SANTIAGO – La economía de la región crecerá apenas 2,2 por ciento en 2026, menos aún que el año pasado, marcada por un entorno global adverso y por sus rémoras estructurales, indicó el estudio anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), presentado este jueves 20.
José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal, dijo que “la región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor”.
“Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, a la vez, avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y de las empresas, amplíe la protección social y genere más empleos formales de calidad”, sostuvo Salazar-Xirinachs.
El “Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026” indica que la economía regional crecería 2,2 % en 2026, después de expandirse en 2,4% en 2025, y se recuperaría hasta el 2,5 % en 2027.
De confirmarse estas proyecciones, la región completaría cinco años con un crecimiento promedio cercano a 2,3 %, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar significativamente los espacios de políticas sociales.
Según el estudio, el deterioro del contexto internacional -con menor crecimiento mundial, mayores tensiones geopolíticas, volatilidad financiera y presiones en los mercados de energía- explica en parte la desaceleración prevista para 2026.
Sin embargo, advierte que la principal limitación al crecimiento regional es de carácter estructural: bajos niveles de inversión, escaso crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal, y una elevada y persistente informalidad laboral.
Para este año se espera una desaceleración de la economía global, con un crecimiento de 2,9 %, la tasa más baja desde 2022.
Las rivalidades geopolíticas y la disrupción del suministro energético han elevado los precios del petróleo, los fertilizantes y el transporte, mientras que la persistencia de tasas de interés internacionales relativamente altas y la apreciación del dólar podrían endurecer las condiciones de financiamiento para las economías emergentes.
La Cepal proyecta que América del Sur crezca 2,5 %, tanto en 2026 como en 2027.
Venezuela crecería 6,5 % (tras una década de crecimiento negativo o muy bajo), Paraguay 4,3; Argentina 3,3; Perú 3,2; Colombia 2,6; Ecuador 2,4; Brasil 2,2; Chile 1,6; Uruguay 1,5 y Bolivia 0,5 %.
El crecimiento estimado para México es de 1,3 %, aunque en 2027 puede alcanzar 1,9 %.
En la subregión América Central los mejores números corresponden a Nicaragua (4,5 %), Panamá (4,4), Guatemala y República Dominicana, ambas con 4.0 %. El Salvador crecería 3,9 %, Costa Rica 3,7 y Honduras 3,5 %.
Cuba tiene el peor desempeño económico de la región y se prevé un decremento de -10,3 % de su PIB en 2026 y de -5,1 % en 2027. Haití también decrece, -1,9 %.
En la subregión Caribe sigue destacando el caso de Guyana, con su bum petrolero, para un crecimiento de 16,2 % en 2026 y de 19,7 % el año próximo. Granada, Suriname y Antigua y Barbuda crecen 3,5 %, San Vicente y las Granadinas 3,0, y Belice y Barbados 2,5%.
Trinidad y Tobago crece un modesto 0,8 %, y Jamaica estará este año en recesión, con -1,2 %, aunque se recuperará hasta 2,5 % en 2027.
El informe de la Cepal considera que la inflación permanecería contenida, aunque su convergencia hacia las metas sería más lenta. El choque de precios reciente se ha concentrado principalmente en la energía y los fertilizantes, con una transmisión a los alimentos más limitada que en episodios anteriores.
En el frente laboral, el número de ocupados aumentó en 1,6 % en 2025 -unos 4,3 millones de puestos de trabajo-, pero el ritmo de creación de empleo se desaceleró por tercer año consecutivo.
La tasa de desocupación disminuyó a 5,3 % y la informalidad laboral siguió reduciéndose, aunque todavía comprende cerca de la mitad de las personas ocupadas.
Los indicadores de comienzos de 2026 confirman una expansión más moderada del empleo y muestran que la posibilidad de sostener las mejoras laborales dependerá cada vez más de aumentos en la inversión, la productividad y el crecimiento.
En materia fiscal, la estabilización de la deuda pública bruta en torno a 52 % del PIB en América Latina no ha sido suficiente para reconstruir el espacio fiscal.
El bajo crecimiento, el elevado costo del financiamiento y el aumento del pago de intereses limitan los recursos disponibles para elevar la inversión pública, la protección social y acelerar la transformación productiva.
La Cepal concluye que reducir la informalidad es una condición necesaria para fortalecer la capacidad de crecimiento de la región y salir de la trampa de baja capacidad para crecer.
La formalización productiva permitiría mejorar la calidad del empleo, ampliar la protección social, reducir desigualdades, aumentar la capacidad de las economías para convertir el crecimiento en avances sostenidos de productividad, ampliar el espacio de las políticas públicas y consolidar procesos de transformación productiva.
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