Nuevos mercados en dólares provocan nuevas desigualdades en Cuba

Varios clientes son atendidos por dependientes de una bodega en La Habana, el establecimiento estatal que expende productos racionados a precios subsidiados. Cada vez son menos los alimentos subsidiados que pueden obtenerse a precios asequibles en Cuba. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – Nuevas medidas de dolarización en Cuba acentúan las desigualdades entre la población, con cada vez menos opciones de adquirir productos esenciales en moneda nacional, a precios accesibles para el poder adquisitivo de la mayor parte de la población.

“La gente ha tenido que planificarse mejor y comprar mucho menos, para que el dinero alcance a fin de mes”, dijo a IPS Jorge Ramírez, de 61 años, residente en el municipio de Guanabacoa, uno de los 15 que conforman La Habana.

Mientras Ramírez revisaba su “libreta de abastecimiento”, la cual contabiliza las entregas de productos racionados –a precios subsidiados– que realiza el Estado a núcleos familiares, recordó que no recibía la cuota mensual de 0, 45 kilogramos de pollo por persona desde febrero de 2024.

En diciembre fue la última vez que le suministraron aceite en la “bodega”, como se conoce en la isla al punto de venta que despacha estos productos normados.

De azúcar, cuyos excedentes componían la mayoría de las exportaciones de Cuba hace décadas, Ramírez apenas recibe 0, 9 kilogramos mensuales, la mitad de lo que hace cinco años, antes de que la pandemia de la covid agudizara la crisis económica que enfrenta el país actualmente.

Según la ministra de Comercio Interior Betsy Díaz, en una reunión interna sobre el balance anual de su despacho relativo a 2024, realizada en marzo, las ventas de los productos racionados decrecieron respecto a 2023. De hecho, dijo, se incumplió con entregas de leche, azúcar, café, y sal y otros bienes.

Las cuotas de estos y otros pocos recursos normados nunca bastaron para cubrir la demanda alimenticia de los 10 millones de habitantes de la isla. Sin embargo, la depreciación que ha ido padeciendo esa vía barata de acceder a víveres, ha deteriorado la calidad de vida de una gran parte de la población cubana.

Como Cuba importa 80 % de los alimentos que consume, y el Estado encamina una política de reestructuración macroeconómica y de eliminación de las que llama “gratuidades” –o sea, de subsidios a determinados productos y servicios–, a los asalariados dependientes del presupuestado estatal, que representan la mayor fuerza laboral, no les queda otra que encontrar vías de ingreso alternativas para subsistir.

“La gente ha tenido que planificarse mejor y comprar mucho menos, para que el dinero alcance a fin de mes”: Jorge Ramírez.

El salario medio en Cuba es de 4648 pesos, unos 38,7 dólares de acuerdo a la tasa de cambio oficial de 120 pesos por un dólar, y unos 14 dólares según el mercado informal de divisas, que condiciona los precios de muchos productos y servicios.

“En el mercado agropecuario (de productos elaborados en el campo cubano), cada semana se me va una cuarta parte de mi salario, entre tomates, unas pocas cebollas y alguna otra verdura”, afirmó Ramírez, profesor universitario, que gana el equivalente a 50 dólares según el cambio oficial.

Quienes viven un poco mejor que la media, dependen económicamente de las remesas que envían familiares desde el extranjero; o de empleos mejor remunerados que ofrecen algunas empresas estatales con buenos dividendos, el sector privado, o el trabajo informal, el cual excluye de derechos laborales y garantías en la seguridad social.

“Dejé la medicina por una simple razón: el dinero. Ahora me dedico a ser custodio (personal de seguridad) por las noches, en el almacén de una mipyme (micro, pequeña y mediana empresa) privada”, dijo a IPS el habanero de 26 años Ernesto Suárez, graduado de medicina general integral.

La situación podría complicarse más con las nuevas medidas de dolarización que impulsa el gobierno, un viento en contra más para la mayoría de la población que no tiene acceso a divisas.

Estantes vacíos en un mercado en La Habana, que comercializa productos en la moneda libremente convertible, el MLC, con equivalencia al dólar. Muchas personas temen que el MLC pierda más su capacidad de compra con el surgimiento de nuevos establecimientos de venta que ya aceptan ese rubro virtual. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Bienvenido el MLC

El primer ministro cubano, Manuel Marrero, ha insistido en el aumento de la dolarización como estrategia para recaudar las divisas que escasean en las arcas del Estado, necesarias para desarrollar los polos productivos.

Cuba lleva un lustro usando divisas en transacciones internas de la isla, desde que en octubre de 2019 se anunciaron los mercados con precios en MLC, la moneda libremente convertible, un rubro virtual con equivalencia a un dólar.

