Migrantes salvadoreños continúan mirando a EEUU para salir de la pobreza

María Santos Hernández, de 66 años, posa afuera de su casa ubicada en el caserío de Huisisilapa, municipio de San Pablo Tacachico, en el centro de El Salvador, el 17 de agosto, un día antes de emprender el viaje hacia Estados Unidos, en su caso con visa y por avión, para reencontrarse con tres hijos que viven en la ciudad de Stephenson, en el estado de Virginia. Un cuarto hijo atraviesa México para tratar de ingresar al país como indocumentado y reunirse con su familia. Foto: Edgardo Ayala / IPS

SAN PABLO TACACHICO, El Salvador El llamado que la administración de Joe Biden ha hecho a los migrantes centroamericanos indocumentados de que se abstengan de viajar a Estados Unidos de forma irregular, como lo pidió la vicepresidenta Kamala Harris, durante una visita a Guatemala en junio, parece haber caído en saco roto.

En pueblos de países como El Salvador, las personas siguen saliendo a diario hacia esa nación del norte, en busca de un mejor futuro, y se desconoce si salen en menor o mayor número que en años pasados.

Por eso aún está por verse si ese flujo de inmigrantes indocumentados salvadoreños ha disminuido significativamente a partir de las políticas públicas implementadas desde junio de 2019 por el gobierno de Nayib Bukele, como lo afirma el discurso oficialista, dijeron expertos entrevistados por IPS.

Lo cierto es que las personas siguen emprendiendo el viaje que podría representarles la oportunidad de un mejor porvenir, dadas las condiciones de pobreza y exclusión social que viven en este país centroamericano, de 6,7 millones de habitantes, así como en el resto de naciones vecinas, sobre todo Guatemala y Honduras.

Oscar salió el 14 de agosto rumbo hacia Stephenson, una pequeña ciudad en Virginia, en la costa este de Estados Unidos, desde su natal Huisisilapa, un caserío en el municipio de San Pablo Tacachico, en el departamento de La Libertad, en el centro de El Salvador.

“No sé en qué parte de México estoy ahorita, voy con el guía”, dijo Oscar a IPS en un diálogo por Wasapp, el martes 17 de agosto, en que pidió omitir su apellido paterno para dificultar su identificación.

Oscar y su hijo Andrés, cuando vivían juntos en Huisisilapa, un caserío del centro de El Salvador. Hace cinco años, el niño se fue con su madre hacia la ciudad estadounidense de Stephenson, y ahora Oscar cruza el territorio mexicano como indocumentado para tratar de residenciarse allí y poder vivir con su hijo, quien ahora tiene ocho años. Foto: Cortesía familiar

Este joven campesino, de 27 años, que se dedicaba a cultivar sobre todo maíz, emprendió el viaje motivado por el amor que le tiene a su pequeño hijo, Andrés, de ocho años, quien reside en aquella ciudad desde que hace cinco años su madre se lo llevó con ella, de forma indocumentada.

“Es un viaje peligroso, pero son más las ganas de estar con él que el miedo al viaje”, añadió Oscar.

La migración irregular de salvadoreños hacia Estados Unidos se acentuó en la década de los 80 con el estallido de la guerra civil, que entre 1980 y 1992 dejó unos 70 000 muertos.

Se calcula que unos tres millones de salvadoreños viven en esa nación, buena parte de ellos de forma indocumentada, y son quienes aportan enormemente a la economía de este país centroamericano con una inyección anual de unos 6000 millones de dólares en remesas.

Las décadas que siguieron a la firma de la paz, en 1992, vieron un incremento de la criminalidad, sobre todo por el accionar de pandillas, y eso volvió a lanzar a mucha gente hacia Estados Unidos.

El Salvador se convirtió en uno de los países más violentos del mundo, con tasas que llegaron a sobrepasar los 100 homicidios por cada 100 000 habitantes.

Calle principal del caserío de Huisisilapa, en el municipio de San Pablo Tacachico, en el departamento de La Paz, en el centro de El Salvador. De comunidades rurales como esta, con pocas posibilidades de encontrar trabajo, salen muchas personas hacia Estados Unidos, buena parte sin documentos, en busca del llamado “sueño americano”. Foto: Edgardo Ayala / IPS

¿El bukelismo ha disminuido la migración irregular?

