Tenemos que hablar sobre el carbono azul profundo

Los investigadores han estado impulsando la colaboración, la financiación y la investigación de vanguardia en el sumidero de carbono más grande de la tierra, ubicado en alta mar. Imagen: Alison Kentish / IPS

NUEVA YORK – Casi la mitad de la población mundial vive en zonas costeras. Para las islas del Pacífico y las islas del Caribe como Dominica, donde hasta 90 % de la población vive en la costa, el océano es fundamental para la vida y el sustento. Desde la pesca hasta el turismo y el transporte marítimo, esa masa de agua esencial que cubre más de 70 % del planeta es un salvavidas.

Pero el potencial de salvar vidas del océano se extiende mucho más allá.

El océano regula nuestro clima y es fundamental para mitigar el cambio climático. Los investigadores han lamentado durante mucho tiempo que los principales acuerdos internacionales no hayan reconocido adecuadamente el recurso que produce la mitad del oxígeno de la Tierra y cuyo poder incluye absorber 90 % del exceso de calor de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Y aunque su capacidad para capturar y almacenar carbono ha recibido una mayor atención a medida que el mundo se compromete a mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, los investigadores dicen que la cobertura de esa capacidad se ha concentrado en ecosistemas costeros como manglares, pastos marinos y marismas. Esto se conoce como carbono azul costero.

Proteger y conservar los ecosistemas costeros de carbono azul es muy importante debido a los muchos beneficios colaterales que brindan a la biodiversidad, la calidad del agua y la erosión costera, y almacenan cantidades sustanciales de carbono heredado en los sedimentos que se encuentran debajo.

Los investigadores agradecen la exposición de temas sobre soluciones oceánicas al cambio climático, pero dicen que la conversación, junto con los datos, la inversión y la educación pública, debe extenderse mucho más allá del carbono azul costero.

Los científicos de la canadiense Universidad de Dalhousie han estado impulsando la colaboración, la financiación y la investigación de vanguardia en el sumidero de carbono más grande de la tierra, ubicado en alta mar.

“Es fácil imaginar el océano como lo vemos desde el borde de la costa, o pensar en la pesca o las algas marinas perfectamente limpias en la playa: nuestros espacios económicos y recreativos”, dice Mike Smit, un profesor de la Facultad de Administración y director científico adjunto del Instituto de Fronteras Oceánicas (OFI, en inglés) de la universidad.

“Más allá de eso, lo que podría llamarse el océano profundo, está menos estudiado. Es más difícil llegar, obviamente no está dentro de ninguna jurisdicción nacional y es costoso», afirmó Smit.

El Instituto «está realmente interesado en esta parte del océano. La forma en que el carbono llega desde la superficie y desde las regiones costeras hasta el almacenamiento profundo a largo plazo es un proceso esencial que debemos comprender mejor», añadió.

«Sabemos que este almacenamiento profundo es más de 90 % del carbono total almacenado en el océano, por lo que el océano profundo es fundamental para el trabajo que el océano está haciendo para protegernos de un clima que cambia rápidamente”, remarcó el académico canadiense.

La directora ejecutiva de OFI, Anya Waite, dice que el término «carbono azul profundo» debe ser familiar, cuanto antes. Agrega que la omisión del depósito de carbono más grande de la tierra de las soluciones climáticas ha generado que el problema se vuelva «realmente urgente».

“Si el océano comienza a liberar el carbono que ha almacenado durante milenios, inundará todo lo que hagamos en tierra. Es absolutamente fundamental que lleguemos a esto lo antes posible porque, en cierto modo, ha quedado en el olvido”, afirmó.

Los investigadores del Instituto han estado estudiando el carbono azul profundo y reuniendo a los investigadores para estimular la investigación, el interés, la inversión y la política del carbono oceánico.

A través del programa de investigación “Transforming Climate Action (Transformado la acción climática)”, el Instituto está poniendo al océano al frente de los esfuerzos para combatir el cambio climático.

“El océano necesita estar mucho mejor enfocado en general. Estamos tan acostumbrados a pensar en el océano como una especie de víctima. Hay acidificación de los océanos, pérdida de biodiversidad y contaminación, pero de hecho, el océano es el principal agente climático», explica White.

