Opinión

Países en desarrollo necesitan desesperadamente financiación para la covid

Este es un artículo de opinión de Anis Chowdhury y Jomo Kwame Sundaram. Chowdhury es un exprofesor de economía de la Universidad Occidental de Sídney y ocupó altos cargos en la ONU entre 2008 y 2015 en Nueva York y Bangkok. Kwame Sundaram es un exprofesor de economía y ex secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

Algunas medidas para contener la covid-19 en Brazzaville, en República del Congo. Foto: Hugh Kinsella Cunningham/OMS

SÍDNEY / KUALA LUMPUR – La falta de aceleración en los esfuerzos mundiales para contener el contagio de covid ha empeorado enormemente la catástrofe en los países del Sur en desarrollo. La financiación sumamente inadecuada de los esfuerzos de auxilio, recuperación y reformas, mientras  también ha retrasado aún más el avance hacia el desarrollo sostenible.

Recuperación incierta y desigual

Después de más de un año del estallido de la pandemia, los países pobres se enfrentan a graves retrocesos en su camino hacia el desarrollo, lastrados por una abultada deuda, un alto riesgo de impago y una capacidad limitada para inyectar la liquidez que tanto necesitan, observaron los participantes en un reciente foro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, estima en nueve billones (millones de millones) de dólares los beneficios económicos derivados de acelerar adecuadamente la vacunación, las pruebas, el rastreo y los tratamientos asequibles y masivos, lo que tendría un coste de 50 000 millones de dólares.

Las proyecciones globales ocultan las disparidades entre los países y dentro de ellos. Con el apartheid de las vacunas y las limitaciones de los países del Sur en desarrollo, la contención y recuperación desigual de la pandemia ha ido empeorando las desigualdades anteriores, haciendo retroceder aún más a los países y las personas pobres.

Disparidades mundiales

Las respuestas de los gobiernos se han visto muy limitadas por el espacio de la política macroeconómica, especialmente el acceso a la financiación. Las políticas monetarias no convencionales desde la crisis financiera mundial estallada en 2008, especialmente los bajos tipos de interés, han ayudado.

Anis Chowdhury

Así, los países de renta alta (HIC) han pedido prestado y gastado mucho más en ayuda y recuperación. Mientras que los países ricos han podido pedir prestado y gastar masivamente, los países en desarrollo tienen un universo fiscal muy limitado por su menor capacidad de endeudamiento.

Los países en desarrollo, que suelen tener un historial y una calificación crediticia peores, suelen tener que hacer frente a unos tipos de interés mucho más altos en sus créditos internacionales. La carga de su deuda externa como porcentaje de la renta nacional ya era relativamente más alta antes de la pandemia y empeoró con ella. Todo ello les ha impedido adoptar medidas expansivas más audaces.

No es de extrañar que los países industriales hayan realizado casi 80 % de todos los esfuerzos fiscales. Frente a 16 % de sus ingresos nacionales, los países menos desarrollados solo han aumentado el gasto público en 2,6 % de media. Ante las dificultades de financiación, muchos países de renta baja han debido recortar incluso el gasto.

Insuficiente apoyo internacional

Los flujos totales de recursos hacia los países en desarrollo cayeron al reducirse la ayuda oficial al desarrollo (AOD) y la inversión extranjera directa (IED). La IED en las economías en desarrollo bajó 12 % en 2020: un 37 % en América Latina y el Caribe, 18 % en África y 4 % en Asia.

Mientras que los donantes redujeron sus compromisos de ayuda bilateral en 36 % en 2020, la AOD neta de 13 países ricos del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) disminuyó en 4700 millones de dólares. La caída, encabezada por un recorte de 10% en el Reino Unido, obedece a que frente a la covid los donantes del CAD priorizaron sus respuestas nacionales a expensas de la ayuda internacional.

El apoyo internacional a los países en desarrollo en este momento de gran necesidad ha sido lamentablemente inadecuado. Pese a reconocer que la suspensión del servicio de la deuda es una medida poderosa y de acción rápida que puede aportar beneficios reales a la población de los países pobres, el Banco Mundial rechazó las cancelaciones del servicio de la deuda.

La entidad multilateral alega que astas afectarían negativamente a su calificación crediticia, reduciendo su capacidad de obtener préstamos a bajos tipos preferenciales para prestar a los países de renta media (PRM) y a los de renta baja en condiciones favorables. No es de extrañar que el Banco Mundial no contemple la cancelación de la deuda.

