ISRAEL-PALESTINA: Libros para la guerra y para la paz

En el Orfanato Islámico Dar el-Eitam, una escuela secundaria apoyada por un «waqf» (fondo religioso musulmán) y ubicada en la amurallada Ciudad Vieja de Jerusalén, estudiantes palestinos de doceavo grado preparan su examen de historia. En la pared hay dos retratos de "mártires" muertos durante la segunda Intifada (2000-2005).

Mientras tanto, en Tel Aviv, alumnos israelíes de sexto grado de la aldea comunal de Eshkol, adyacente a la frontera con Gaza, recorren el Hall de la Independencia, un santuario nacional donde, el 14 de mayo de 1948, el primer ministro David Ben-Gurión leyó la declaración que dio nacimiento al Estado de Israel.

"La Organización de las Naciones Unidas (ONU) votó el Plan de Partición (de la antigua Palestina) pero, como los árabes no lo aceptaron, no se materializó y, al día siguiente, estalló la Guerra de la Independencia", dice la guía israelí Lili Ben-Yehuda a los niños y niñas.

En la escuela islámica en Jerusalén, el maestro de historia Iyad el-Malki relata a sus estudiantes: "Los judíos querían dos estados, el palestino y el israelí".
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"¿Acaso no tomaron Cisjordania 20 años después, en 1967, y se asentaron en nuestra tierra?", pregunta retóricamente.

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó a favor de poner fin al mandato británico en Palestina, y por la partición del territorio en dos estados independientes: uno judío y uno árabe.

Para los israelíes, la votación habilitó la creación de su estado, seis meses después. Para los palestinos, significó la "Nakba" o "catástrofe", porque pasaron de ser una mayoría en su territorio a una minoría en lo que se convertiría en Israel.

Observando cómo se imparten dos clases –una a israelíes, otra a palestinos- en un momento elemental de su historia común, se demuestra que "los hechos históricos, aunque no sean falsos o inventados, son presentados selectivamente para reforzar la narrativa nacional de cada comunidad", señala un estudio sobre los libros de texto de ambos pueblos.

Titulada "Victims of Our Own Narratives? Portrayal of the ‘other’ in Israeli and Palestinian schoolbooks" (¿Víctimas de nuestras propias narrativas? Retrato del ‘otro’ en los libros escolares israelíes y palestinos), la investigación concluye que "ambas partes están encerradas en sus propias narrativas nacionales heredadas del conflicto".

"Cada parte encasilla negativamente a la otra", dijo a IPS Sami Adwan, profesor adjunto de educación en la Universidad de Belén y coautor del estudio. "Y ninguna de las dos incluye información sobre la cultura, la religión y la vida cotidiana de la otra".

En los acuerdos de Oslo (1993), ambas partes accedieron a "reconocer sus derechos legítimos y políticos mutuos" y a negociar una solución de dos estados a su conflicto. Pero casi 20 años después, el reconocimiento recíproco no está en el mapa, literalmente, y mucho menos una solución de dos estados.

Y continuará evadiendo el mapa mientras los libros de texto, que "juegan un rol crucial en educar a los niños y en forjar su ideología como adultos", según Adwan, no reconozcan la existencia del "otro".

Al analizar más de 3.000 textos en 94 libros palestinos y 74 israelíes en un período de tres años (2009-2012), el estudio identificó mapas en los que hay claras evidencias de intentos de cada parte por borrar las fronteras y, por lo tanto, los reclamos históricos.

"A ambos lados, los niños crecen con la representación de que el área que se extiende entre el río Jordan y el mar Mediterráneo es realmente su patria", dijo a IPS Daniel Bar-Tal, profesor de investigaciones en desarrollo infantil y educación en la Universidad de Tel Aviv y coautor del informe.

Y mientras los libros escolares "describen consistentemente a la otra comunidad como actuando para destruir o dominar su propia comunidad, muestra sus propias acciones como pacíficas y actuando en autodefensa", explica el estudio.

Los sistemas educativos de ambas partes son diferentes. El israelí, que existe desde 1948, es heterogéneo, y lo integran escuelas estatales seculares y religiosas, además de escuelas ultraortodoxas independientes. Todas usan diferentes libros de texto.

Creado a comienzos de los años 2000, el sistema palestino es más homogéneo, y todos sus estudiantes usan los mismos libros.

Para Adwan, esos textos reflejan la realidad que experimentan ambos pueblos. "Los israelíes ven a los palestinos esperando la oportunidad de atacarlos. Todavía bajo ocupación, los palestinos ven que les están quitando su tierra", dijo.

El estudio también comparó las enseñanzas referidas a la glorificación del martirologio y el autosacrificio.

Los niños palestinos que cursan el sexto grado pueden leer en un libro de idioma: "Muerte antes que sumisión, ¡adelante!", lo que críticos israelíes consideran una exaltación de pasados atentados suicidas.

Por otro lado, los israelíes de segundo grado aprenden la historia de Joseph Trumpeldor, un pionero del sionismo cuyas últimas palabras al defender un asentamiento judío de los atacantes árabes fueron: "Es bueno morir por nuestro país".

Implicancias para la construcción de la paz Durante el proceso que llevó a los acuerdos de Oslo, en el que israelíes y palestinos se fueron acercando cautamente, Bar-Tal se encargó de preparar los libros de texto estatales para una nueva era de paz.

Para él, "el propósito de las narrativas nacionales es, primero, movilizar a las personas, prepararlas para luchar por la causa".

Pero también se las puede usar para preparar a las personas para la paz.

En los años 90, Israel comenzó a aceptar el asunto de los refugiados palestinos. Por primera vez, los libros escolares reconocieron que los palestinos no habían elegido huir durante la Guerra de Independencia sino que, en muchos casos, habían sido obligados a hacerlo.

En 2007, Yuli Tamir, una liberal ministra de Educación, introdujo el término "Nakba", que alude al éxodo forzado de los palestinos, en los libros de texto israelíes en idioma árabe destinados a los alumnos israelíes de origen palestino.

Dos años después se eliminó esa palabra. El primer ministro Benjamín Netanyahu justificó entonces la decisión diciendo que el término era "propaganda contra Israel".

En este contexto, la enseñanza parece tener profundas implicancias para la construcción de la paz. Al parecer, los libros de texto creados por adultos todavía no están comprometidos con la tarea de preparar a los niños para una ética de amistad.

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