A su juicio, «es hora de cambiar esa narrativa, de entender que el océano está haciendo un trabajo de importancia crítica para nosotros, y necesitamos entender mejor ese trabajo para mantener la función que ofrece el océano”.

Se ha puesto mucho énfasis en el carbono azul costero: manglares, pastos marinos y marismas, pero ahora el canadiense Instituto de Fronteras  tiene la intención de garantizar que el carbono azul profundo se convierta en parte de la conversación sobre el cambio climático. Imagen: Beau Pilgrim / Climate Visuals

Lo más importante, pero lo menos entendido

El OFI está aprovechando su investigación sobre ecosistemas oceánicos y marinos para encontrar medios estratégicos, seguros y sostenibles para frenar el cambio climático, pero el tiempo no está del lado del mundo para lograr las «reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero profundas, rápidas y sostenidas» que el último Informe resumido del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) establece que se necesita para limitar el calentamiento a 1,5 °C.

“Sabemos que el océano está cambiando, y la forma en que absorbe el carbono podría cambiar”, dice Smit. “Hay demasiadas preguntas sin respuestas, demasiada incertidumbre y muy poca comprensión de lo que mejorará los procesos oceánicos naturales y lo que afectará su capacidad para seguir funcionando”, añade.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Según Waite, la capacidad de almacenamiento del océano lo convierte en un mejor lugar para eliminar el carbono de la atmósfera que las opciones terrestres. De hecho, extrae más dióxido de carbono de la atmósfera que todas las selvas tropicales del planeta juntas. Sin embargo, admite que el océano es más complejo físicamente, lo que dificulta la captura de carbono y la durabilidad de los sumideros.

“Realmente necesitamos comprender el alcance completo de la función de absorción de carbono del océano y llevar eso a la conversación con los formuladores de políticas, las naciones, la comunidad financiera y los seguros», explica la directora del OFI.

Explica que «hay todo tipo de impactos cuando el balance de calor y carbono del océano no se observa bien».

«Entonces no tenemos un buen sistema de predicción de ciclones, olas de calor y otros fenómenos importantes que las compañías de seguros, los gobiernos y las fuerzas armadas deben comprender para mantenernos a salvo. Hay razones sociales realmente sólidas para que hagamos este trabajo”, subraya.

Las economías

La innovación y la investigación de OFI están destinadas a informar las políticas y la industria. El lado comercial del carbono azul profundo será fundamental para convertir la investigación innovadora en tecnología en uso entre las empresas de mitigación climática.

Eric Siegel es el director de Innovación del Instituto. Con experiencia en oceanografía, ha pasado los últimos 20 años en la interfaz de la ciencia oceánica, la innovación técnica y los negocios globales.

“Estamos tratando de trabajar más con la industria para traer algunas de las innovaciones que nuestros investigadores están desarrollando para apoyar la innovación en las empresas, pero también estamos tratando de traer algunas de esas empresas al ámbito de la investigación para ayudar a respaldar nuestro trabajo en Instituto de las Fronteras Oceánicas», dijo a IPS.

Por ejemplo, explicó, «las empresas de eliminación de carbono deberán monetizar los créditos de carbono, ya que tendrán que secuestrar el carbono».

Eso requiere innovación e inversión, subrayó. «Es un gran ejemplo de empresas a las que les va bien y generan ingresos haciendo el bien, a través de la mitigación del clima», dijo.

«También es una especie de inversión de cómo, en las últimas dos décadas, las empresas han donado caritativamente porque generalmente han tenido éxito en tecnologías extractivas o tecnologías no respetuosas con el medio ambiente. Es un buen cambio con respecto al modelo anterior”, agregó.

Siegel dice que actualmente no hay suficientes créditos de carbono azul que puedan monetizarse.

“Hay casi cero créditos de carbono validados y duraderos que se están creando y que ahora se pueden vender. Mucha gente quiere comprarlos, por lo que hay un gran mercado, pero debido a que la tecnología es tan nueva y existen algunos límites de políticas, monitoreo, informes y verificación, no hay suficientes”, detalló.

Algunas empresas han comenzado a comprar créditos de mercado avanzados, invirtiendo ahora en los pocos proyectos de créditos de carbono azul disponibles a nivel mundial para obtener rendimientos en los próximos cinco a 20 años.

