Los cuidados se suman a proyecto de transformación de comunidades en Cuba

Integrantes del proyecto Mapa Verde, Casa Adentro y Acompáñame convergen en una actividad en la comunidad El Fanguito, en el municipio Plaza de La Revolución, en La Habana. La participación directa de niñas, niños, adolescentes y jóvenes favorece sus aprendizajes sobre el valor de los cuidados en Cuba. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – La cubana Mayra García valora el asfaltado de calles, la reparación y construcción de viviendas y el pintado de edificaciones que buscan cambiarle el rostro a El Fanguito, uno de los barrios en situación de vulnerabilidad de la capital cubana.

Pero además de solucionar el abastecimiento de agua o el drenaje es importante “que atiendan a personas mayores que vivimos solas, y tenemos dificultades para ir a bancos, tiendas o mercados agropecuarios”, analizó esta jubilada de 72 años al dialogar con IPS.

Para enfatizar el reclamo, mostró la enrojecida pierna izquierda por una operación y posterior linfangitis que limita sus movimientos.

García aprecia “que a una la llamen por teléfono, que te ofrezcan consejos”, por lo cual no puso reparos para sumarse al proyecto de teleasistencia Acompáñame.

Este servicio solidario y psicológico para personas mayores de 60 años nació en 2020, cuando zonas de Plaza de la Revolución, uno de los 15 municipios capitalinos, fueron de los primeros del país en adoptar cuarentenas y medidas de aislamiento por la covid.

Impulsado por el Grupo de Estudios Sobre la Familia del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), junto con otras instituciones, Acompáñame asistió emocional, empática y afectivamente a un centenar de adultos mayores que vivían o permanecían la mayor parte del tiempo solos en sus viviendas.

Psicólogos, sociólogos y otros especialistas usaron el teléfono y las redes sociales para canalizar sus principales inquietudes, opiniones y preocupaciones, y compensar en parte la falta de interacciones sociales.

Con alrededor de 30 % de su población mayor de 60 años, Plaza de la Revolución clasifica como el más envejecido de los 168 municipios de este país insular caribeño.

En mayo, Acompáñame decidió extenderse, dentro del propio municipio, a El Fanguito, una  de las casi 70 comunidades habaneras –y otras en el país- beneficiadas con un Programa gubernamental de Atención Integral.

El programa, que incluye la construcción y reparación de viviendas, obras de infraestructura y atención diferenciada a personas en situación de vulnerabilidad, cobró impulso tras las protestas del 11 de julio del año pasado en La Habana y otras ciudades.

El gobierno sostiene que las manifestaciones y actos vandálicos fueron estimulados como parte de una estrategia de presión desde Estados Unidos orientada a propiciar un cambio del régimen político, que se sumó al fortalecimiento del embargo mantenido por Washington desde 1962.

Mayra García, residente de la comunidad El Fanguito, es una de las personas que acoge el servicio solidario y psicológico de teleasistencia Acompáñame, para personas mayores de 60 años, en el municipio de Plaza de la Revolución, en la capital de Cuba. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Brechas

Cientistas políticos han analizado que los acontecimientos derivaron de una profundización de la crisis económica de tres décadas, marcada por el desabastecimiento de alimentos, medicinas y productos vitales y el aumento de inequidades, más visibles tras el reordenamiento económico iniciado en enero de 2021.

La ausencia de estadísticas actualizadas dificulta conocer cómo han influido tales factores en el Índice de Línea de Pobreza en la isla, así como en el comportamiento de los fenómenos de vulnerabilidad y marginación.

El primer Informe Nacional Voluntario sobre la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, presentado en 2021, refiere que Cuba se coloca en los lugares del siete al 10 -entre 104 países- en relación con al Índice de Pobreza Multidimensional (IPM).

Según el documento, existirían un total de 50 000 “pobres multidimensionados”, equivalente a 0,4 % de los 11,2 millones de habitantes del país.

El IPM, una herramienta de la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford y del  Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), considera tres dimensiones del bienestar -salud, educación y nivel de vida- cada una con indicadores sobre bienes y servicios tangibles, más allá de la dimensión monetaria.

Investigadores cubanos han advertido sobre las desventajas que persisten en zonas de la región oriental, rurales y en barrios sin servicios básicos de La Habana.

Apuntan que la condición de pobreza y vulnerabilidad en el contexto cubano puede asociarse, entre otros factores, a la insuficiencia de ingresos y otros activos, fundamentalmente la vivienda, tanto por el déficit habitacional como por su deterioro progresivo.

Estadísticas señalan que 37 % del fondo habitacional nacional califica de regular o mal estado técnico constructivo, mientras un déficit de casi 863 000 inmuebles convierten este tema en uno de los más críticos para la calidad de vida de cubanas y cubanos.

