El colapso económico en Cuba impulsa el auge de la religiosidad

Feligreses participan en un culto de ayuno en la Iglesia Metodista del Vedado, en La Habana. La agudización de la crisis económica que padece Cuba impulsa entre los cubanos el reavivamiento de su religiosidad. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – “Oremos por la economía de este lugar, oremos por la economía de esta casa”, predicaba la esposa del pastor asistente, frente al menos 300 personas durante un culto de ayuno el martes 15, en la Iglesia Metodista del Vedado, ubicada en el centro de la capital de Cuba.

Un dúo de piano y batería acompañaba, in crescendo, esta oratoria vociferante y emotiva, junto a las plegarias silenciosas de cientos de creyentes que, levantando las manos, poco a poco alzaban sus voces.

“En el nombre de Jesús… en el nombre de Jesús…”, coreaba la mujer.

Economía, salud, familia, crisis y fe en Dios fueron los puntos cardinales de la liturgia de aquel día, que continuó el pastor y luego concluyó en los bajos de la escalinata del templo, mientras bendecía, en forma de despedida, a cada uno de sus feligreses.

“Vengo por las bendiciones, a pedir salud para mi familia y prosperidad en estos tiempos tan complejos”, dijo a IPS Juana Rodríguez, una habanera de 54 años responsable de su hogar, participante en el ayuno.

Debido a la crisis económica cada vez más sumida en el colapso que afronta Cuba desde la pandemia de la covid en 2020, acentuada en 2026 por el bloqueo petrolero y las sanciones financieras de Estados Unidos, se percibe entre los cubanos un reavivamiento de su fe.

“La religiosidad popular del cubano se encierra en una frase: ‘Nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena’. Muy mediática, muy inmediata y muy pragmática. Y ahora está tronando duro, más duro que en los 90, porque no hay de dónde asirse”: Pedro Álvarez.

A veces se puede observar por la masiva asistencia a los cultos o por un aumento de los predicadores que hacen proselitismo en las calles y espacios públicos concurridos, en un país que desde el triunfo de la revolución en 1959 y hasta entrados los años 80 predicó desde el poder el ateísmo.

Según Pedro Álvarez, investigador del Departamento de Estudios Socio Religiosos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (Cips), en los últimos cinco años se ha notado un aumento de iniciaciones en las religiones de origen africano adhesiones a cultos de la Iglesia evangélica, dos de los principales troncos religiosos de la isla.

Las misas de la Iglesia católica, agregó en entrevista con IPS, suelen tener muchos menos feligreses que los cultos evangélicos, salvo en determinadas fiestas del santoral. En esas fechas se suman practicantes de religiones de origen africano, quienes establecen correspondencias sincréticas entre sus deidades y los santos católicos.

“Uno de los factores fundamentales de que las personas busquen abrigar una religión, es la crisis económica”, dijo a IPS Alfredo Ramos, de 40 años, quien comenzó hace 12 años en el Ifá, consagración que lo acredita como babalawo, un sacerdote y adivino de la religión yoruba.

El Ifá forma parte del sistema religioso, filosófico y de adivinación originario del pueblo yoruba de África Occidental, que está muy presente en Cuba desde la llegada de esclavos africanos a esta isla en el siglo XVI.

De acuerdo con Ramos, cada vez más personas, sobre todo jóvenes, van a consultarse con él, ya sea para “abrirse camino, o por economía, trabajo o un sinfín de cosas”.

“El ser humano teme a lo desconocido, y trata siempre de, ante la crisis, buscar en qué apoyarse. Con la crisis que se vive hoy, las personas necesitan buscar una orientación, porque el futuro es incierto y nadie sabe qué pasará”, añadió.

La consulta consiste en una sesión de adivinación en la que el babalawo, mediante los instrumentos de Ifá, interpreta la situación del consultante y le señala qué pasos seguir, qué evitar o qué ofrendas hacer.

Las ofrendas, que antes conllevaban con frecuencia el sacrificio de animales -palomas, gallinas chivos, carneros u otros-, fueron readecuadas tras un convenio entre los babalawos debido a los altos precios de estas especies, y ahora suelen demandar solo miel, frutas, dulces, flores o apenas agua.

“Las personas vienen mucho por problemas económicos, buscando una salida porque se sienten afixiados. Pero si se les marca (pide para sacrificio) un animal, que está carísimo, entonces tienen dos problemas, porque siguen con su problema económico y, además, al no poder sacrificarle al orisha (la deidad), se le quedan debiendo”, explicó Ramos.