“Creo que esta es nuestra década para hacer ciencia, innovación técnica y crear los mercados para que, al final de esta década, estemos listos: todas las empresas estarán listas para comenzar a eliminar de forma activa y segura el carbono y generando así créditos de carbono para marcar la diferencia y venderlos en el mercado”, dijo Siegel.

La necesidad apremiante de soluciones a la crisis climática significa que se debe trabajar simultáneamente en todos los eslabones de la cadena de carbono azul profundo.

“No podemos darnos el lujo de decir, está bien, tenemos la ciencia en este momento; trabajemos en la tecnología. Bien, la tecnología es correcta; trabajemos en el mercado. El mercado es correcto; ahora, trabajemos en la inversión. Bien, todo eso está listo; trabajemos en la política», planteó Siegel.

A su juicio, «tenemos que hacerlo todo al mismo tiempo, de manera segura y responsable, pero comenzando ahora».

En esa forma, precisó, es como se está posicionando el OFI: «diferentes personas liderando diferentes iniciativas para que esto suceda en paralelo”.

Un iceberg flotante volteado en el mar de Weddell, frente a Argentina, dentro de la Antártida, con un bloque de hielo marino verde que ahora se ve sobre el agua, unido al hielo terrestre más blanco. La fotografía fue tomada desde el buque de investigación británico RRS Discovery. Imagen: David Menzel / Climate Visuals

Colaboración global y el futuro

El Instituto de las Fronteras Oceánicas está trabajando en estrecha colaboración con el Sistema Mundial de Observación de los Océanos, una alianza de organizaciones gubernamentales y académicas dedicadas al tema.

Con Waite como copresidente, el sistema subraya que los océanos son continuos. Ningún país entiende o controla el océano. Se basa en la premisa de que la colaboración entre naciones, investigadores y organizaciones intergubernamentales es clave para maximizar el papel del océano en la lucha contra el cambio climático.

“Cada nación que observa es bienvenida a unirse a esta red; luego damos recomendaciones a los estados-nación y las Naciones Unidas”, dice Waite.

“Los sistemas técnicos que observan el océano se están volviendo frágiles porque las naciones tienen otras cosas en las que invertir su dinero. Por lo tanto, necesitamos que las naciones intervengan y comiencen a impulsar el nivel del sistema de observación hasta el punto en que podamos comprender la dinámica oceánica correctamente», añade.

A su juicio, «esto contrasta realmente, por ejemplo, con nuestros sistemas de observación meteorológica que son muy constantes y tienen un mandato de la Organización Meteorológica Mundial de que deben mantenerse hasta cierto nivel”.

Para Smit, el director adjunto de OFI, el intercambio de datos será fundamental para el éxito de la colaboración.

“Los datos que recopilamos de estas observaciones no pueden quedarse en los escritorios de los científicos. Tenemos que sacarlos del laboratorio y llevarlos al mundo para que la gente entienda algo de lo que está pasando ahí fuera. Es de vital importancia, también es genial y necesitamos entenderlo mejor”, dice,

Siegel, el director de Innovación del Instituto, quiere que el mundo sepa que el carbono azul profundo está listo para despegar.

Insiste en que «necesitamos comenzar a darnos cuenta de que el océano y el carbono azul profundo son en realidad la gran oportunidad aquí».

Y en cuanto a los residentes de las Islas del Pacífico intrínsecamente vinculados al océano por proximidad, tradición o industria, Waite dice que se necesitan sus voces para esta conversación urgente sobre el carbono azul profundo.

“Las naciones insulares del Pacífico son excepcionalmente vulnerables al cambio climático. Su zona económica, que se extiende desde su tierra, es un recurso fundamental que pueden utilizar para absorber carbono y mantener su biodiversidad, asegura.

Para Waite, «las naciones insulares del Pacífico tienen un papel especial que desempeñar en esta conversación que es bastante diferente de aquellos que viven en las grandes naciones continentales”.

Es posible que el carbono azul profundo aún no sea un término familiar, pero el mundo necesita hablar de ello. La Universidad de Dalhousie, situada en la ciudad de Halifax, al sur de la costa atlántica canadiense, considera que a través de la investigación y las alianzas de su Instituto de las Fronteras Oceánicas, promueve que la conversación se escuche en todo el mundo.

T: MLM / ED: EG

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