La ONU está lista para  acoger naciones escindidas, pero gota a gota

La bandera de Sudán del Sur (C) comenzó a ondear en 2011 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, cuando se convirtió en el 193 Estado miembro del foro mundial, sin que haya habido más incorporaciones desde entonces. Foto: E. Schneider / ONU

NACIONES UNIDAS – Cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) emprendió la remodelación de su acristalada sede principal de Nueva York, lo hizo con un costo de 2100 millones de dólares y un proyecto de siete años, iniciado en 2014, los asientos en la cavernosa sala de la Asamblea General aumentaron a 204, en previsión de que al menos 11 nuevos Estados se unan al organismo mundial tarde o temprano.

Pero el ritmo de incorporación de nuevos Estados miembros a la ONU, principalmente de media docena de regiones escindidas dominadas por movimientos separatistas, ha seguido siendo más que lento y el número de integrantes del foro mundial se mantiene en 193 desde hace 10 años.

Timor Oriental, descrito como el primer nuevo Estado soberano del siglo XXI, se separó de Indonesia y entró en la ONU en mayo de 2002.

La ONU desempeñó un papel importante en el apoyo al proceso democrático del país, ahora conocido como Timor Oriental. La Administración de Transición de las Naciones Unidas en Timor Oriental se desplegó desde 1992 hasta 2002 para administrar el territorio, ejercer la autoridad legislativa y ejecutiva durante la transición y generar capacidades para el autogobierno.

La República de Sudán del Sur (con 11,3 millones), que se separó de Sudán, fue el último de los 193 Estados miembros de la ONU, que se incorporó al organismo mundial en julio de 2011.

Pero al menos un Estado miembro potencial -Kosovo- ha estado llamando a la puerta para tratar de ser admitido, sin éxito, principalmente por la oposición de uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU).

Entre los Estados miembros relativamente nuevos de la ONU, que comenzaron en la década de 1960, se encuentran Singapur (1965), Bangladesh (1971) y seis repúblicas, entre ellas Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia, Montenegro, Serbia y Eslovenia, resultantes de la desintegración de Yugoslavia en la década de los 90, en una recomposición que incluyó la guerra de los Balcanes.

Sin embargo, si las fantasías políticas se convierten en realidades, la lista de nuevos Estados miembros de la ONU puede incluir posibles regiones separatistas, como el Kurdistán, el Sáhara Occidental, Chechenia, Abjasia, Catalunya, Escocia y Palestina, sin olvidar el Tíbet y Taiwán, cuya adhesión sería rechazada por China, miembro permanente del CSNU con derecho a veto.

Pero actualmente el candidato más probable es Tigray, que avanza hacia un Estado independiente tras casi ocho meses de lucha contra las fuerzas militares etíopes, descritas como una de las más poderosas de África, esta vez respaldadas por Eritrea.

De producirse, Etiopía habría generado dos Estados escindidos: primero Eritrea, que se independizó de Etiopía en 1993, y ahora Tigray, con 7,1 millones de habitantes.

El Partido de la Independencia de Tigray (TIP) lleva mucho tiempo haciendo campaña por la secesión de Etiopía, a la que califica de imperio.

Debretsion Gebremichael, líder de Tigray, aseguró a The New York Times que, incluso si el conflicto termina pronto, el futuro de Tigray como parte de Etiopía está en duda.

En una información el 4 de julio, Gebremichael aseguró  que “la confianza se ha roto por completo. Si no nos quieren, ¿por qué deberíamos quedarnos?” Sin embargo, añadió, no hay nada decidido porque depende de la política.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Linda Thomas-Greenfield, embajadora de Estados Unidos ante la ONU, declaró a los periodistas el 2 de julio que el Consejo de Seguridad ha celebrado seis reuniones a puerta cerrada y que “la situación en Tigray no ha mejorado”.

Afirmó que la sesión abierta del Consejo de Seguridad al finalizar junio  fue la primera oportunidad para demostrar que las vidas africanas importan tanto como las demás vidas del mundo.

“Pero una reunión abierta no es suficiente”, dijo, antes de destacar que “lo que necesitamos es ver acciones sobre el terreno”.

La embajadora estadounidense enfatizó que “necesitamos ver un alto el fuego que sea permanente; que todas las partes estén de acuerdo. Necesitamos que las tropas eritreas vuelvan a su propia frontera. Necesitamos ver un acceso sin restricciones para los trabajadores humanitarios.  Necesitamos que se rindan cuentas por las atrocidades que se han cometido”.

“Y en este momento solo quiero expresar, una vez más, nuestro pésame por las numerosas pérdidas de vidas, incluido el personal de MSF (Médicos Sin Fronteras) que ha sido asesinado recientemente”, declaró.

Mientras tanto, la organización internacional Crisis Group, con su sede central en Bruselas, afirma que el Frente de Liberación Popular de Tigray controla la mayor parte de la región de Tigray, incluidas las principales ciudades.

William Davison, analista principal de Crisis Group, dijo que el Frente logró estos avances gracias, principalmente,  al masivo apoyo popular, la captura de armas y suministros de los adversarios.

El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró al comenzar julio que está profundamente preocupado por la situación actual en Tigray.

“Es esencial que se produzca un verdadero alto el fuego que allane el camino para un diálogo capaz de aportar una solución política a Tigray”, afirmó.  Añadió que la presencia de tropas extranjeras es un factor que agrava  el conflicto

Guterres subrayó que “debe garantizarse el pleno acceso humanitario, sin restricciones, a todo el territorio. La destrucción de infraestructuras civiles es totalmente inaceptable”.

T: MF / ED: EG

 

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