Procesión en La Habana en homenaje a Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona católica de Cuba. El pueblo cubano es plurireligioso y multireligioso, coinciden varios especialistas en estudios sociorreligiosos. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Sinnúmero de creyentes

Si bien es evidente un aumento de la religiosidad en Cuba, no existen muchas maneras de saber, a ciencia cierta, cuántos creyentes existen en esta nación insular caribeña de 9,4 millones de habitantes, reconoció Álvarez.

Según este investigador del Cips, existen más de 650 expresiones religiosas inscritas en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia, entre las que se encuentran 57 corrientes evangélicas y protestantes, y cientos de casas de espiritismo que aparecen como expresiones religiosas individuales, pese a sus claras similitudes.

Debido a las limitaciones registrales, la incapacidad de comprobar los procesos de bautizos o iniciaciones, además de las miles de congregaciones sin registrar (sobre todo evangélicas), realmente no se pueden manejar cifras exactas sobre las iglesias que operan en el país.

“Además, Cuba es un pueblo plurireligioso y multireligioso, características muy fuertes de la cultura y costumbres cubanas”, afirmó Álvarez.

En definitiva, el cubano creyente no solo suele saltar de una religión a otra con cierta facilidad (de ahí lo de multireligioso), sino que puede practicar varias religiones a la vez, sin contradicciones aparentes, lo que dificulta aún más el susodicho conteo.

“Es un suceso muy peculiar en Cuba: usted puede ser santero, palero, abakúa, espiritista (iniciados en distintas religiones de origen africano), practicar New Age e ir a la iglesia. Hay un concepto dentro de la cultura cubana: ‘yo no creo en nada, pero por si acaso, le pongo una velita’”, dijo Álvarez.

Esa laxitud en el compromiso religioso, sin abandonar la fe en lo divino, fue clasificada por el Departamento de Estudios Socio Religiosos cubano como “religiosidad popular”.

Miembros de la Asociación Yoruba participan en una ceremonia religiosa para recibir el nuevo año, en La Habana. La religión sufrió prejuicios políticos entre las décadas del 70 y 80 por los dogmas del ateísmo científico heredados por el campo socialista. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Religiosidad popular

Un estudio de esta insitución, tras encuestar a unos 20 000 cubanos entrer 1988 y 1990, concluyó que 73 % de estos tenía algún grado de religiosidad. Ello cuando no había comenzado el actual auge de las iglesias y aún no asomaba la crisis de los 90, que se ha cronificado en el país, con momentos de recuperación o de hundimiento.

La religiosidad de los encuestados se dividió en tres niveles. Poco más de 60 % se ubicó entre el nivel más bajo y el intermedio, que abarcaban desde la mera creencia en seres sobrenaturales o en los cotidianos agüeros, hasta la creencia en los santos milagrosos populares.

El resto minoritario de los creyentes estaba compuesto por militantes religiosos.

Los investigadores del Cips coinciden en que las cifras totales deben haber aumentado, al punto de que estiman que 80 % de la población cubana esté hoy “dentro de la religiosidad popular”, contó Álvarez.

Sin embargo, como no han podido desplegar un estudio de la misma envergadura desde entonces, tampoco pueden probarlo científicamente.

Para solventar un poco esa carencia, propusieron que se incluyeran dos preguntas en el próximo censo de población y viviendas que el gobierno cubano implementará este 2026: “¿Usted tiene alguna creencia religiosa?”, la primera pregunta; y la segunda: “¿Cuál?

Finalmente, no se incluirá ninguna por “determinación estatal”, reveló Álvarez, pues el gobierno consideró que esa cuestión se trataba de un problema individual, y tampoco se querían revivir los viejos demonios del periodo ateísta que transitó Cuba entre inicios de los 70 hasta mediados de los 80, bajo el entonces dogma marxista-leninista soviético.

En esa época, responder afirmativamente a esas preguntas podría acarrear alguna marginalización.

En las planillas para el ingreso a la universidad, se formulaban preguntas similares que podían condicionar el acceso ciertas carreras a quienes se declararan practicantes religiosos. Tampoco podían estos integrar el Partido Comunista de Cuba, que sigue siendo el único permitido en el país, entre otros prejuicios políticos.

En 1984, en un encuentro entre el entonces gobernante Fidel Castro (1959-2008) y el Consejo Ecuménico de Cuba (actual Consejo de Iglesias), el entonces presidente cubano reconoció:

“Ustedes son discriminados, pero no como ustedes piensan, ustedes no son discriminados religiosamente, ustedes tienen la libertad para realizar sus cultos, sus seminarios, y hacer todo tipo de actividades propias de una iglesia. Ustedes son discriminados políticamente”.

En esos años empezó un giro gradual de esta política hacia un mayor respeto a la libertad religiosa, pero las secuelas de ese periodo todavía perduran en la sociedad actual.

