KUNMING, China – Es posible que el mundo disponga de fondos suficientes para proteger la naturaleza. El mayor problema, según la responsable del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB), es que una parte demasiado grande de esos fondos sigue destinándose a actividades que la destruyen.
A solo cuatro años de que finalice el plazo para cumplir los objetivos mundiales de biodiversidad para 2030, Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva del CDB, afirmó que los gobiernos deben cambiar urgentemente el destino de los fondos si quieren frenar la pérdida de la naturaleza.
Su advertencia se produce apenas unas semanas antes de que los gobiernos se reúnan en Ereván, la capital de Armenia, con motivo de la 17 Conferencia de las Partes (COP17) del CDB, la cumbre sobre biodiversidad que tendrá lugar del 19 al 30 de octubre.
En una rueda de prensa organizada por la Secretaría del CDB el 11 de septiembre —tras el «Diálogo de Kunming», de tres días de duración—, Schomaker afirmó que los gobiernos deben reorientar los flujos financieros y reformar los incentivos que fomentan actividades perjudiciales para la naturaleza.
Sin esos cambios, advirtió, los avances en el marco del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal seguirán siendo demasiado lentos. Ese Marco se aprobó en la COP15, celebrada presencialmente en la ciudad canadiense de Montreal en diciembre de 2022, tras ser parcialmente suspendida de su sede inicial de Kunming por la pandemia de covid.
¿Qué está frenando la acción en materia de biodiversidad?
El Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece 23 objetivos para proteger y restaurar la biodiversidad, que se resumen en el lema «30×30», porque buscan proteger al menos 30 % de la superficie terrestre y de las aguas continentales y marinas para el año 2030.
Desde su adopción, los gobiernos han estado llevando a cabo el primer balance global de la aplicación del marco, examinando los avances en los distintos países y en cada uno de los objetivos.
Este balance comenzó tras la COP16, celebrada en la ciudad colombiana de Cali, y analiza el panorama completo de la aplicación, desde las metas que los países se han fijado hasta las políticas, los planes, la financiación y otras medidas que están poniendo en marcha para alcanzarlas.
Sus conclusiones se están recopilando en el informe sobre el estado de las medidas en materia de biodiversidad, que presentará la evaluación mundial definitiva en la COP17.
El «Diálogo de Kunming», celebrado del 7 al 9 de septiembre, ofreció a gobiernos, científicos, pueblos indígenas, representantes de la juventud y organizaciones de la sociedad civil un avance de las tendencias que se desprenden de este balance.
Si bien más de 70 % de los países han presentado informes nacionales y más de 90 % han establecido objetivos de biodiversidad alineados con el marco global, el panorama que se perfila es mucho menos alentador. Los avances siguen siendo desiguales, y la aplicación va a la zaga de la magnitud y el ritmo necesarios para alcanzar los 23 objetivos para 2030.
Las conclusiones preliminares sugieren que los esfuerzos globales aún no avanzan con la rapidez ni a la escala necesarias para alcanzar los 23 objetivos para 2030. En otras palabras, aunque los países han avanzado en el establecimiento de compromisos, la aplicación sigue estando muy por debajo de lo requerido.
«Es evidente que se están haciendo progresos, pero son desiguales y, claramente, tampoco se dan al ritmo ni a la escala necesarios», declaró Schomaker a IPS.
Brecha entre los objetivos globales y la acción nacional
Uno de los mayores problemas es que los compromisos en materia de biodiversidad aún no se han incorporado plenamente a las políticas nacionales, los presupuestos y las decisiones económicas.
Según Schomaker, algunas de las mayores brechas se dan en la financiación, la movilización de recursos y los esfuerzos por integrar la biodiversidad en la labor de los ministerios y los sectores económicos más allá del ámbito medioambiental.
Jillian Campbell, responsable de Planificación, Seguimiento y Conocimiento de la Secretaría del CDB, señaló que el problema no es que los países no hayan establecido objetivos. Más bien, a menudo existe una brecha entre lo acordado a nivel mundial y lo que los países se han comprometido a hacer a nivel nacional.
