GINEBRA – Lo que comenzó como una interrupción del transporte en uno de los puntos estratégicos marítimos más críticos del mundo, el estrecho de Ormuz, se ha convertido en un riesgo para el desarrollo a mayor escala, advirtió en un nuevo reporte ONU Comercio y Desarrollo (Unctad).
Desde principios de marzo, la Unctad ha alertado de que las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, salida al océano Índico desde el golfo Pérsico, están afectando a mucho más que los mercados energéticos, y ahora estableció un nuevo panel de control para seguir otros riesgos que se extienden por la economía mundial.
Por el estrecho transita una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima, así como volúmenes significativos de gas natural licuado y fertilizantes, bienes que influyen directamente en los costos de transporte, la producción de alimentos y la inflación.
Esa garganta marítima es escenario de la confrontación desatada por los ataques de Israel y Estados Unidos conta Irán el 28 de febrero, lo que bloqueó la navegación civil, y un posible acuerdo entre los contendientes para reabrir la vía permanece en un limbo de negociaciones estancadas y amenazas de escalar el conflicto.
Tanto Teherán como Washington ordenaron un bloqueo en Ormuz para los buques cuyo tránsito consideran que favorece al bando rival, al tiempo que juegan a endurecer y aliviar alternativamente sus posturas para negociar el cese de la guerra.
La Unctad registró que la perturbación se agudizó rápidamente: el tránsito de buques por el estrecho se redujo en 95 %, mientras que los precios del petróleo y el gas, las tarifas de flete de los buques cisterna, los costos del combustible marítimo y las primas de los seguros contra riesgos de guerra aumentaron drásticamente.
El precio del petróleo crudo en Europa subió 53 % hasta la cuarta semana de abril, según la Unctad. Este martes, el crudo de Estados Unidos de nuevo pasó de 100 dólares por barril de 159 litros, y el Brent, referente europeo, alcanzó los 111 dólares.
Para el 1 de abril, la Unctad advirtió que la crisis se estaba propagando a través del comercio, los precios y las finanzas, y que las economías en desarrollo se enfrentaban a monedas más débiles, caídas en los precios de las acciones y aumentos en los costos de endeudamiento externo.
El impacto también se ha extendido del gas a los cereales. Las interrupciones en el suministro de energía y fertilizantes están aumentando los riesgos para la producción, el suministro y los precios de los alimentos, sobre todo para los países ya expuestos a altos costos de importación, presiones de deuda y un margen fiscal limitado.
Los precios de los productos alimenticios básicos ya subieron seis por ciento, como promedio mundial, según el panel de la Unctad en su sede en esta ciudad suiza.
El impacto alcanza a todas las regiones y cada vez más sectores de la economía. En Asia y Europa comienzan a escasear el combustible de aviación (queroseno), el de buques (fuelóleo) y el diésel, utilizado para el transporte por carretera y para la maquinaria agrícola.
En Estados Unidos, el mayor consumidor de gasolina en el mundo, los precios de ese combustible promedian a la fecha 4,18 dólares por galón (3,8 litros), con valores sobre los cinco dólares en los estados del Pacífico, versus 2,91 dólares antes de la actual guerra en el Medio Oriente.
Analistas y medios de ese país concuerdan en que el precio del combustible y su impacto en otras áreas de la economía pesarán en la elección parlamentaria de mitad de período el próximo noviembre, en la que el opositor Partido Demócrata podría arrebatar la mayoría al Republicano, del presidente Donald Tump.
En Asia, China ha resistido el corte en los suministros petroleros desde el Golfo gracias a sus reservas acumuladas, pero su producción y comercio se verán seriamente afectadas si el conflicto y el cierre de Ormuz se prolongan.
India y otras economías asiáticas como Indonesia, Pakistán, Tailandia, Bangladés, Sri Lanka y Myanmar ya se ven afectadas y avanzan en medidas de ahorro como el teletrabajo para empleados y el racionamiento de combustibles.
Tres regiones donde el impacto puede resultar muy severo en provisión y precios de combustible y de alimentos son las islas del Caribe, los pequeños Estados insulares del Pacífico, y las naciones de África que dependen tanto de comida importada para personas y ganado como de fertilizantes para su agricultura.
Para los productores de petróleo y gas en la región del conflicto -Irán, Iraq, Kuwait, Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Omán y -en menor medida- Arabia Saudí, la guerra y el cierre del estrecho han traído daños a su infraestructura y capacidad de producción y de generar ingresos.
Una entre tantas consecuencias es el anunciado retiro de Emiratos Árabes Unidos de la Opep (Organización de Países Exportadores de Petróleo), para escapar del sistema de cuotas en el grupo y el cual limita su capacidad de producir y exportar crudo.
Para los exportadores de petróleo de fuera de la región en conflicto -como Rusia, Canadá, Brasil, Guyana, Nigeria o Angola- la crisis les genera ingresos adicionales, pero importadores netos -como Chile y América Central, por ejemplo- resienten el alza de su factura petrolera.
En el mundo de las finanzas, el cierre de Ormuz ha provocado fuertes movimientos a la baja en las bolsas de valores y elevado la volatilidad de los activos financieros. Los operadores de esos mercados buscan refugio en títulos y activos más seguros, como el oro, y las condiciones para el crédito se hacen más restrictivas.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y varias agencias del sistema de Naciones Unidas han advertido de que, si el conflicto en el Golfo y el cierre de Ormuz se prolongan, existe el riesgo de una recesión económica global y también el del incremento, en decenas de millones, del número de habitantes del planeta que padecen hambre.
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