Bukele llegó a la presidencia en junio de 2019 con 39 años, tras ganar abrumadoramente las elecciones, en febrero, y arrebatarle el poder a la exguerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que lo ostentaba desde 2009.

Con poco más de dos años en el poder, Bukele, etiquetado como un populista milenial que gobierna mediante tuits, se ha agenciado una disminución importante en los índices de delincuencia.

Ya no son los 50 homicidios por cada 100 000 habitantes con los que el mandatario ha dicho recibió las riendas del país, sino que la tasa actual es de 19 por cada 100 000 habitantes, una baja que el mandatario atribuye a su Plan de Control Territorial.

Ese programa, con el que pretende atajar el crimen, es el que estaría detrás de una reducción del flujo de salvadoreños que viajan sin documentos hacia Estados Unidos.

“No me preguntés si el plan de control territorial realmente es un éxito, tampoco si el plan del gobierno para generar empleos ha sido bueno porque lo más probable es que ninguno de los dos ha sido tan bueno”, dijo a IPS el analista Oscar Chacón, de Alianza América, en entrevista telefónica desde la ciudad estadounidense de Chicago.

No obstante agregó: “Pero un buen porcentaje de la gente quiere creer que hay esperanzas de que las cosas van a mejorar en El Salvador, a eso le llamo el factor esperanza”.

En efecto, Bukele logró su triunfo arrollador transmitiendo la idea de que los partidos que le precedieron, el FMLN y la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena, que gobernó de 1989 a 2009) sumieron al país en una crisis tras 30 años de corrupción y políticas fallidas.

Lito Miranda, un familiar de María Santos, en el caserío salvadoreño de Huisisilapa, deshoja las mazorcas de maíz tierno para preparar los tamales que la madre de tres jóvenes salvadoreños que viven en Estados Unidos se ha empeñado en llevarles para degustar en el reencuentro familiar. Unos tres millones de salvadoreños viven en esa nación, muchos de ellos como indocumentados. El flujo de migrantes del país se mantiene vigente, pese a la petición del gobierno de Joe Biden de que no viajen de forma irregular. Foto: Edgardo Ayala / IPS

Empero, ahora cada vez hay más información de que algunos de sus funcionarios podrían estar involucrados en desfalcos, y el estilo de gobernar del presidente, en conflicto permanente con la oposición y movimientos sociales, no genera un buen clima de estabilidad.

En todo caso, ese factor esperanza volvería a las familias salvadoreñas menos proclives a irse del país que las guatemaltecas y hondureñas, señaló el experto.

En abril, la embajadora de El Salvador en Washington, Milena Mayorga, aseguró en un tuit que, gracias a las acciones gubernamentales, ha habido una reducción “sin precedentes” de los flujos migratorios hacia Estados Unidos, pues del total de migrantes que llegan a la frontera sur únicamente 5,11 % son salvadoreños.

Sin embargo, la diplomática no incluyó más datos para hacer una relación comparativa de la situación, ni mencionó su fuente de sus datos.

En marzo, la misma Mayorga informó en otro tuit que, en el caso de menores no acompañados, también la de los salvadoreños es la cifra más baja en la frontera sur, en comparación con la de guatemaltecos, hondureños y mexicanos en lo que va del año fiscal 2021 (que comenzó en octubre 2020).

No obstante, otros datos revelarían que el flujo no solo no es bajo sino que podría estar aumentando.

Reportes de medios locales, que citaron al estadounidense Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras, han señalado que 12 643 salvadoreños fueron detenidos en la frontera sur en julio. Eso representó un incremento de 9,22 % con respecto a junio, que reportó 11 575 aprehensiones.

