BUENOS AIRES – Martín Dupont tenía 23 años cuando se graduó en la Universidad de Buenos Aires y empezó a trabajar en una productora de espectáculos. Durante 15 años tuvo vacaciones pagadas, cobertura por enfermedad y aportes jubilatorios. Luego lo despidieron y deambuló por distintos empleos, la mayoría sin esos beneficios. Hoy tiene 51 años y se resigna a que difícilmente recupere la formalidad laboral.
“Veo a quienes tienen un empleo asalariado formal como privilegiados, miembros de una verdadera casta laboral; para mí, se trata de generar ingresos como sea”, dice en diálogo con IPS Dupont, quien mantiene dos hogares porque está separado con un hijo y su exesposa, diseñadora gráfica, solo tiene ingresos ocasionales.
“Ha habido un cambio cultural. Cuando ofrecen formalidad, las empresas muchas veces le piden al empleado que resigne una porción del salario con tal de tener un ingreso estable y en blanco, que ya es considerado un privilegio y no un derecho”, agrega.
Lejos de ser un caso aislado, su realidad es la que padecen millones de argentinos en un país donde el empleo se ha precarizado, deteriorando las condiciones de vida y generando inestabilidad para las mayorías; un proceso que lleva 15 años y se agudizó en los últimos dos, desde que asumió la presidencia el ultraderechista Javier Milei.
El dato tal vez más sorprendente es que, a diferencia de la década de 1990 -cuando el entonces presidente Carlos Menem aplicó un programa de recorte del gasto público y apertura de la economía parecido al de Milei y el desempleo trepó hasta cerca de 20 %-, ahora la desocupación se mantiene baja y en caída: en el último trimestre de 2025 registró 6,6 %, un 1,0 % menos que el trimestre previo y 0,3% menos que el último de 2024.
“El empleo crece, pero a través del cuentapropismo informal: las personas se autoemplean. El empleo formal está estancado desde hace 15 años y la novedad es que lo que más aumenta ya no es lo que llamamos trabajo en negro. El empleo crece con una masa creciente de personas que salen a generar ingresos por su cuenta”: Jorge Colina.
Detrás de ese dato hay una sociedad castigada, que se acostumbró a la crisis permanente y en la que millones de personas se vieron obligadas a no esperar nada de nadie y crearse sus propias maneras de generar ingresos.
“El último dato de desocupación parece bueno, pero esconde un deterioro profundo de la calidad del empleo”, advierte un informe publicado en diciembre por el Instituto de Desarrollo Social Argentino (Idesa), un centro de estudios independiente con oficinas en Buenos Aires y Córdoba.
“El empleo crece, pero a través del cuentapropismo informal: las personas se autoemplean. El empleo formal está estancado desde hace 15 años y la novedad es que lo que más aumenta ya no es lo que llamamos trabajo en negro. El empleo crece con una masa creciente de personas que salen a generar ingresos por su cuenta”, explica a IPS Jorge Colina, presidente de Idesa.
Este economista agrega que esas personas muchas veces ni siquiera están inscriptas en el monotributo, el sistema para pequeños contribuyentes independientes de la agencia recaudadora argentina, que permite blanquear ingresos y de esa manera hacer un aporte jubilatorio, tener una obra social y acceder al sistema financiero.
El cuentapropismo informal es lo que permite vivir, en condiciones precarias, a quien da una clase de inglés o hace la manicura a domicilio, al que cuida personas enfermas o al que reparte comida a través de una plataforma digital.
“Son ocupaciones, generalmente, sin ingresos estables, sin protección social y de muy baja productividad”, dice Colina.
Muchas veces esas ocupaciones son asumidas para complementar ingresos en sus tiempos libres, por gente que ya tiene trabajo, como Martín Dupont. “Hace unos años quedé desempleado y empecé a vender vinos por internet, actividad que, cuando conseguí trabajo, mantuve de manera paralela”, cuenta.
A pesar de ello, dice que el dinero cada vez le alcanza menos: “Mi sueldo casi congelado, la menor venta de vinos por la caída de la actividad económica y una inflación que bajó desde que está Milei pero se mantiene consistente (31,5 % en 2025) es una combinación letal”.

Reforma laboral
La respuesta del gobierno ante esta realidad es un proyecto de reforma laboral que el Congreso –donde el oficialismo está fortalecido luego de su triunfo en las elecciones legislativas de octubre pasado– va a debatir a partir de la segunda semana de febrero y que recorta derechos de los trabajadores.
