ROMA – El ingreso bruto de los agricultores en todo el mundo puede aumentar en promedio nueve por ciento en los próximos años, pero la volatilidad derivada de los conflictos armados y otras crisis arriesga que, en cambio, se sitúen por debajo de los niveles actuales, advierte un estudio de dos organizaciones multilaterales.
El estudio publicado este lunes 29 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), apunta al plazo de una década, culminando en 2035, pero también señala los riesgos para el más corto plazo.
Establece en primer lugar la previsión de que aumente el ingreso agrícola bruto por trabajador, impulsado por las mejoras de productividad y unos precios agrícolas mayormente estables.
Sin embargo, si se mantiene la frecuencia de las perturbaciones observadas en los últimos años, existe una probabilidad de 25 % de que los ingresos agrícolas se sitúen en 2035 por debajo de los niveles actuales.
A coto plazo los “riesgos significativos” están asociados a las recientes subidas de los precios de la energía y la consiguiente disminución en el uso de fertilizantes, que podrían afectar a la producción agrícola en 2027.
Aunque los países de ingresos altos pueden absorber más fácilmente esos choques, los de ingresos bajos se enfrentan a un deterioro de la seguridad alimentaria, indican las organizaciones en el informe “Perspectivas Agrícolas Ocde-FAO 2026-2035”.
Mathias Cormann, secretario general de la Ocde, dijo que “nuestros sistemas agroalimentarios están bajo presión y los agricultores están en primera línea ante el encarecimiento de la energía y los fertilizantes”.
En un escenario de estabilidad, se prevé que la producción agrícola y pesquera mundial aumente un 13 % en los próximos diez años, impulsada principalmente por las mejoras de la productividad y la intensificación de la producción, y que el crecimiento se concentre en Asia, África subsahariana y América Latina.
No obstante, el informe también subraya los posibles efectos negativos de las perturbaciones, aunque sean temporales.
Si, durante la segunda mitad de 2026, se mantuviera el incremento promedio de 33 % en los precios de la energía observado en los primeros seis meses del año, la producción mundial de cereales descendería 0,9 % en 2027, y la contracción alcanzaría 1,7 % en los países de ingresos bajos.
Las pérdidas de ingresos asociadas y el aumento del precio de los alimentos también obligarían a los hogares de los países con ingresos más bajos a reducir el consumo de alimentos y a optar por alimentos más baratos.
En su alerta en favor de los agricultores, Cormann expresó que “su resiliencia es nuestra seguridad alimentaria. Protegerla requiere un mayor apoyo para hacer frente a las perturbaciones climáticas, una inversión sostenida en productividad y mercados mundiales abiertos y que funcionen adecuadamente».
Por su parte, Qu Dongyu, director general de la FAO, dijo que “si queremos mantener el crecimiento de la productividad en los sistemas agroalimentarios, debemos reforzar su resiliencia. Pero la resiliencia no consiste en superar la última crisis, sino en prepararse para la próxima”.
Expuso que es necesario invertir “desde hoy, en rutas comerciales diversificadas, reservas regionales de insumos agrícolas esenciales, infraestructuras resilientes y una combinación energética más diversificada en los sistemas agroalimentarios que reduzca la dependencia del petróleo”.
El informe señala que en un contexto de estabilidad -en el que se prevé que el crecimiento de la producción provenga principalmente de las mejoras de productividad- seguirá siendo necesaria una cierta expansión de las superficies de cultivo y del número de cabezas de ganado.
En consecuencia, se espera que las emisiones directas de gases de efecto invernadero -que calientan el planeta- procedentes de la agricultura aumenten alrededor de 6,5 % durante la próxima década.
Se prevé que cerca de 77 % de este aumento sea atribuible a la ganadería, como resultado del crecimiento de los rebaños, mientras que los fertilizantes sintéticos aportarán previsiblemente el 23 % restante.
Asimismo, se espera que las mejoras previstas en la productividad ejercerán una presión a la baja sobre los precios reales de los productos básicos agrícolas.
Esta evolución puede beneficiar a los consumidores, aunque también podría plantear importantes dificultades a los pequeños agricultores, que son más vulnerables a la volatilidad de los mercados y suelen contar con menos recursos para incorporar las tecnologías e incrementar la productividad.
Por tanto, los gobiernos deben respaldar el aumento de la productividad, al tiempo que mejoran el acceso de los agricultores a los mercados y ofrecen programas de apoyo adaptados a las necesidades locales.
La cooperación multilateral, los mercados abiertos y un sistema internacional de comercio agrícola basado en normas siguen siendo esenciales para reforzar la seguridad alimentaria mundial, favorecer dietas más diversificadas y contribuir a la estabilización de los ingresos agrícolas, concluye el informe de la FAO y la Ocde.
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