Nuevo acuerdo político por fin aborda la crisis social de Venezuela

El Programa Mundial de Alimentos actúa en Venezuela desde el año pasado, llevando bolsas con alimentos a familias de escolares en algunas zonas deprimidas, como a las que se accede por vía fluvial en el municipio Arismedi, en el estado de Barinas, llanuras del suroeste. Foto: Gabriel Gómez / PMA

CARACAS – La crisis social y emergencia humanitaria que vive Venezuela recobró su trágico protagonismo una vez que el gobierno y la oposición, enconados adversarios durante dos décadas, pactaron dirigir a programas sociales 3000 millones de dólares de fondos estatales represados en el extranjero.

Apenas firmado el pacto, el 26 de noviembre, la prestigiosa nutricionista Susana Raffalli publicó la fotografía de las piernas de una niña cuya talla es ocho centímetros más baja que la adecuada a su edad. “La medí hoy. Se retardó su crecimiento. No tiene repuesto”, comentó.

“Entre el primer anuncio de mesa social (reuniones con ese fin hubo ya en 2014) y la que se firmó hoy en México, nació una generación de venezolanos como ella. No es un trofeo el acuerdo. Es un compromiso con la esperanza”, dijo Raffalli.

El Acuerdo Social firmado en México “es un aporte importante, que puede significar ayudas urgentes para los niños, los adultos mayores, las personas con discapacidad y los indígenas, cuya situación es sumamente crítica”, dijo a IPS Roberto Patiño, fundador de  Alimenta la Solidaridad, una red de comedores populares para niños.

Los recursos sobre los que trata el acuerdo son fondos del Estado venezolano bloqueados en Estados Unidos y naciones europeas que desconocieron en 2019 la reelección del presidente Nicolás Maduro, en el poder desde 2013, adoptaron sanciones y reconocieron como presidente legítimo al parlamentario opositor Juan Guaidó.

Ahora, en una negociación entre oficialismo y oposición, con la mediación de gobiernos de la región y Noruega, se ha pactado descongelar parte de esos fondos y destinarlos a programas sociales bajo la batuta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Estados Unidos y países europeos participan en el trato como partes sancionadoras  y la ONU como gestor de los fondos liberados y programas sociales cubiertos con ellos.

“Son recursos absolutamente insuficientes ante la crisis, pero bien administrados pueden tener un impacto positivo ante la emergencia humanitaria compleja del país”, dijo a IPS Piero Trepiccione, coordinador de la red de centros sociales que tiene en América Latina y el Caribe la orden católica Compañía de Jesús.

La Plataforma HumVenezuela, de decenas de organizaciones civiles, sostiene desde 2019 que la situación social de este país sudamericano y caribeño es de una emergencia humanitaria compleja, con base en sus registros sobre alimentación, agua y saneamiento, salud, educación básica y condiciones de vida.

El agudo deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos desde hace una década ha ido en paralelo con el de su economía – industria petrolera desplomada y varios años de hiperinflación- y cuya consecuencia internacional más vistosa ha sido la migración de siete millones de sus habitantes.

La nutricionista Susana Raffalli publicó, como ejemplo de una generación de niños que ha nacido y crece con rezagos en Venezuela, la fotografía de las piernas de una niña que, el día del acuerdo gobierno-oposición, ya medía ocho centímetros menos que la talla adecuada para su edad. Foto: Susana Rafalli /Twitter

Barrera contra la vida

En los últimos años hicieron peso las sanciones impuestas por Estados Unidos y la confrontación política con otros gobiernos, como en el caso de Colombia, vecino con el que se cerraron las fronteras y el tránsito de personas y bienes.

Así fue como llegó la tragedia a la familia de Michel Saraí, una niña de cinco años con neumonía atendida en un hospitalillo de La Fría, pequeña ciudad del suroeste fronterizo con Colombia, sin equipos para los exámenes y atención requeridos.

Agravada el 30 de noviembre, sus padres, muy pobres, descartaron llevarla al hospital público de la capital regional, San Cristóbal, porque no tenían las decenas de dólares que allí se cobran para aceptar a los pacientes, quienes deben llevar insumos y pagar por los exámenes.

Una ambulancia de la Defensa Civil, con combustible donado por un vecino –la gasolina escasea en el estado de Táchira y otros- llevó a la niña y a su madre unos 25 kilómetros hasta el puente fronterizo en el pueblo Boca de Grita, para que fuese atendida gratuitamente en las ciudades de Cúcuta o Puerto Santander, del lado colombiano.

Con la frontera formalmente cerrada, los militares colombianos aceptaban recibir la ambulancia debido a la emergencia, pero los de la Guardia Nacional venezolana se negaron a permitir el paso del vehículo, con la pequeña conectada a oxígeno.

“No teníamos dinero para ofrecerles a ver si la dejaban pasar”, deploró el padre, Jonathan Pernía, ante los periodistas locales, unos días después,

Desesperada, la madre y una tía aceptaron la que parecía alternativa: desconectar a la niña del oxígeno, colocarla sobre una carretilla –“como si fuera un saco de papas”, lamentó Pernía- y correr con ella bajo la lluvia hacia el lado colombiano del puente, donde les esperaba otra ambulancia. La pequeña llegó sin signos vitales.

En la morgue del hospital de San Cristóbal sus padres recogieron el cadáver. Una semana después aún buscaban dinero para tratar de pagar los gastos del entierro.

Jonathan Pernía, padre en situación de pobreza de la niña fallecida al impedirse que una ambulancia cruzase la frontera entre Venezuela y Colombia para atenderla de emergencia, enseña a periodistas la factura por los gastos del sepelio, que tampoco ha podido cubrir. Foto: Cortesía de Bleima Márquez

Cifras detrás de la crisis

En Venezuela la pobreza total llega a 81,5 % de su población (90,9 % en 2021), según la Encuesta de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello, que estudió a 2300 hogares en todo el  país. Es la primera vez en siete años que se reduce, en parte atribuible a un rebote de la economía y a las remesas de los migrantes.

Si ese porcentaje no puede cubrir la canasta básica, la pobreza multidimensional (vivienda, educación, empleo, servicios e ingresos), bajó de 65,2 % en 2021 a 50,5 % en 2022, y la pobreza extrema pasó de 68 % en 2021 a 53,3 % en 2022.

Es el país más desigual del continente americano y con Angola, Mozambique y Namibia uno de los más desiguales del mundo, pues el 10 % de mayores ingresos obtiene 70 veces más (553,20 dólares mensuales en promedio) que el 10 % más pobre (7,90 dólares).

La población escolar es de siete millones, pero era de 7,7 millones en 2019 y se estima que 1,5 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera del sistema. En la educación inicial la cobertura es de apenas 56 %.

La encuesta dio cuenta de una mejora en los empleos formales y el ingreso este año, y las remuneraciones mensuales promedio son de 113 dólares los empleados públicos, 142 dólares quienes trabajan por cuenta propia y 150 dólares los trabajadores de la empresa privada.

Como consecuencia, disminuyó la inseguridad alimentaria: de 88 % de venezolanos preocupados por quedarse sin alimentos en 2021, se ha pasado a 78 %, y las personas que han pasado todo un día sin comer llegan a 14 % y no 34 % como en 2021.

Más de 90 % de los hogares pobres han recibido del gobierno bolsas con alimentos –sobre todo carbohidratos- pero apenas un tercio la recibe mensualmente.

En salud, según la encuesta, disminuye el uso de servicios públicos (70 %) y se encarece la atención pues, mientras se disparan precios en clínicas privadas, de quienes fueron a servicios públicos 13 % pagaron en ambulatorios y 16 % en hospitales, y en 65 % de los casos debieron comprar los medicamentos recetados.

Los negociadores del gobierno y de la oposición de Venezuela, reunidos en México con el canciller de ese país, Marcelo Ebrard, y el mediador noruego Dag Nylander, pactaron ayudar a atender necesidades sociales en su país, como paso previo para un posible acuerdo que solvente la crisis política. Foto: Asamblea Nacional

El recetario de México

Jorge Rodríguez, presidente de la legislativa Asamblea Nacional y principal negociador del oficialismo, dijo que con los recursos que se liberen tras el acuerdo en México se atenderán la infraestructura y materiales de 2300 escuelas, y se obtendrán las vacunas de los esquemas pautados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Se adquirirán medicamentos oncológicos, para pacientes con VIH, se recuperarán programas de radioterapia, bancos de sangre, y al menos 21 hospitales, así como se destinarán más de 1000 millones de dólares a la red eléctrica nacional.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), entretanto, espera conseguir recursos para pasar, de la entrega de alimentos a familias de 100 000 escolares en zonas deprimidas del norte del país, a entregar incluso comida preparada a más de un millón de personas al finalizar 2023.

Según Trepiccione, de la red jesuita, se deben dirigir recursos “a la recuperación de la infraestructura de hospitales y escuelas, que están en el piso, porque se genera una cadena de empleos, servicios y actividad económica junto con las mejoras obvias en la prestación de salud y la calidad de la educación”.

“Otro tanto puede decirse de reactivar el sistema eléctrico, bajo apagones que afectan sobre todo la economía y la vida de las poblaciones del occidente del país”, agregó.

Patiño, vinculado a la red de comedores sociales, considera con prioridad “programas de atención a la primera infancia, las mujeres embarazadas, la alimentación escolar, así como atender a los adultos mayores y a las comunidades indígenas, segmentos donde muchos están muriendo en forma temprana por falta de atención urgente de salud”.

Grupos de jubilados y pensionados protestan constantemente en Caracas y otras ciudades en reclamo por los bajos montos de sus pensiones, que en Venezuela se equiparan al salario mínimo legal y este diciembre apenas alcanzaban al equivalente a nueve dólares. Foto: Cortesía de Efecto Cocuyo

Las pensiones que entrega el Estado, equiparadas al salario mínimo, equivalían a 30 dólares a comienzos de año, pero con la depreciación de la moneda apenas llegan a nueve dólares mensuales este diciembre.

“También debemos enfatizar que ese acuerdo social es absolutamente insuficiente ante las precariedades que hay en nuestro país. Son recursos que se agotarán y esas necesidades seguirán presentes”, dijo Patiño.

En su opinión “lo único que puede realmente solventar la crisis, el mejor programa social que puede existir, es un empleo digno, con un ingreso suficiente y con un programa de seguridad social y de salud pública que atienda a los más necesitados”.

Los recursos para el acuerdo, en bancos de países del Norte, se liberarán gradualmente bajo la vigilancia de un comité gobierno-oposición y con administración de agencias de la ONU para licitar, ejecutar y supervisar los programas, en 2023 y 2024.

También se aguardará al año próximo para nuevas reuniones y acuerdos políticos entre los contendientes por el poder, lo que puede llevar a un alivio o levantamiento de las sanciones y, eventualmente, a una mejora en las condiciones de vida de los 28 millones de venezolanos.

ED: EG

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