Así, se propone reducir el monto de las indemnizaciones por despido, permitir a los empleadores a pagar los juicios laborales en cuotas y favorecer que las empresas fraccionen las vacaciones de su personal en períodos de siete días.
La iniciativa también limita el derecho de huelga (mediante una ampliación de las actividades hoy consideradas esenciales) y establece que las asambleas de personal tienen que ser autorizadas por el empleador y no pueden afectar las actividades laborales.
Según Milei, quitar a los trabajadores derechos consagrados desde hace décadas va a generar que las empresas salgan a contratar gente –la actividad privada está congelada en unos 6,2 millones de puestos de trabajo desde hace 15 años- y que crezca el empleo formal, cuando la informalidad alcanza a 43,3 % de los trabajadores, de acuerdo al último dato oficial.
El entusiasmo del gobierno por la reforma laboral, compartido por las grandes compañías de sectores como petróleo y minería, despierta el previsible rechazo de los sindicatos y genera más bien indiferencia entre las pequeñas y medianas empresas, que dependen del consumo interno y están en graves problemas por el modelo de Milei.
“Lo que necesitamos para generar trabajo es la reactivación del mercado interno a través de una mejor en el salario real de los trabajadores. También necesitamos ayuda del Estado. Por ejemplo, en Brasil o en México, el ausentismo del trabajador lo paga el sistema de seguridad social y en Argentina lo paga en 100 % el empresario”, dijo a IPS Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA).
La CGERA agrupa a más de 40 cámaras sectoriales de pymes y promueve la industria argentina, hoy castigada por una avalancha de importaciones. De hecho, Fernández preside la empresa Lynsa –fábrica de cremalleras con más de 60 años de historia-, que actualmente tiene 72 empleados pero tenía más de 90 al comienzo del gobierno de Milei.
“Los despidos se dan porque, para facilitar las importaciones, se han eliminado todas los aranceles y las tarifas aduaneras que protegían a la industria nacional. Eso es lo que habría que revertir para que crezca el empleo”, apunta.
De acuerdo a datos privados, por la caída de la actividad económica, desde que comenzó el gobierno de Milei se perdieron unos 120 000 empleos privados formales y unos 80 000 en el empleo público, además de unos 25 000 trabajos en casas de familia.

Estabilidad perdida
Solana Vilar tiene 22 años, vive en un suburbio de Buenos Aires, está terminando su carrera universitaria en Comunicación y escribió su tesis de grado sobre el cambio de las expectativas laborales de los argentinos, consultando a muchos jóvenes como ella, en el que cuenta como el modelo del empleo estable y el futuro previsible ha ido desapareciendo.
“Hoy todo es más fragmentado, más corto, más incierto. En lugar de un único trabajo para toda la vida, aparecieron las trayectorias laborales partidas, las entradas y salidas, los contratos temporarios, las horas extras usadas para compensar sueldos que no alcanzan”, escribió en su tesis.
Su propia realidad es testimonio de ello: “Trabajo en una agencia de publicidad, ocho horas diarias, pero también tomo encargos como free lance.. Así que estoy casi siempre trabajando, y pendiente del teléfono celular, también los fines de semana”, dice a IPS.
Solana sostiene que entre los jóvenes argentinos de hoy hay dos posturas: los que aspiran a un trabajo formal y a tiempo completo, que escasea, y los que prefieren trabajar por su cuenta, porque sienten que así manejan sus tiempos y porque adhieren a la filosofía de la meritocracia, que sostiene que el que más se esfuerza es el que más gana.
Justamente los jóvenes que nunca conocieron los derechos de la formalidad laboral y se acostumbraron a la independencia son los que votaron masivamente a Milei en 2023 y 2025 y avalan su idea de retirar al Estado de su rol de equilibrador de las relaciones dispares de fuerzas entre el capital y el trabajo.
Ese escenario se da sobre un telón de fondo de deterioro de la situación de quienes tienen trabajo formal: en 2025 el salario real de los privados estuvo 2,3 % por debajo de la inflación y el de los empleados públicos, 8,9 %.
Así, los argentinos cada vez se conforman con menos: la remuneración pretendida por los trabajadores en diciembre pasado fue 3,7 % inferior que el mes anterior, de acuerdo a un relevamiento de la consultora Bumeran.
Milei, mientras tanto, sobreactúa celebrando el favor de los mercados financieros y asegura que la reforma laboral hará crecer la economía. Una buena parte de los argentinos cree en él, al menos por ahora, cuando dice que vienen tiempos mejores.
ED: EG


