacinados a lo largo de la frontera de ese país con Bangladesh. Víctimas de violencia sexual y física en el estado birmano de Rakhine, las mujeres ahora sufren

A medida que el agua se traga las playas de Fiyi, ni los muertos encuentran paz. El cementerio de Togoru, una aldea en la mayor de las islas de este país insular, quedó sumergido bajo el mar, y ya no

Los gobiernos de Myanmar (Birmania) y Bangladesh suscribieron el 23 de noviembre un acuerdo para el retorno de los rohinyás musulmanes, más de 600.000 personas que escaparon de la persecusión en el estado birmano de Rakhine y se refugiaron en

Narices cortadas, costillas rotas, dedos fracturados, brazos tajeados, moretones y rostros ensangrentados con pérdida de piezas dentales y ojos hinchados son algunas de las brutalidades que la pakistaní Sana Jawes, de 30 años, ha visto en la última década en