Trozos de pollo que fueron parte del relleno de los tamales que se elaboraron en la casa de María Santos Hernández, el 17 de agosto, en el caserío Huisisilapa, en el municipio salvadoreño de San Pablo Tacachico. Ella viajó un día después, para reunirse con sus hijos en la ciudad estadounidense de Stephenson, y llevó 60 tamales: 30 de pollo y 30 de elote, como se le llama al maíz tierno, como un recuerdo gastronómico de la tierra que dejaron en pos de un mejor futuro. Foto: Edgardo Ayala /IPS

“Me parece tan simplista decir que el gobierno está haciendo las cosas bien y que por eso la gente está dejando de irse”, aseguró a IPS la experta en temas de migración Karla Castillo.

La migración irregular es un fenómeno complejo, dijo, con muchas aristas y que tiene que ver con causas estructurales que no se solucionan en uno o dos años como para afirmar que la gente se está yendo menos.

En términos generales, las autoridades estadounidenses han reportado un millón 240 000 personas arrestadas en la frontera sur desde octubre a la fecha, dijo Chacón, pero hizo hincapié en que esa cifra no es del todo fidedigna.

Eso porque en realidad se refiere a “incidentes de aprehensiones”, no a conteo de personas arrestadas, porque se da el caso en que una misma persona puede ser detenida varias veces, en la medida en que es detenido y expulsado, pero el migrante lo intenta varias veces.

“Lamentablemente, no podría decir yo que hay un medidor preciso, porque tenemos unidades de medición parciales”, aseguró Chacón, y añadió: “Eso quiere decir que la gente que lograr entrar sin ser detectado no tenemos manera de contarlo, así de sencillo, no sabemos”.

Parte del cargamento de 60 tamales elaborados en el hogar de María Santos Hernández, y que ella logró introducir con éxito en Estados Unidos, a donde viajó con visa y en avión el 18 de agosto, para que los disfrutasen tres de sus hijos que viven en una ciudad del estado de Virginia, en la costa este. Un cuarto hijo, Oscar, atraviesa actualmente México, de forma indocumentada, para tratar de reunirse con su madre y sus hermanos. Crédito: Cortesía familiar

Tamales hacia Virginia

Oscar tiene la esperanza de que lo logrará. Mientras él seguía cruzando México, su madre, María Santos Hernández preparaba las maletas, en su casa en Huisisilapa, para viajar también a Stephenson, en el estado de Virginia, el miércoles 18 de agosto.

Pero ella lo hizo con visa temporal y por avión y con plan de volver tras pasar una temporada allí. Su hijo Walter, que emigró hace 13 años y “ya tiene papeles”, le arregló los documentos migratorios hace unos años.

En Stephenson viven también, además de Walter, otros dos hijos de María Santos: Moisés y Jonathan, quienes residen ahí aún de forma indocumentada.

“Estamos rezando para que Oscar pueda pasar y reunirnos todos allá”, contó a IPS esta mujer de 66 años, y añadió: “Siento una mezcla de sentimientos: la alegría de ver a mis tres hijos que viven allá, y la preocupación por Oscar, que va por México en este momento”.

Ella, su marido, Felipe, y sus hijos han vivido en  Huisisilapa desde que fueron reubicados en sus tierras al final de la guerra, y donde pudieron más tarde reconstruir su casa gracias al apoyo de remesas de sus hijos.

En una maleta la mujer transportó 60 tamales que fueron elaborados el martes 17, para llevarlos a Estados Unidos y comerlos festivamente, al reunirse con Walter, Moisés, Jonathan y, sobre todo y más tarde, con Oscar, que va en ruta.

“A ellos les encantan los tamales, por eso los llevo”, contó María Santos a IPS que estuvo con ella en su última jornada en su casa, mientras maneaba con una paleta enorme de madera el líquido que bullía dentro de una inmensa olla colocada sobre un fogón.

Los tamales son especie de tortas de maíz con diferentes rellenos, que se cocinan envueltos en hojas de banano o de mazorcas. En el hogar de María Santos prepararon dos tipos, los rellenos con pollo y los de elote, o maíz fresco.

Y según supo IPS lograron pasar la aduana y su familia en Estados Unidos ya comenzó a degustarlos, pero dejando algunos reservados para Oscar, por el que todos aguardan.

ED: EG

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