Inundaciones fomentan soluciones urbanas en metrópoli brasileña

La contaminación por el agua servida urbana es visible en el riachuelo de Onça (jaguar, en portugués), cerca de su desembocadura, visto desde el puente de entrada en el barrio Ribeiro de Abreu que sufre frecuentes inundaciones cuando llueve mucho en Belo Horizonte, capital del estado brasileño de Minas Gerais, en el sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

BELO HORIZONTE, Brasil –  “Hacemos todo con fiestas, no queremos poder, tampoco cumplir el papel del Estado, pero no nos limitamos a reclamar”, resume Itamar de Paula Santos, miembro del Consejo Comunitario Unidos por Ribeiro de Abreu (Comupra), en esta ciudad del sureste de Brasil.

Ribeiro de Abreu es uno de los barrios más afectados por recurrentes inundaciones en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, al ubicarse en el margen derecho del riachuelo de Onça (jaguar, en portugués), en su tramo más bajo, hacia donde escurre el agua de una cuenca de 212 kilómetros cuadrados, compuesta por numerosos arroyos.

Limpiar el riachuelo y evitar que sus aguas sigan invadiendo viviendas exigen acciones que también producen beneficios sociales.

“Ya sacamos 736 familias que vivían en situación de alto riesgo, en la orilla del río”, destacó Santos a IPS en el mismo local donde las casuchas precarias y frecuentemente inundadas cedieron el paso al Parque Ribereño Comunitario (Parque Ciliar, en portugués), con un huerto, cancha de fútbol, un parque infantil y frutales.

El proyecto, elaborado por la población local con el Comupra y la prefectura (alcaldía) de la ciudad, en 2015, y ejecutado gradualmente desde entonces, tiene como meta el extender el parque comunitario para 2025 en 5,5 kilómetros riachuelo arriba, a través de  varios barrios.

Eso que comprende doblar la cantidad de familias ya reasentadas, descontaminar la cuenca del Onça, recuperar sus nueve playas, tres islas y tres cascadas, preservar la naturaleza y desarrollar la agricultura urbana, condiciones para deportes y actividades culturales. Todo con gestión y ejecución participativa.

Itamar de Paula Santos, activista del Consejo Comunitario Unidos por Ribeiro de Abreu, anhela volver a nadar y pescar en el riachuelo de Onça, como hacía en su infancia. Pero sus aguas contaminadas por los desechos urbanos suelen inundar los barrios ribereños en la estación lluviosa, a su paso por la ciudad de Belo Horizonte, en el sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

Desplazados al mismo barrio

Las familias sacadas de la orilla inundable viven ahora, en su mayoría, en viviendas seguras en el mismo barrio Ribeiro de Abreu, que tenía 16 000 habitantes en el censo de 2010, pero se estima que hoy supera las 20 000 personas.

Es una regla de la Prefectura de Belo Horizonte reasentar las familias de áreas riesgosas en lugares que no alejen más de tres kilómetros de donde vivían, aseguró a IPS Ricardo Aroeira, director de Gestión de las Aguas de la Secretaria Municipal de Obras e Infraestructura.

Es el caso de Dirce Santana Soares, de 55 años, que vive ahora con su hijo, su madre y otros cuatro familiares en una vivienda de cinco dormitorios, con un patio donde hay variados árboles frutales y siembra hortalizas.

“Es lo mejor que podría pasar para nosotros”, reconoció. Hace cinco años vivía al lado del ríachuelo, cuya crecida inundaba su precaria vivienda, casi siempre de madrugada, cada año en la época más lluviosa en Belo Horizonte, en diciembre y enero.

“Teníamos literas y le poníamos arriba todo lo que queríamos salvar. Luego construimos un segundo piso de la casa, dejamos el primero para el fango”, recordó en diálogo con IPS. Peor “no quería dejar el barrio donde ya había vivido 34 años”, subrayó.

Tuvo suerte. Luego de recibir la indemnización para dejar su casucha ribereña, una conocida le vendió la vivienda actual, a bajo precio y el pago facilitado a largo plazo sin intereses.

Una playa del riachuelo de Onça, que el movimiento por ríos limpios quiere rescatar para el esparcimiento de la población, en la ciudad de Belo Horizonte, en el sureste de Brasil. En ese punto el Onça recibe las aguas del riachuelo Isidoro. Hay otras ocho playas que se quiere recuperar. Foto: Mario Osava / IPS

Suerte adversa

Soares, hoy trabajadora por días en el servicio doméstico, tenía una guardería que perdió viabilidad financiera ante la mayor oferta de escuelas infantiles gratis, por la alcaldía, y la pandemia de covid-19 en los dos últimos años.

También Itamar Santos, de 64 anõs y tres hijos, vive en el barrio hace casi cuatro décadas. Antes, trabajó como tornero mecánico en otras ciudades y por tres años en Carajás, la gran mina de hierro en la Amazonia oriental, a 1600 kilómetros al norte de Belo Horizonte.

En 1983, en Carajás, perdió la pierna derecha. Cayó en un pozo de 12 metros. “De noche, no había luz eléctrica, solo selva”, explicó. Luego del primer impacto, doloroso, aprendió a convivir con la discapacidad. Más tarde se liberó del infortunio y recuperó la alegría de vivir, con un automóvil adaptado.

Su activismo obtuvo la gratuidad de los autobuses para los parapléjicos y también un gimnasio para múltiples deportes. “Crear condiciones para que el discapacitado salga de su casa es terapéutico”, arguyó a IPS.