A ello contribuyó la visita del papa Juan Pablo II en 1998, la primera de un pontífice católico a un país de gobierno marxista, a la que siguieron los viajes de Benedicto XVI en 2012 y de Francisco en 2015, a la que siguió una breve escala en 2016. Pero pese a esos gestos la Iglesia católica está sobrepasada actualmente por los cultos evangélicos.

“Nací en un seno familiar religioso completamente. En los 90 yo era un muchacho, pero recuerdo que no podía tener los atributos ni vestirme de la manera que debe hacerse cuando uno se inicia en la religión yoruba”, dijo el babalawo Ramos.

Feligreses participan en un culto de ayuno en la Iglesia Metodista del Vedado, en La Habana. Durante la persistente crisis económica, muchos cubanos en situación de vulnerabilidad frecuentan las iglesias en busca de beneficiencia y fe. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Auges religiosos en tiempos de crisis

Las crisis despiertan fes desde mucho antes. En Cuba, ya en 1930, durante la crisis económica producto del crac del 29, la caída del precio del azúcar y la dictadura de Gerardo Mechado, se observó un aumento de personas que acudían a la prominente Iglesia católica, dijo Álvarez.

Según el investigador, en los años 50, bajo la dictadura del golpista Fulgencio Batista, surgió otro reavivamiento de la religiosidad. Debido a esa suerte de fervor, entre 1950 y 1952 se celebró incluso la primera Campaña Nacional Evangélica

Otros testimonios recopilados apuntan a otro despegue en 1975 -aunque con mayor fuerza en 1981- entre los combatientes de la guerra de Angola, en la que participó Cuba contra el régimen del apartheid de Sudáfrica.

“Tanto los combatientes de Angola, como la familia que se quedaba en Cuba, usaban la religión como protección para no morir en la guerra”, dijo Álvarez.

Con la crisis económica que llegó posteriormente en la década de 1990, tras la caída del campo socialista, ocurrió otro periodo de efervecencia religiosa.

“En los 90 vino la pérdida del paradigma, y hubo que buscarse uno nuevo que te aguante. Y para colmo de males, la crisis propició que el pensamiento de supervivencia predominara”, agregó Álvarez.

Muchos cubanos entonces se afiliaron a la Iglesia católica, a las religiones de origen africano y, con un despegue inaudito, a las iglesias evangélicas y protestantes.

Varios expertos hablan, no de un revivamiento religioso, sino de una visibilización de las expresiones religiosas, hasta entonces ocultas por los anteriores prejuicios políticos.

Desde la pandemia de covid en 2020 y la posterior y cada vez más profunda crisis económica -con signos de colapso en este 2026-, llegó otra etapa similar y quizás más agravada.

“La religiosidad popular del cubano se encierra en una frase: ‘Nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena’. Muy mediática, muy inmediata y muy pragmática. Y ahora está tronando duro, más duro que en los 90’, porque no hay de dónde asirse”, dijo Álvarez.

Muchos templos de las más diversas religiones, con la inflación y la escasez de bienes esenciales en el mercado cubano, hoy ofrecen alimentos, medicinas y otros bienes en forma de beneficiencia a personas que lo necesitan.

La Iglesia Metodista del Vedado, por ejemplo, los jueves brinda almuerzos de caridad a los adultos mayores y ayuda a los niños los domingos. En el ayuno del martes 15, el pastor donó un colchón en medio de la liturgia.


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Otras iglesias y organizaciones religiosas canalizan su labor de caridad a través de instituciones especializadas; algunas congregaciones lo hacen mediante redes cooperativas entre los propios feligreses, mientras que las religiones más descentralizadas, como las de origen africano, recurren al vínculo entre padrino y ahijado o a las hermandades dentro de las casas religiosas.

Pero todas suelen aparecer ante sus feligreses como puntos de apoyo «donde asirse» en medio de la crisis, aunque a veces estas personas sean vulnerables económicamente y, por tanto, susceptibles al proselitismo y a la conversión religiosa.

“Las personas no vienen a la iglesia por las cosas materiales, sino por la fe y la esperanza”, acotó a IPS un alto cargo de una corriente evangélica en Cuba, quien prefirió mantenerse en anonimato.

Reconoció que las labores de las distintas iglesias no bastan para cubrir las necesidades de toda la sociedad, pero al menos sirven para paliar las dificultades de unos cuantos, y de paso, cumplir su “misión” de acompañarlos y evangelizarlos.

“Si estuvieras experimentando momentos de crisis, estarías buscando soluciones, y si no encuentras soluciones, te vas a aferrar a la fe. Algunas personas encuentran soluciones fuera del país, pero la fe y la esperanza en la iglesia es lo único que está funcionando en Cuba”, dijo.

ED: EG

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