Altos directivos del país insistieron en esos días que productos de alta necesidad como los alimenticios no se comercializarían en esos establecimientos, sino que se mantendrían en los puntos de venta en pesos cubanos.

Al cierre de 2019, ya existían 80 mercados que funcionaban en MLC, cifra que se multiplicó con la llegada de la covid. Paso a paso, el Estado fue expandiendo el pago en divisas a distintas áreas, como el turismo, los aeropuertos, gasolineras o el cobro de aranceles al sector privado, entre otras.

Además, alimentos fundamentales empezaron a transarse en MLC, mientras escaseaban en mercados en moneda nacional. En ese punto, el comercio minorista ya se había dolarizado casi por completo, a través de ese rubro virtual, que prácticamente solo podía adquirirse al cambiarlos por dólares en efectivo a través del banco, transacciones internacionales, o en el mercado informal de divisas.

La circulación en pesos cubanos había quedado reservada, principalmente, a productos racionados, agrícolas y establecimientos comerciales privados, los cuales imponían precios excesivos que oscilaban según una especulativa oferta y demanda, y el valor del dólar “negro”.

En la sesión de diciembre último del unicameral parlamento cubano,  Marrero anunció nuevas medidas de dolarización, como el establecimiento de una tasa de cambio “variable” en el mercado de divisas oficial, mucho menos usado que el informal, en el que el dólar ronda los 350 pesos.

En teoría, estas decisiones no se mantendrían a largo plazo, y sino hasta que la política de estabilización macroeconómica empiece a rendir resultados positivos.

“Se ratifica la política del gobierno de avanzar en la desdolarización de la economía”, subrayó el primer ministro ante el parlamento, pero, en las redes sociales, muchos usuarios respondieron con un total escepticismo, fruto de que ese mismo discurso ya se había repetido, de cierta manera, en 2019.

Un cartel advierte que en ese establecimiento de La Habana, el pago de los productos se realiza mediante tarjetas en dólares, incluida la cubana llamada Clásica, de la estatal empresa Fincimex. Las autoridades cubanas prometen que la moneda libremente convertible, la MLC, no desaparecerá con la proliferación de nuevos mercados que reniegan de aceptar pagos en esa moneda virtual. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Adiós al MLC

En 2025, ocurrió algo que muchos cubanos interpretan como un “borrón y cuenta nueva” (volver a empezar): el surgimiento de nuevos establecimientos que venden en divisas, pero reniegan del MLC.

El 6 de enero, en el programa televisivo Mesa Redonda, autoridades del Ministerio de Comercio Interior anunciaron que se abrirían mercados que solo aceptarían dólares en efectivo, de tarjetas bancarias internacionales o una nueva tarjeta cubana llamada Clásica, de la empresa estatal Fincimex.

En ese espacio, la viceministra Aracelis Cardoso señaló que “la prioridad del Estado es mantener la mayoría del comercio interior en moneda nacional”, pero a continuación añadió que es necesario dolarizar una parte de sus servicios para obtener el financiamiento que necesita el ministerio y los “programas sociales” del país.

Algunos economistas coinciden en que los motivos detrás de esta jugada financiera se explican porque el MLC había perdido su respaldo en dólares.

Vicente Chiú, director de comunicación de Tiendas Caribe, una de las principales cadenas estatales de venta minorista, dijo que varios mercados en MLC se convertirán a esta nueva modalidad, pero que no excederán a 7 % de las 1845 instalaciones de la entidad.

La conversión ha ido implementándose desde el anuncio inicial, de forma tal que este nuevo triunvirato monetario (entre el peso cubano, el MLC, y las divisas en efectivo o de tarjetas Clásicas) ha provocado que escaseen productos en las estanterías de los expendios en MLC y se deprecie el valor de esa moneda virtual en el mercado informal de divisas.

“Esta ‘dolarización parcial (como la llama el gobierno)’ me complica la vida, pues gano parte de mi salario en MLC, que ya vale mucho menos en la ‘calle’. Tampoco me atrevo a conservar MLC en la tarjeta, porque en cualquier momento desaparecerá. Lo veo venir”,  dijo a IPS Eduardo, quien es empleado de una empresa informática en La Habana y pidió mantener anónimo su apellido.

La medida, por otra parte, no afecta tanto, o lo hace de manera indirecta, a la cuantiosa cantidad de jubilados y trabajadores con ingresos promedio, que nunca tuvieron posibilidad de acceder a divisas.

“Realmente, me da igual que hagan esas tiendas. Nunca fueron para mí. Ni estas ni las de MLC. Ya me las arreglaré como pueda, como siempre he hecho”, dijo a IPS el jubilado Carlos Rodríguez, de 70 años y residente en La Habana.

ED: EG

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe