Mujeres de Ecuador restauran un ecosistema frágil ante la crisis climática

Luz María Yumbo Quezada revisa sus cultivos en la comunidad de Bayán, en los Andes ecuatorianos. Foto: Pablo Carrasco / ONU Mujeres
Luz María Yumbo Quezada revisa sus cultivos en la comunidad de Bayán, en los Andes ecuatorianos. Foto: Pablo Carrasco / ONU Mujeres

QUITO – Son muchas las amenazas que se ciernen sobre el ecosistema del páramo ecuatoriano en los Andes: la expansión de la frontera agrícola, la desertificación y el sobrepastoreo, que ha dejado grandes franjas de tierra estériles e inertes.

La salud de este frágil ecosistema está estrechamente vinculada a la vida y el bienestar de las mujeres y los hombres que lo habitan. Si no se protege, el páramo podría dejar de producir el agua dulce que fluye hacia los ríos que alimentan el Amazonas.

Muchos hombres de estas comunidades han abandonado las tierras baldías.

Pero las madres, las hijas y las hermanas se quedan, cuidando de sus familias y atendiendo la tierra. La mayoría de ellas son indígenas; más allá de las tradiciones culturales que las unen al páramo, no han tenido acceso a la educación ni a suficientes oportunidades de empleo durante generaciones.

De vuelta a las raíces 

En la provincia de Azuay, en la sierra central de Ecuador, unas 86 mujeres de las cinco comunidades de Nazari, Puculcay, Morasloma, Bayán y Hornillos se reúnen regularmente. Hablan, escuchan y aprenden unas de otras, intercambiando conocimientos y experiencias sobre la gestión de sus tierras y recursos naturales.

«Tenemos que proteger las fuentes de agua, porque sin agua no podemos vivir», dice Zoila Dolores Piedra Guamán, agricultora y ama de casa de Puculay.

Luz María Yumbo Quezada, de la comunidad de Bayán, añade: «Ya hemos destruido el monte para hacer pastos. Ahora tenemos que plantar árboles y cultivar la tierra con bokashi y biol [abonos orgánicos]».

Guamán y Quezada aprendieron prácticas agrícolas sostenibles como parte de un proyecto implementado por ONU Mujeres y el gobierno provincial del Azuay (GAD-P Azuay), con financiamiento del Municipio de Madrid.

«Aprendimos a hacer abonos orgánicos como el bokashi para que las plantas crezcan mejor, y a cuidar el páramo, porque de ahí sale el agua, nuestra fuente de vida», dice Mélida Yolanda Naguamal, una joven de 22 años que aspira a ser enfermera.

«Las que hemos aprendido las maravillas de hacer estos huertos sostenibles tenemos que seguir con eso, tenemos que seguir sembrando verduras nosotras mismas», dice Quezada.

El proyecto de ONU Mujeres duró desde marzo de 2018 hasta marzo de 2019, con el objetivo de mejorar la resiliencia de las mujeres, la producción agrícola sostenible y la gestión del paisaje en los Andes, aprovechando los conocimientos indígenas que tienen.

«El proyecto del páramo nos muestra que sin las mujeres no es posible hablar de soluciones al cambio climático y al desarrollo sostenible», dice la representante de ONU Mujeres en Ecuador, Bibiana Aido.

«Uno de los principales objetivos del proyecto era generar una experiencia piloto que pudiera ser replicada en otros ecosistemas críticos, tanto en la sierra como en la región amazónica, en términos de sostenibilidad ambiental e igualdad de género, dos grandes objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible», añade.

Desde la finalización del proyecto, las mujeres han seguido practicando la agricultura sostenible y enseñando a otras personas de su comunidad a cultivar alimentos cuidando el frágil ecosistema. Las comunidades están cosechando ahora los beneficios.

 

Mélida Yolanda Naguamal es una participante del proyecto de 22 años que aspira a convertirse en enfermera. Foto: Pablo Carrasco / ONU Mujeres
Mélida Yolanda Naguamal es una participante del proyecto de 22 años que aspira a convertirse en enfermera. Foto: Pablo Carrasco / ONU Mujeres

Fortalecer la autonomía y el liderazgo de las mujeres 

Junto a la crisis climática, la violencia contra las mujeres es un reto importante en Azuay, donde 79 % de las mujeres han declarado haber sufrido violencia de género al menos una vez en su vida, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

También hay indicios de violencia sexual en las comunidades. Además de la crisis sanitaria y económica que suele acarrear este tipo de violencia, ha afectado a la autoestima y la capacidad de acción de las mujeres.

Empoderar a las mujeres para que protejan el ecosistema y se mantengan a sí mismas también significaba romper los estereotipos de género y apoyarlas para que se defiendan y participen en la toma de decisiones en sus hogares y comunidades.

«Del taller de liderazgo aprendí a participar más en los espacios que represento, a hablar sin miedo y a no tener miedo a equivocarme», dice Edita Ortega, que ahora es miembro de la Junta Parroquial de Bayán.

En la actualidad, las mujeres de las cinco comunidades que participaron en el proyecto promueven activamente la producción agrícola sostenible, participan en actividades políticas y tienen una mayor autonomía sobre sus recursos y su cuerpo. Como resultado, están mejor preparadas para gestionar la tierra y los recursos naturales del páramo.

«Ya hemos tenido algunas reuniones con hombres de la comunidad y les decimos que nos escuchen, porque tenemos derecho a escuchar y a ser escuchadas. Estoy dispuesta a trabajar por mi pueblo», añade Ortega.

«Sueño con ver el páramo recuperado. Tengo la esperanza de que algún día esta tierra sea como antes, con plantas y productos sanos y granos cosechados aquí», dice Quezada.

Este artículo se publicó originalmente en ONU Mujeres.

RV: EG

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