La ONU reitera su prohibición de fumar, vigente desde hace 18 años

Un pasillo libre de humo en la ONU. Imagen: IPS

NACIONES UNIDAS – Cuando fumar era habitual en los pasillos de la ONU, en la sala de delegados y en las salas de comisiones durante las décadas de los setenta y los noventa, la oficina del Secretario General envió un memorándum en el que se leía: «Se desaconseja fumar» en el edificio de la ONU, lo que sonaba muy lejos de ser una prohibición.

El embajador ruso Serguéi Lavrov (1994-2004), actualmente ministro de Asuntos Exteriores del país, salió de una reunión del Consejo de Seguridad y sacó un cigarrillo en presencia de media docena de periodistas que le esperaban fuera de la sala.

Al acercarse a los periodistas, uno de ellos le comentó que el secretario general había prohibido fumar en el edificio. Y Lavrov replicó: «Este edificio no pertenece al secretario general. Pertenece a los Estados miembros», dijo mientras encendía su cigarrillo.

Y Lavrov dio en el clavo.

La prohibición de fumar no entró en vigor hasta que la Asamblea General, integrada por 193 miembros, aprobó una resolución en 2008, hace 18 años.

En virtud de la Resolución 63/8 y de la Circular Informativa de la Secretaría ST/IC/2016/10, las Naciones Unidas impusieron una prohibición total de fumar en espacios cerrados y de la venta de productos del tabaco en todas las instalaciones de la sede de la ONU. Fumar y utilizar cigarrillos electrónicos quedó restringido exclusivamente a zonas al aire libre designadas y señalizadas.

• La resolución 63/8, aprobada el 3 de noviembre de 2008, imponía una prohibición total de fumar en espacios cerrados y de la venta de tabaco en la sede de la ONU en Nueva York, al tiempo que recomendaba restricciones similares en todas las oficinas regionales y nacionales del sistema.

• Circular informativa ST/IC/2016/10: Este documento administrativo actualizó y sustituyó a circulares anteriores (como la ST/IC/2009/29), reiterando las estrictas directrices de cumplimiento para el personal, los delegados y los visitantes en relación con la normativa sobre el lugar de trabajo libre de humo.

Pero, al parecer, se produjeron incumplimientos de la prohibición.

Una nueva circular publicada la segunda semana de agosto por la Unidad de Medios de Comunicación y Enlace (Malu, en inglés) de la ONU ha reiterado la prohibición de fumar, y con bastante antelación a la llegada de miles de delegados que acudirán a la ONU para las sesiones de la Asamblea General a mediados de septiembre.

«Por favor, recuerden: las terrazas, porches, entradas y otros espacios al aire libre no son automáticamente zonas para fumadores. Solo se puede fumar o utilizar cigarrillos electrónicos en las zonas específicamente designadas y claramente señalizadas», reza la circular.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), según lesa circular, afirma que no existe un nivel seguro de exposición al humo de tabaco de segunda mano y que los entornos totalmente libres de humo ofrecen la protección más eficaz.

Incluso una exposición breve puede afectar a la salud cardiovascular y respiratoria, especialmente en el caso de personas con asma, enfermedades cardiovasculares, otras afecciones respiratorias o una mayor sensibilidad al humo.

El humo de segunda mano puede extenderse más allá de la persona que fuma y afectar a compañeros de trabajo, delegados, visitantes y personal de servicio que no han elegido estar expuestos a él.

El aerosol de los cigarrillos electrónicos también puede contener nicotina, partículas ultrafinas y otras sustancias potencialmente nocivas; por este motivo, el uso de cigarrillos electrónicos está sujeto a las mismas restricciones de la sede de la ONU.

Según la OMS, con sede en Ginebra, el tabaco daña casi todos los órganos del cuerpo, provocando cáncer, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedades pulmonares, disminución de la fertilidad, debilitamiento del sistema inmunitario y muerte prematura.

• El tabaco mata a más de siete millones de personas cada año, incluidos más de 1,6 millones de no fumadores expuestos al humo de segunda mano.

• Todas las formas de consumo de tabaco son nocivas y no existe un nivel seguro de exposición.

• Alrededor de 80 % de los 1200 millones de consumidores de tabaco del mundo viven en países de ingresos bajos y medios

• La nicotina es altamente adictiva y nociva, especialmente para los niños, adolescentes y adultos jóvenes, cuyos cerebros aún se están desarrollando.

La epidemia del tabaco, según la OMS, es una de las mayores amenazas para la salud pública a las que se ha enfrentado el mundo, responsable de más de siete millones de muertes al año, así como de discapacidad y sufrimiento a largo plazo debido a enfermedades relacionadas con el tabaco.

El consumo de tabaco es un factor de riesgo importante para las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, más de 20 tipos o subtipos diferentes de cáncer y muchas otras afecciones de salud debilitantes.

Todas las formas de consumo de tabaco son nocivas y no existe un nivel seguro de exposición al tabaco. Fumar cigarrillos es la forma más común de consumo de tabaco en todo el mundo. Otros productos del tabaco son el tabaco para pipa de agua, los puros, los puritos, el tabaco calentado, el tabaco para liar, el tabaco para pipa, los bidis y los kreteks, y los productos de tabaco sin humo.

La nicotina es altamente adictiva y nociva, especialmente para los niños, adolescentes y adultos jóvenes, cuyos cerebros aún se están desarrollando. La exposición a la nicotina durante la adolescencia puede afectar al desarrollo cerebral, lo que incluye repercusiones en la atención y el aprendizaje.

El consumo precoz de nicotina puede aumentar la probabilidad de dependencia a largo plazo y del consumo futuro de otros productos de nicotina y tabaco. El consumo de nicotina también aumenta el riesgo cardiovascular, advirtió la OMS.

«Alrededor de 80 % de los 1200 millones de consumidores de tabaco en todo el mundo viven en países de ingresos bajos y medios (2), donde la carga de las enfermedades y las muertes relacionadas con el tabaco es mayor. El consumo de tabaco contribuye a la pobreza al desviar el gasto de los hogares de necesidades básicas, como la alimentación y la vivienda, hacia el tabaco. Este comportamiento de gasto es difícil de frenar porque el tabaco es muy adictivo», agregó.

Los costes económicos del consumo de tabaco son considerables e incluyen importantes gastos sanitarios para el tratamiento de las enfermedades causadas por el tabaquismo, así como la pérdida de capital humano derivada de la morbilidad y la mortalidad atribuibles al tabaco.

T: MF / ED: EG

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