Pobres de Kenia necesitan alternativas ante covid para poder sobrevivir

Joseph Lowasa Baraka en su puesto de frutas y verduras en Nairobi. Durante los aislamientos por el coronavirus en Kenia, los comerciantes optaron por mantenerse alejados de los mercados congestionados y priorizaron hacer sus compras por las más seguras plataformas digitales. Foto: Isaiah Esipisu / IPS

Después de que Joseph Mandu perdió su trabajo por el cierre de actividades para contener la expansión del coronavirus, siguió despertando temprano cada mañana y saliendo de su casa en el barrio marginal de City Carton, en las afueras de la capital de Kenia.

Pero en lugar de dirigirse al restaurante en el que trabajaba como encargado de la mesa de billar, recorría City Carton (ciudad de cartón) en busca de trabajos esporádicos para obtener los ingresos indispensables para llevar a su hogar la comida que su familia necesitaba para sobrevivir.

En diálogo con IPS, Mandu explicó que “intentaba encontrar algo que hacer porque mi mujer no podía entender que no fuera capaz de mantener a la familia”.

«Con las escuelas cerradas, nuestros cinco hijos estaban en nuestra única habitación y necesitaban comida, agua que solo se puede acceder comprándola y jabón, entre otras cosas, que estaban fuera de mi alcance”, dijo este residente en City Carton, que señaló que también debía a su casero el equivalente a 18 dólares de alquiler mensual.

Mandu no es el único que en tiempos de pandemia se desespera por mantener a su familia en los asentamientos informales y precarios de Nairobi, con unos 5,5 millones de habitantes, lo que la convierte en la cuarta ciudad más populosa de África, y donde según datos de las Naciones Unidas cerca de dos tercios de la población vive en asentamientos informales y pobres.

Las medidas generales de contención impuestas por el gobierno de Kenia para controlar la pandemia de covid-19 han negado a los habitantes pobres de los barrios marginales el acceso a alimentos nutritivos suficientes y a medios de subsistencia.

Eso aseguran los resultados preliminares de un estudio sobre el impacto de la covid en los patrones dietéticos de los hogares de los asentamientos informales de Nairobi, que en el caso de City Carton está conformado por habitáculos en su mayoría de paredes y techos de latón.

El estudio señala que la pandemia afecta de forma diferente a los hogares de los barrios marginales y a los que no lo son, por lo que se necesitan políticas y soluciones diferenciadas para abordar la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de vida de estos dos grupos de consumidores.

Los investigadores, dirigidos por científicos de la Alianza de Biodiversidad Internacional y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT, en inglés), piden ahora al gobierno keniano que tenga en cuenta los problemas específicos a los que se enfrentan los habitantes de los barrios marginales urbanos antes de imponer medidas generales para frenar la propagación de la enfermedad.

“A través de este estudio, hemos visto que alrededor del 90 por ciento de los hogares de los barrios marginales informaron de situaciones de inseguridad alimentaria extrema, y no pueden comer los tipos de alimentos que prefieren, como las verduras autóctonas y los alimentos de origen animal como la leche y los huevos, que habían sido más asequibles y accesibles antes de la pandemia”, dijo Christine Chege, investigadora principal del proyecto.

La Alianza ofrece soluciones basadas en la investigación para aprovechar la biodiversidad agrícola y transformar de forma sostenible los sistemas alimentarios para mejorar la vida de las personas en una crisis climática.

El nuevo estudio reveló que más de 40 por ciento de los hogares de los barrios marginales carecen de empleo y su ingreso mensual promedio es de 78 dólares.

Un grupo de viviendas precarias en City Carton, un asentamiento precario de las afueras de Nairobi. Los resultados preliminares de un estudio que acaba de realizarse encontraron que más de 40 por ciento de los residentes en los hogares en los barrios marginales de la capital de Kenia carecen de empleo y su ingreso familiar mensual promedio es de 78 dólares. Crédito: Isaiah Esipisu / IPS
Un grupo de viviendas precarias en City Carton, un asentamiento precario de las afueras de Nairobi. Los resultados preliminares de un estudio que acaba de realizarse encontraron que más de 40 por ciento de los residentes en los hogares en los barrios marginales de la capital de Kenia carecen de empleo y su ingreso familiar mensual promedio es de 78 dólares. Crédito: Isaiah Esipisu / IPS

 

Los científicos recopilaron datos básicos en 2465 hogares en los barrios marginales de Kibera y Mathare, así como de residentes de ingresos medios de Nairobi. Las puntuaciones de la diversidad dietética de los hogares se calcularon a partir de los registros de consumo de alimentos durante siete días

Hasta ahora, el gobierno ha recurrido a políticas como toques de queda, distanciamiento de seguridad en los espacios públicos y cierre de restaurantes, bares e iglesias para contener la propagación del virus.

Hasta este lunes 19 de abril, Kenia ha registrado más de 151 000 casos de covid.

Pero las medidas actuales para restringir la propagación del virus han tenido un impacto negativo directo en los medios de vida de decenas de miles de habitantes de los barrios marginales de todo el país.

Por lo general, los habitantes de los barrios marginales de Nairobi viven hacinados en viviendas precarias  de una sola habitación donde varios hogares comparten baños, lavabos y puntos de agua.

Hay poco o ningún espacio para que los niños jueguen y el distanciamiento físico es imposible.  Tampoco disponen de medios de transporte personales, por lo que muchos tienen que utilizar el abarrotado transporte público, que incluye el uso de motocicletas que a veces llevan hasta tres pasajeros en esos vehículos.

Para estas comunidades los productos desinfectantes siguen siendo un lujo.

Y algunas personas utilizan una mascarilla desechable durante más de una semana, más que para protegerse del contagio para evitar caer en manos de los agentes de la ley que, según algunas denuncias, utilizan su carencia para extorsionarlos con pedidos de dinero, sobre todo en los barrios pobres.

Una encuestada de Kibera, uno de los asentamientos precarios y pobres mayores del mundo, dijo a los investigadores que seguía una terapia antirretroviral para el VIH, pero que no podía seguir una dieta equilibrada, como le había aconsejado su médico.

Estas son solo algunas de las razones por las que los habitantes de los barrios marginales, según el estudio, necesitan medidas de contención diferenciadas que no les nieguen por completo el acceso a los alimentos y a los medios de subsistencia.

Las conclusiones del estudio subrayan que los hogares que viven fuera de los barrios marginales pueden beneficiarse de una disminución o un tope en el aumento de los precios de los alimentos para mejorar su seguridad alimentaria y su nutrición.

Pero, por el contrario, para los habitantes de los barrios marginales la solución es diferente y quizá más complicada.

Los investigadores recomiendan, por ello, estrategias e intervenciones para ayudar a los habitantes de los barrios marginales a obtener ingresos como solución, dándoles en primer lugar autonomía económica para poder acceder a alimentos nutritivos.

“Una vez que estén empoderados económicamente, una segunda intervención consistiría en bajar los precios de los alimentos”, dijo Chege en su diálogo con IPS.

Según Joram Kabach, de Twiga Foods, una empresa que actualmente suministra directamente frutas y verduras frescas de más de 20 800 agricultores de esta nación de África Oriental a más de 30 000 pequeños vendedores a través de la tecnología móvil, es necesario que el gobierno se asocie con el sector privado para salvar la brecha entre la seguridad alimentaria y nutricional de los habitantes de los barrios marginales, y las medidas para contener la covid.

“Durante la pandemia, observamos un fuerte aumento de nuestro volumen de negocio diario, que pasó de 13 millones de chelines (18 200 dólares) a 35 millones de chelines (318 200 dólares)”, detalló Kabach a IPS.

A su juicio, esto obedeció a que “según las directrices del gobierno para el distanciamiento físico, los comerciantes optaron por alejarse de los mercados congestionados y priorizaron las plataformas digitales más seguras, donde los pedidos se hacen a través de teléfonos móviles y los productos se entregan a domicilio con mucha menos interacción humana”.

En ese sentido, observó que el gobierno podría amortiguar los estragos de la covid a los habitantes de los barrios marginales ofreciéndoles vales de comida, que pueden canjearse con vendedores estructurados que pertenecen a plataformas confiables como Twiga Foods. Esta empresa también ha participado en el estudio.

Chege dijo que esperaba que la investigación influya en el diseño y la aplicación de políticas públicas para incluir a los consumidores pobres vulnerables de los barrios marginales de Nairobi y otras ciudades de Kenia.

T: MF / ED: EG

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