Los expertos han recomendado profundizar las políticas públicas para optimizar los servicios públicos y condiciones materiales y espirituales en comunidades desfavorecidas, mediante la inserción de jóvenes, y con perspectiva de género y condición social.

Una parcela donde se edifican nuevas viviendas en El Fanguito, uno de los 67 barrios desfavorecidos de la capital cubana donde se ejecuta un Programa de Atención Integral que incluye la terminación obras de infraestructura y atención diferenciada a personas en situación de vulnerabilidad. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Transformación

Asentado próximo a la desembocadura del río Almendares, el fondo habitacional de El Fanguito aglutina 598 viviendas, de las cuales 429, o 72 %, están en regular y mal estado.

De sus 1240 habitantes, 121 permanecen en situación de vulnerabilidad, 41 ancianos viven solos, 18 personas poseen alguna discapacidad, hay nueve madres con tres o más hijos y 16 de los vecinos reciben algún tipo de asistencia estatal, revelan datos compartidos a IPS por la delegada (concejala), Zenaida Cabrera.

Como parte del programa de transformación barrial se terminaron 24 nuevos inmuebles, 14 se encuentran en construcción, ocho familias se reubicaron en viviendas fuera de las márgenes del río, mientras asfaltaron viales y tendieron redes para el suministro de agua potable y mejorar el saneamiento, entre otras acciones.

Pero el proyecto Acompáñame busca que tales transformaciones incorporen el trabajo de cuidados, a partir de alianzas con iniciativas comunitarias.

“Queremos que los niños aprendan el valor del cuidado y la mejor manera es interactuando con ellos, con los maestros y la escuela”, explicó a IPS la jurista y profesora Felicitas López, investigadora del Grupo de Estudios de Familias del CIPS.

Uno de los escogidos es Casa Adentro, que desde octubre de 2021 propone la transformación social con y desde las familias de El Fanguito, con la participación directa de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

La iniciativa, impulsada también por el CIPS, propone fortalecer la cohesión barrial para solucionar sus problemas; formar capacidades en líderes y lideresas locales y estimular la base productiva desde los enfoques de la economía social y solidaria y de trabajo digno, con el objetivo de empoderar a mujeres y jóvenes.

El otro proyecto es Mapa Verde que reúne a más de una decena de estudiantes de sexto grado de la escuela primaria local Amistad Cuba-México.

Adolescentes caminan frente a un edificio en construcción en el barrio de El Fanguito, en La Habana. Investigadores sociales consideran urgente impulsar políticas públicas en Cuba para mejorar las condiciones materiales y espirituales en comunidades desfavorecidas, mediante la inserción de jóvenes, y con perspectiva de género y condición social. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

La red de mapas verdes en esta isla caribeña inició en 1999, con respaldo del no gubernamental Centro Félix Varela, el Instituto de Ecología y Sistemática y del Consejo Nacional de Casas de Cultura.

Se trata de una herramienta educativa y de gestión ambiental participativa para, mediante la búsqueda de soluciones a problemáticas locales de manera creativa, formar ciudadanos comprometidos con el uso racional de los recursos, cuidado y conservación del medio ambiente y el desarrollo local sostenible.


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“Mediante el mapa verde hemos identificado elementos que nuestra comunidad necesita como una farmacia, un cajero automático y sumar aparatos al parquecito para que los niños jueguen”, señaló a IPS Karolina Estévez, de 11 años, una de las integrantes del proyecto.

“También necesitamos una ruta de transporte que pase por El Fanguito, porque tenemos que caminar bastante cuando queremos salir hacia otros lugares de la ciudad”, apuntó Jean Marcos Guerra, también de 11 años, al hablar con IPS.

De acuerdo con la profesora y coordinadora de este último proyecto, Marcia Galán, los estudiantes también apadrinarán a adultos mayores y otras personas.

“El objetivo es visitarlos los fines de semanas, ayudar en la búsqueda de algún producto o limpiarles la casa”, puntualizó Galán al compartir con IPS las acciones en las cuales estos adolescentes podrían contribuir.

Especialistas insisten, y la covid corroboró, la necesidad de impulsar un sistema integral de cuidados en una nación como Cuba, en franco proceso de envejecimiento demográfico y donde se estima que más de 221 400 adultas y adultos mayores viven solos.

Más de 2,3 millones de cubanas y cubanos rebasan los 60 años, equivalente a 20,8 % de la población, lo que convierte al país caribeño en uno de los más envejecidos del hemisferio occidental.

Para 2035 se pronostica que uno de cada tres residentes en la isla será un adulto mayor lo que unido a la baja fecundidad, una esperanza de vida superior a 78 años y la sostenida emigración de jóvenes, devendrá un desafío para la economía y el sistema social.

ED: EG

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