«La mayoría de las Partes han establecido objetivos nacionales que abarcan casi todos los objetivos globales. Sin embargo, los objetivos nacionales a menudo no cubren el alcance completo de los objetivos globales», dijo a IPS.
A medida que los países han ido adaptando el marco global a sus propios planes nacionales, parte de su ambición se ha perdido por el camino. Esto resulta especialmente evidente en ámbitos en los que la acción depende de ministerios ajenos al de Medio Ambiente, como los de Finanzas, Agricultura, Infraestructuras y Desarrollo.
Esto plantea una cuestión más amplia —y que probablemente será fundamental en la COP17—: ¿el problema es realmente la falta de dinero para la biodiversidad, o se trata de adónde va a parar el dinero existente?
Para Schomaker, la respuesta es clara.
«El mayor elefante en la habitación de todo esto es la descoordinación de los sistemas financieros», aseguró a IPS. «Hay suficiente dinero en la economía mundial. La pregunta es: ¿adónde va ese dinero?», planteó.
El dinero fluye en la dirección equivocada
Los gobiernos, las empresas y las instituciones financieras siguen canalizando grandes cantidades de dinero hacia actividades que dañan los ecosistemas, incluso cuando se comprometen a proteger la naturaleza.
Cambiar ese patrón, señaló Schomaker, debería ser una de las prioridades centrales de la COP17.
Los debates en Kunming pusieron de relieve una comprensión cada vez mayor de que la pérdida de biodiversidad no se debe únicamente a lo que ocurre en los bosques, los ríos y los océanos. También viene determinada por las decisiones que se toman en las salas de juntas, los ministerios y las instituciones financieras.
Los participantes señalaron las subvenciones, las inversiones y otros incentivos financieros que siguen haciendo que las actividades perjudiciales para la naturaleza resulten más atractivas o rentables.
Asad Naqvi, secretario del Órgano Subsidiario de Ejecución, afirmó que la solución al problema de la financiación de la biodiversidad podría residir, por tanto, en parte en cambiar la forma en que se utiliza el dinero existente, en lugar de limitarse a buscar nuevas fuentes de financiación.
Señaló que los gobiernos siguen destinando grandes sumas a incentivos que socavan la biodiversidad, especialmente a través de subvenciones perjudiciales en la agricultura y los combustibles fósiles. Sugirió que reorientar esos recursos podría ayudar a cubrir los déficits de financiación y, al mismo tiempo, abordar algunas de las causas fundamentales de la pérdida de la naturaleza.
La biodiversidad más allá de la política medioambiental
La financiación, sin embargo, es solo una parte del reto.
El Diálogo de Kunming también puso de relieve la necesidad de que los gobiernos traten la biodiversidad como una cuestión que afecta a toda la economía, en lugar de como algo que compete principalmente a los ministerios de Medio Ambiente.
Los ministerios de Agricultura, Finanzas, Infraestructuras y Desarrollo toman decisiones que pueden proteger o dañar los ecosistemas. A menos que se tenga en cuenta la biodiversidad en esas decisiones, los gobiernos podrían encontrarse intentando reparar el daño medioambiental con una mano, mientras que con la otra lo agravan aún más.
Se espera que ese enfoque más amplio sea una parte importante de los debates de la COP17.
Para muchos observadores, la importancia de la COP17 dependerá de cómo respondan los gobiernos a las conclusiones del informe «Estado de las medidas sobre la biodiversidad», y de si son capaces de convertir los compromisos en acciones más rápidamente.
Se espera que la conferencia se centre en acelerar la implementación, subsanar las carencias de financiación y abordar los objetivos en los que el progreso sigue siendo más escaso.
Mientras los delegados se preparan para reunirse en Ereván, el debate va más allá de si los gobiernos apoyan el marco global de biodiversidad.
A solo cuatro años de la fecha límite de 2030, ajustar la financiación a las necesidades de la naturaleza puede convertirse en una de las pruebas decisivas de la agenda global de biodiversidad.
T: MF / ED: EG