Huerto comunitario que la misma población del barrio de Ribeiro de Abreu cultiva en la orilla del riachuelo Onça, de donde fueron reasentadas 140 familias que sufrían inundaciones anuales y ahora viven en viviendas seguras en el mismo asentamiento, parte de Belo Horizonte, una metrópoli del sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

Pero el que acapara sus pasiones es el riachuelo, como se denomina en Belo Horizonte a este cuerpo de agua que en enero tiene un gran caudal por las lluvias intensas habituales ese mes, pero que en septiembre, en la estación seca su cauce está falto de agua.

“Dejen el Onça beber agua limpia” es la consigna de un movimiento que también impulsa Santos, para enfatizar la protección y la recuperación de los miles de nacientes que abastecen el riachuelo y sus afluentes.

Todos los años, desde 2008, ese movimiento, impulsado por Comupra, promueve un encuentro de reflexión y debates sobre la revitalización del riachuelo en locales ribereños de distintos barrios de la cuenca.

Las fiestas también se repiten anualmente, por lo menos. El carnaval alegra la población local en las playas o plazas ribereñas del Onça y árboles de Navidad gigantes celebran comunitariamente el fin del año.

La cuenca, más precisamente subcuenca, del Onça comprende la mitad norte del territorio y de la población de Belo Horizonte, que en total suma 2,5 millones de habitantes. El sur, más rico, es espacio del riachuelo Arrudas.

Ambos nacen en el municipio vecino a oeste, Contagem, y desembocan a este en el río das Velhas, la principal fuente de agua para los seis millones de habitantes de la región metropolitana de Belo Horizonte. Como cruzan áreas muy pobladas, son las principales contaminadoras de la cuenca del Velhas.

Las grandes inundaciones en la capital ocurren principalmente en la subcuenca del Onça. La topografía escarpada de Belo Horizonte se suma a la impermeabilización del suelo urbano para multiplicar los desastres.

Maria José Zeferino, profesora jubilada de escuelas vecinas, en el Parque Nuestra Señora de la Piedad, cuya construcción se hizo para limpiar un arroyo de la contaminación urbana que diseminaba diarrea y parásitos entre los alumnos de tres escuelas cercanas, en Belo Horizonte, en el sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

Otros parques ribereños

La prefectura belohorizontina despliega esfuerzos hace mucho con planes de drenaje y desde 2001 puso en marcha el Programa de Recuperación Ambiental de los Fondos de Valles y Riachuelos.

Acaba de publicar en abril su Instrucción Técnica para la Elaboración de Estudios y Proyectos de Drenaje, bajo coordinación general de Aroeira.

Desde fines del siglo pasado hubo “un cambio de paradigma”. Canalizar cursos de agua era la norma que “solo movía el lugar de las inundaciones”. Ahora se trata de contener las torrentes, valorizar e integrar los cursos de agua al paisaje urbano, descontaminarlos y a la vez mejorar la calidad de vida de las poblaciones ribereñas, según Aroeira.

La construcción de los llamados parques lineales, que unen la descontaminación de riachuelos o arroyos a la preservación ambiental, la reforestación ribereña y servicios a la población local, es una de las medidas “estructurales” que se nota en Belo Horizonte.

La participación de alumnos y profesores de tres escuelas vecinas se destacó en la implantación en 2008 del Parque Nuestra Señora de la Piedad en el barrio Aarão Reis, de 8300 habitantes en 2010, cerca del tramo bajo del riachuelo Onça.

Limpiar el arroyo que da nombre al parque fue la gran medida ambiental y sanitaria.

“El agua servida de todo el barrio contaminaba el arroyo y provocaba enfermedades generalizadas entre los niños, como diarrea, verminosis (parásitos en los bronquios) y nauseas”, recordó a IPS Maria José Zeferino, profesora jubilada de educación artística en una de las escuelas locales.

El huerto para la siembra de hierbas medicinales en el Parque Ecológico Primer de Mayo fue una demanda de la población local en la sureña ciudad brasileña de Belo Horizonte. El parque recuperó un arroyo contaminado y brinda un área de encuentro y esparcimiento a sus vecinos. Foto: Mario Osava / IPS

El parque, que es de la municipalidad, quedó con un área de 58 000 metros cuadrados, una laguna, tres canchas para varios deportes, una para skate (monopatín) y un paseo pavimentado requerido por la comunidad para caminata de los ancianos. Un total de 143 familias y una finca recibieron indemnizaciones para desocupar el área y dejaron muchos árboles frutales.

“El arroyo limpio era nuestro sueño. Pero ahora, la meta de la nueva etapa es que se pueda nadar, pescar y navegar en los riachuelos de la ciudad”, según Zeferino.

El Parque Ecológico Primer de Mayo, en el barrio del mismo nombre de solo 2421 habitantes por el censo de 2010, se construyó con la revitalización del arroyo también homónimo, con 33 700 metros cuadrados en un terreno sinuoso. La novedad es un herbolario medicinal, una demanda de la población local.

“Descubrimos 70 nacientes acá que alimentan el arroyo que va al riachuelo Onça”, apuntó Paulo Carvalho de Freitas, activo miembro de la Comisión Comunitaria que apoya la gestión municipal del parque y desarrolla actividades educativas allí.

“Mi lucha para el futuro es quitar tanto hormigón con que se construyó el parque, lo que impermeabiliza el suelo y contraría uno de los objetivos de la obra”, también inaugurado en 2008, sostuvo Freitas.

ED: EG

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