América Latina pierde horas de sueño debido al cambio climático

El calor ocasiona la pérdida de horas de sueño, especialmente para los habitantes de ciudades costeras y en zonas tropicales, como es el caso de muchas en América Latina. Una causa que ha incrementado el problema es el cambio climático, de acuerdo con un estudio que advierte sobre los riesgos para el desempeño de las personas y de su salud, incrementando los riesgos de enfermedad e incluso de muerte. Imagen: Ahmet Misirligul / Shutterstock

PRINCETON, Estados Unidos – Los habitantes de América Latina, especialmente los de ciudades tropicales y costeras donde las noches son más cálidas, pierden muchas horas de sueño debido al cambio climático, mostró una investigación de la organización Climate Central divulgada este miércoles 15.

“Ahora podemos cuantificar una consecuencia oculta, pero creciente, del aumento de las temperaturas. El cambio climático se traduce en una pérdida cuantificable de horas de sueño para las personas de todo el mundo”, afirmó Kristina Dahl, vicepresidenta de Ciencia de Climate Central.

El estudio analizó la situación de 1338 grandes ciudades en todo el mundo, combinando investigaciones de vanguardia sobre el efecto de las temperaturas en el sueño con los últimos avances en la ciencia de la atribución.

El análisis reveló que la cantidad de pérdida de sueño relacionada con la temperatura, y vinculada al cambio climático, se ha duplicado, como mínimo, desde principios de la década de 1970.

También mostró que, en los últimos cinco años, una persona promedio a nivel mundial perdió casi 56 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas.

Más de 10 % de esa pérdida de sueño se atribuyó al cambio climático, causado principalmente por la quema de combustibles fósiles -como el carbón, el petróleo y el gas- y la deforestación.

Aunque las mayores pérdidas de sueño asociadas al cambio climático se registran en ciudades de Medio Oriente, el análisis muestra que el fenómeno tiene impactos importantes en América Latina, especialmente en ciudades tropicales y costeras donde las noches son cada vez más cálidas.

Entre los casos más afectados aparecen Barranquilla (Colombia) y Acapulco (México), donde una persona promedio perdió alrededor de 93 horas de sueño al año entre 2020 y 2025 debido a las altas temperaturas nocturnas. De ese total, seis horas son atribuibles directamente al cambio climático.

También destacan Cartagena (91 horas de sueño perdidas al año, seis asociadas al cambio climático), Cancún (91 horas, cinco atribuibles al calentamiento global) y Belém, Brasil (84 horas, seis relacionadas con el cambio climático).

Otras ciudades latinoamericanas también presentan impactos importantes. En Caracas, el estudio estima una pérdida de 67 horas de sueño al año, de las cuales siete horas están vinculadas al cambio climático.

En Cali (Colombia) la cifra alcanza 61 horas, con siete atribuibles al calentamiento global, mientras que en Brasilia se estiman 52 horas de sueño perdidas, también con siete horas asociadas al cambio climático.

Incluso ciudades de clima más templado muestran efectos medibles. En Buenos Aires, por ejemplo, las personas perdieron en promedio 44 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas, de las cuales cuatro horas fueron consecuencia del cambio climático.

En otras regiones las consecuencias también son duras: en ciudades de Arabia Saudita, Omán y los Emiratos Árabes Unidos se perdieron entre 55 y 87 horas de sueño anuales debido al aumento de las temperaturas nocturnas; de ellas, entre 12 y 16 horas de pérdida se debieron al cambio climático.

Los habitantes del sur de la India y de varios países del sudeste asiático perdieron entre 78 y 91 horas de sueño al año debido a las temperaturas nocturnas más altas, incluidas entre ocho y nueve horas atribuibles al cambio climático.

En algunas ciudades de África occidental -incluidas localidades de Níger, Nigeria y Burkina Faso-, la población perdió 65 horas o más de sueño al año, de las cuales entre 10 y 11 horas estaban relacionadas con el cambio climático.

Las temperaturas nocturnas elevadas dificultan que el cuerpo reduzca su temperatura durante el descanso, un proceso esencial para lograr un sueño reparador.

La evidencia científica muestra que dormir menos o dormir mal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, accidentes, problemas de salud mental y deterioro del rendimiento cognitivo.

Los investigadores advierten que el impacto no afecta por igual a toda la población. Los adultos mayores, las mujeres, los niños pequeños, las embarazadas, y las personas de menores ingresos, son especialmente vulnerables.

Además, las ciudades sufren el efecto de isla de calor urbana, que mantiene temperaturas nocturnas más elevadas que en las zonas rurales.

El informe también destaca que el acceso al aire acondicionado continúa siendo muy desigual entre países y grupos sociales. En consecuencia, las personas con menos recursos podrían estar experimentando pérdidas de sueño incluso mayores que las estimadas por el estudio.

Con la investigación “se observa un mayor impacto en los residentes de países de bajos ingresos, en las personas mayores y en las mujeres”, dijo la médica canadiense Courtney Howard, de la Alianza Global para el Clima y la Salud, con sede en Berkeley, Estados Unidos.

“Los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño por noche para gozar de una salud óptima. Si la falta de sueño se prolonga de forma habitual, se asocia con el aumento de peso, la diabetes, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y un mayor riesgo de muerte”, agregó Howard.

A-E/HM

 

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