NACIONES UNIDAS – En la mañana del 26 de agosto, una serie sin precedentes de crecidas repentinas azotó Nepal y la Región Autónoma del Tíbet de China, causando una destrucción inmensa, la muerte de cientos de civiles y dejando a miles de personas desaparecidas. Barrios enteros han quedado sumergidos bajo el agua y el barro, mientras el gobierno nepalí y las organizaciones humanitarias se apresuran a prestar ayuda de emergencia.
«Los miembros de mi familia fueron arrastrados por la riada ante mis propios ojos», declaró a los periodistas Kalpana Malla, del distrito nepalí de Nuwakot. «No pudieron escapar de la riada; no hubo ninguna posibilidad. Esta riada se lo llevó todo, pero mi hijo y yo subimos al tejado de una casa y sobrevivimos, aunque no sabría explicar cómo», se condolió.
Aunque por el momento se desconoce la causa directa de las inundaciones, las cifras del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) indican que estas fueron provocadas por un importante colapso glaciar, tras haber informado anteriormente de que se debían a un terremoto de magnitud 4,4.
El sucesivo flujo de escombros y el colapso de las ondas sísmicas aguas abajo, provocados por un evento sísmico de magnitud 5,2, se abatieron sobre la frontera entre Nepal y China, destruyendo edificios y carreteras a lo largo del río Trishuli.
«El análisis inicial de imágenes de satélite del antes y el después sugiere ahora que parte de un glaciar se derrumbó en lo alto de las montañas2, afirmó la profesora Liz Stephens, catedrática de Riesgos Climáticos y Resiliencia en el Departamento de Meteorología de la Universidad de Reading, en el Reino Unido.
Señaló que la estabilidad de los entornos de alta montaña se ve cada vez más amenazada por los efectos globales del cambio climático.
La académica británica recordó que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) tiene «alta confianza» en que podrían producirse en el futuro «fenómenos en cascada complejos» similares si no se abordan pronto los factores climáticos subyacentes.
Regiones enteras de Nepal han quedado inaccesibles debido a las fuertes inundaciones y los deslizamientos de tierra, que han destruido al menos 35 puentes, han afectado a más de 40 kilómetros de carreteras y han interrumpido los servicios de telecomunicaciones y electricidad en aproximadamente 10 % del total de las zonas afectadas.
Las regiones más afectadas son el distrito de Rasuwa, cerca de Katmandú, en el norte de Nepal; el distrito de Nuwakot, en el centro-norte de Nepal; y las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi.
Según cifras de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (Ocha), unas 10 000 familias necesitan urgentemente ayuda de emergencia, ya que muchas de ellas se han visto privadas de servicios básicos, como alojamiento, alimentos, suministro de agua y acceso a la asistencia sanitaria.
Un día después de la catástrofe, el 27 de agosto, Lila Pieters Yahia, coordinadora residente de las Naciones Unidas (ONU) en Nepal, informó a los periodistas sobre que al menos 359 personas habían perdido la vida.
Yahia también señaló que aproximadamente 910 civiles siguen desaparecidos, aunque diversos medios de comunicación informan de que la cifra supera los 1300.
Desde entonces, las autoridades nepalíes han confirmado 900 fallecidos y más de 4247 desaparecidos.
Se prevé que estas cifras varíen en los próximos días a medida que el personal de ayuda humanitaria vaya accediendo cada vez más a las zonas aisladas.
De los desaparecidos, Yahia señaló que aproximadamente 517 son ciudadanos extranjeros de más de 30 países, entre ellos cientos de China y la India, además de unos 90 de Estados Unidos.
«Cualquiera que se encuentre en un valle de montaña se enfrenta a los mismos riesgos, pero los turistas son más vulnerables porque es posible que no reconozcan el peligro o no comprendan las advertencias locales», afirmó Fatima M. Pillosu, hidrometeoróloga e investigadora especializada en crecidas repentinas del Departamento de Meteorología de la británica Universidad de Reading.
Añadió que «es posible que los visitantes procedentes de regiones donde este tipo de fenómenos son poco frecuentes no sean conscientes de lo rápido que puede crecer el caudal de un río de montaña, ni de que estos valles también se enfrentan a avalanchas, deslizamientos de tierra e inundaciones provocadas por el deshielo de los glaciares, incluso en época seca. Saber de antemano lo que puede ocurrir y qué hacer si ocurre es una de las medidas de protección más útiles».
Los niños de Nepal se encuentran entre las poblaciones más afectadas; el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) estima que al menos 17 000 niños se han visto afectados.
Unicef ha registrado la destrucción de al menos 18 escuelas y daños en otras 20. Se prevé que unos 10 000 niños en edad escolar necesiten ayuda urgente para continuar su educación, lo que incluye nuevos materiales didácticos, acceso a centros de aprendizaje temporales y servicios de apoyo psicosocial tanto para los niños como para los profesores.
«Los niños de Rasuwa y Dhading vieron cómo sus vidas se esfumaban literalmente ante sus ojos en muy poco tiempo, con sus hogares, aulas e instalaciones médicas dañadas», afirmó Alice Akunga, representante de Unicef en Nepal. «Los niños que han sobrevivido a las inundaciones se enfrentan ahora a un mayor riesgo de enfermedades, desnutrición, violencia y explotación», añadió.
Yahia informó a los periodistas de que la ONU y sus socios se encuentran actualmente sobre el terreno, prestando apoyo directo a las comunidades vulnerables y, al mismo tiempo, llevando a cabo evaluaciones para determinar la magnitud exacta de las necesidades.
Actualmente, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) está preparado para proporcionar equipamiento y raciones de emergencia a las comunidades que se encuentran en primera línea de la crisis. Además, dos miembros del personal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) están distribuyendo tiendas de campaña, apoyo logístico y botiquines médicos para unas 10 000 personas durante aproximadamente tres meses.
Aunque la ONU ha identificado un riesgo potencial de nuevas inundaciones en algunas zonas de Nepal, está colaborando estrechamente con el gobierno nepalí para ampliar sus operaciones de salvamento en los ámbitos de la salud, la nutrición, el agua, el saneamiento, la protección y la educación.
A raíz de la catástrofe, tanto los países como las entidades de la ONU han comenzado a enviar suministros de emergencia y fondos para las labores de socorro en Nepal. El subsecretario general de Asuntos Humanitarios y coordinador de Ayuda de Emergencia de la ONU, Tom Fletcher, anunció que se destinarían 2 millones de dólares del Fondo Central de Respuesta a Emergencias (CERF) de la ONU.
El Departamento de Estado de Estados Unidos, por su parte, se ha comprometido a enviar a un asesor en respuesta ante desastres, junto con 500 000 dólares en ayuda.
Yahia también confirmó que Suiza ha enviado más de 600 000 dólares en ayuda, y que otros países, como Japón, Australia y el Reino Unido, se han comprometido a enviar fondos y suministros de ayuda en los próximos días. Países vecinos de la región, como la India, Bangladés y Sri Lanka, han comenzado a enviar suministros de emergencia.