Jomo Kwame Sundaram
Jomo Kwame Sundaram

Desde abril de 2020, el Fondo de Contención y Alivio de Catástrofes del FMI ha proporcionado un alivio del servicio de la deuda de unos 500 millones de dólares, equivalente a 0,2 % del  producto interno bruto (PIB), a 28 países de renta baja altamente endeudados, sus miembros más pobres y vulnerables.

Este alivio se ha ampliado dos veces por medio año en cada ocasión, para cubrir todos los pagos del servicio de la deuda elegibles que se deben a ese Fondo, estimados en 238 millones de dólares en la última ronda.

La Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI, en inglés) del Grupo de los 20 (G20) países industriales y emergente es aún peor, pues se limita a retrasar los reembolsos. Los intereses siguen acumulándose para ser devueltos más tarde.

A pesar de las dos prórrogas, la falta de entusiasmo de los países prestatarios por la DSSI no es sorprendente. Como los acreedores privados no se han adherido, el DSSI solo cubre 2 % del total de los pagos del servicio de la deuda que vencen en 2020.

Aprovechamiento de los nuevos DEG

Con el apoyo de la administración estadounidense de Joe Biden, en agosto deberían aprobarse 650 000 millones de dólares en nuevos derechos especiales de giro (DEG), la unidad de reserva  del FMI. Pero esto es apenas la mitad del billón de DEG (por valor de 1,37tn de dólares) que el diario británico The Financial Times consideraba necesario.

Las asignaciones de DEG son proporcionales a las participaciones y derechos de voto de los países, y benefician principalmente a los países desarrollados, sobre todo a los europeos. Las asignaciones para las principales economías industrializadas del Grupo de los Siete (G7) ascienden a 272 000 millones de dólares, mientras que África solo recibe 33 600 millones.

No obstante, los nuevos DEG deberían suponer un alivio para muchos países.

Los países industrializados que no necesiten utilizar sus nuevos DEG deberían transferir sus nuevas asignaciones a las 15 instituciones financieras multilaterales elegibles, incluidos el FMI, el Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo. Estos deberían utilizarse para ampliar sus préstamos a los países en desarrollo en condiciones preferentes.

El economista estadounidense especializado en desarrollo sostenible Jeffrey Sachs ha pedido una recapitalización masiva de los bancos multilaterales de desarrollo para multiplicar por d10 la financiación oficial destinada a los países pobres.

Opciones de financiación para los países en desarrollo

La mayoría de los gobiernos de los países en desarrollo ya estaban muy endeudados en diversos grados antes de la pandemia. Se necesita urgentemente establecer aplazamientos para el servicio de la deuda, así como una financiación del desarrollo a más largo plazo.

Si bien los países de renta media pueden tener más opciones de endeudamiento, es urgente permitirles minimizar la carga de la deuda gubernamental pasada, nacional o extranjera. La comunidad financiera y los medios de comunicación ya advierten con frecuencia que sus calificaciones crediticias se verán afectadas negativamente si se endeudan más.

La economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, antes reputada por su aversión al alto endeudamiento, insta ahora a los países a pedir préstamos para luchar contra el impacto económico de la pandemia. Se ha opuesto, con razón, a que se destinen recursos a los llamados préstamos zombis.

Aumentar los préstamos morosos y la fragilidad financiera para que las empresas inviables sobrevivan frenaría los esfuerzos de recuperación. En su lugar, Reinhart ha subrayado la necesidad de reestructurar y amortizar rápidamente las deudas incobrables.

Sin embargo, no existe un enfoque único para financiar las medidas necesarias para contener la pandemia y para la expansión macroeconómica. Mientras tanto, las condiciones de financiación de los países pobres están empeorando a medida que la pandemia se prolonga mucho más de lo previsto.

Ante la desaceleración económica, la mayoría de los gobiernos necesitan gastar mucho más a nivel interno para evitar que las recesiones temporales se conviertan en depresiones. Los países en desarrollo no deben contraer deuda externa, salvo en condiciones preferenciales, si es necesario para importar productos esenciales como medicinas y alimentos.

La cooperación internacional debe garantizar un aumento significativo de la financiación oficial en divisas para complementar la financiación nacional innovadora para el gasto urgente de ayuda, recuperación y reforma.

T: MF / ED: EG

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