LA ESPADA DE DAMOCLES DEL TERRORISMO NUCLEAR

Las armas nucleares son el arma extrema del terrorismo, sea que las posean organizaciones terroristas o un gobierno. Son armas de aniquilación masiva que matan indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños. Muchos temen que caigan en manos de bandas terroristas, pocos advierten que quien quiera las detente son siempre armas terroristas.

Dada la naturaleza terrorista de las armas nucleares ¿qué es lo que las hace aceptables para tanta gente? Estas son preguntas con la que me estoy confrontando desde hace muchas décadas.

Esta aceptabilidad está arraigada en la teoría de la disuasión nuclear, que según sus proponentes ha mantenido y seguirá manteniendo la paz y se basa en muchas presunciones relacionadas con el comportamiento humano. Por ejemplo, presupone la racionalidad de los líderes políticos y militares. Pero parece evidente que no todos los líderes se comportan racionalmente en todo momento y en todas las circunstancias. La teoría de la disuasión implica la necesidad de comunicaciones claras, mientras que la amenaza de usar armas nucleares como represalia debe ser creíble para los líderes de la parte opuesta. Pero, como sabemos, las comunicaciones no siempre son claras y errores de percepción pueden influir en las opiniones.

Otro aspecto de la teoría de la disuasión es que se requiere un territorio contra el cual hacer la represalia. Esto no es válido en relación con una organización terrorista que no sea un Estado. Si un país no tiene un territorio contra el cual aplicar la represalia no puede haber disuasión nuclear. Si una organización terrorista adquiere armas nucleares no será disuadida por la amenaza de una represalia. Ello implica que no debe haber tolerancia alguna para una organización terrorista no estatal que pretenda adquirir capacidad nuclear.

Tampoco debería haber tolerancia alguna para la adquisición de armas nucleares por parte de los Estados. No limito esta observación a los Estados que buscan desarrollar arsenales nucleares, sino que la extiendo a quienes ya poseen armas nucleares. Los actuales arsenales pueden ser usados por accidente, por errores de cálculo o intencionalmente. Y hasta tanto algunos Estados posean armas nucleares y basen su seguridad en ellas habrá un incentivo para la proliferación.

La extendida complacencia ante el armamentismo nuclear es difícil de entender. La mayor parte de la opinión pública es consciente del tremendo daño que pueden infligir las armas nucleares, pero quizás se siente tranquilizada por el hecho de que no han sido usadas desde 1945. Estas armas están fuera de la vista y de la mente de la gente, quizás porque se siente impotente para influir sobre las políticas nucleares y por lo tanto las deja en manos de los expertos y los políticos. Esto es lamentable, ya que hasta que una amplia mayoría haga valer su voluntad de abolir las armas nucleares, los Estados poseedores continuarán contando con ellas.

El nuevo tratado de limitación de armas estratégicas -START- entre Estados Unidos y Rusia es un paso modesto para reducir el número de armas nucleares estratégicas desplazadas por ambas partes a 1.550 y el número de vehículos portadores a 700. El mayor valor del tratado está en que restaura las inspecciones de los arsenales de cada una de las partes por parte de la otra. En la Fundación para la Paz en la Era Nuclear, nosotros abogamos por la realización de los siguientes pasos:

-Reducir el número total de armas nucleares estratégicas, tácticas y de reserva a menos de 1.000 por país;

-Hacer un compromiso vinculante para el no uso en primer lugar de armas nucleares y para no usarlas jamás y en ninguna circunstancia contra Estados no nucleares;

-Anular la situación de alerta de todas las armas nucleares, para evitar empleo accidental, error de cálculo o arranque de ira;

-Poner límites a las defensas con misiles y prohibir las armas espaciales;

-Comenzar negociaciones multilaterales para aprobar una convención para la prohibición de todas las armas nucleares en todo el mundo de una manera escalonada, verificable, irreversible y transparente.

Esos pasos serían indicaciones de que la inmoralidad, ilegalidad y cobardía de amenazar con el uso de armas nucleares está siendo enfrentada con propósitos serios. Con el debido respeto por la santidad de la vida y por las generaciones futuras podemos y debemos hacer más que simplemente vivir en la inercia actual. Podemos eliminar un arma que amenaza a la civilización y a la supervivencia de la humanidad. Éste es el mayor desafío de nuestro tiempo, un desafío al que debemos responder con compromiso y persistencia. Es hora de reemplazar una Destrucción Mutuamente Asegurada por una Seguridad y Supervivencia Planetaria Garantizadas. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) David Krieger, Presidente de la Nuclear Age Peace Foundation ( www.wagingpeace.org) es uno de los líderes del movimiento global para la abolición de las armas nucleares.

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